“¿Te fijaste que este verano casi no hay mosquitos?”. La frase, dicha casi al pasar en una noche cualquiera, tuvo el efecto de una revelación tardía. No porque afirmara algo extraordinario, sino porque ponía en palabras una sensación compartida. Este verano, al menos en amplios sectores urbanos y periféricos de Córdoba, el mosquito parece haber dejado de ser el protagonista incómodo de cada atardecer. No hay espirales humeantes, el repelente duerme en los cajones y las picaduras dejaron de interrumpir charlas, cenas y atardeceres al aire libre.
Pero una cosa es lo que se siente y otra lo que puede afirmarse con certeza. ¿Hay realmente menos mosquitos o estamos frente a una ilusión colectiva?
Aunque no existen datos públicos que midan directamente la población total de mosquitos adultos, sí hay evidencia entomológica oficial que demuestra que el vector sigue activo en Córdoba. En el primer monitoreo de la temporada actual, el 6% de las viviendas visitadas tenían recipientes con larvas de Aedes aegypti, un índice considerado de alto riesgo de transmisión viral y más elevado que el mismo período de la temporada anterior.
- El mosquito no desapareció, pero distintos factores hicieron que su presencia sea menos perceptible en el inicio del verano.
Además, el sistema de ovitrampas ha registrado huevos desde fines de septiembre último pasado, confirmando la presencia reproductiva del mosquito. Se instalaron 102 sensores en diferentes puntos de la Capital, que son monitoreados semanalmente por el equipo de Zoonosis, y en 83 de ellos se detectó la presencia de huevos, lo que no implica una explosión poblacional inmediata, pero sí demuestra que el mosquito está reproduciéndose activamente.
Es decir: no hay una serie histórica que permita afirmar, sin matices, que este año el mosquito retrocedió. Sin embargo, la ciencia ofrece explicaciones plausibles para entender por qué, aun sin desaparecer, el mosquito puede “sentirse menos”.
“Hay que aclarar que la percepción en la cantidad de mosquitos se debe a especies que no son Aedes aegypti, el vector del virus del dengue. De aegypti generalmente hay pocos, pero de las otras especies suele haber muchos más”, explicó David Eladio Gorla, doctor en biología e investigador superior del Conicet, un referente en el tema por su condición de especialista en ecología de insectos vectores de enfermedades humanas.
Pistas
La primera está en el invierno. El mosquito tolera mal los períodos prolongados de frío. Y, aunque las bajas temperaturas no eliminan completamente al insecto, sí afectan su ciclo: reducen la supervivencia, enlentecen la eclosión de huevos y, sobre todo, disminuyen la cantidad de adultos que emergen de manera simultánea cuando llega la primavera. El resultado no es la ausencia, sino un comienzo más lento de la temporada.
Los datos climáticos no muestran que el último invierno cordobés haya sido homogéneamente más crudo que otros de años recientes. Sin embargo, hubo episodios de bajas temperaturas y descensos muy marcados, como ocurre de vez en cuando en la región, tras los cuales la tendencia térmica regresó a valores normales para la época.
La segunda clave también es climática, pero más sutil. No se trata sólo de cuánto llovió, sino de cómo lo hizo. En Córdoba no se registró una sequía prolongada que explique por sí sola la merma de mosquitos. Es más: el año pasado las lluvias comenzaron en agosto, bastante antes que en períodos anteriores. Pero el mosquito no prospera únicamente con agua: necesita calor sostenido, humedad persistente y recipientes donde el agua quede quieta y templada. Lluvias intensas pero espaciadas, seguidas de descensos térmicos, no siempre generan las condiciones ideales para una explosión poblacional.
A eso se suma un tercer factor, menos visible pero no menor: el aprendizaje social. Después de años con brotes récord de dengue, campañas insistentes y una experiencia colectiva marcada por el miedo, muchos hogares cambiaron hábitos. Recipientes tapados, patios más controlados, menos agua acumulada. Nada de eso erradica al mosquito, pero sí reduce su densidad. Y en biología, la densidad lo es todo para la percepción: menos mosquitos adultos al mismo tiempo equivale a menos picaduras, menos zumbidos, menos molestia.
“Seguramente se debe a múltiples causas. Pero, si hay que elegir una principal, diría que fue el invierno bastante intenso y prolongado que tuvimos. Distribución de lluvias y humedad relativa tienen poca relación con la abundancia de mosquitos, excepto cuando ocurren valores extremos. Las intervenciones de control pueden haber ayudado a mantener bajos números. Pero, aún en lugares con mínima actividad de control, la cantidad de mosquitos es baja”, expresó Gorla en diálogo con Perfil Córdoba.
Nada raro
Frente a esta combinación de factores, surge una pregunta inevitable y más inquietante: ¿hay algo en el ambiente que esté matando mosquitos y que, por extensión, podría afectar la salud humana? La respuesta responsable es clara: no hay evidencia científica que indique la presencia de un agente ambiental nuevo, tóxico o desconocido actuando de manera selectiva sobre los mosquitos en Córdoba. De existir algo así, no desaparecerían sólo ellos. Habría señales visibles en otros insectos, en aves pequeñas, en el ecosistema urbano. Y esas señales no están.
Lo que sí parece estar ocurriendo es otra cosa: no un verano sin mosquitos, sino un verano sin plaga. El insecto sigue ahí, su ciclo continúa y el riesgo sanitario no desapareció. Por eso, lo verdaderamente llamativo es la rapidez con la que se construye la idea de que algo dejó de ser un problema.
- Especialistas advierten que el riesgo de dengue sigue vigente y que los picos suelen darse entre febrero y marzo.
Gorla es cauto cuando se lo consulta sobre la incidencia del dengue durante los próximos meses. “Lo que se está viendo es que el número de casos es muy inferior a la temporada 2023-2024 y también más bajo que en 2024-2025. Lo que ocurre en Argentina siempre está asociado con lo que ocurre en países vecinos. En Bolivia y Paraguay la cantidad de casos es relativamente baja (poco más de 30.000 en lo que va del año), pero Brasil muestra una cantidad importante (3,7 millones)”, explicó.
Durante la temporada 2024-2025 se registraron 17.964 casos confirmados de dengue en Argentina. La región Centro concentró la mayor cantidad, con 15.270, siendo Santa Fe y Córdoba las provincias más afectadas con 9.944 y 4.477 casos, respectivamente.
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“En general, el pico de casos ocurre entre febrero y marzo; por lo que, si la cantidad de mosquitos transmisores aumenta considerablemente, es posible que hacia fines de febrero pueda haber un brote de la enfermedad. Es difícil que ocurra un brote semejante al de 2023-2024, cuando hubo 5 millones de casos. Como sea, la recomendación es eliminar todo potencial criadero doméstico de Aedes aegypti y usar medidas de protección personal”, manifestó el especialista.
La aparente retirada del mosquito no es un misterio sobrenatural ni un milagro ambiental. Es, más probablemente, el resultado de equilibrios frágiles: temperaturas, lluvias, hábitos y controles que se combinan sin avisar. El problema no es que este verano haya menos mosquitos, sino creer que el riesgo desapareció con ellos. La historia reciente demuestra que cuando el insecto deja de incomodar, suele estar preparando su regreso.
La Municipalidad y la prevención del dengue
La Municipalidad de Córdoba viene reforzando las acciones de prevención contra el mosquito Aedes aegypti, con operativos de descacharreo y limpieza en distintos sectores de la ciudad. La eliminación de los posibles criaderos —recipientes que acumulan agua, como botellas, baldes, macetas, latas y neumáticos en desuso— continúa siendo clave para reducir la presencia del mosquito y el riesgo de picaduras. Es por eso que, en cada barrio que recorre el operativo, se disponen contenedores para acercar aquellos objetos que no hayan sido retirados o que los vecinos prefieran llevar personalmente. El viernes pasado, el primer operativo del año se concretó en barrio Marcelo T. de Alvear.
Por otra parte, la Municipalidad también ha comenzado a vacunar para evitar la reinfección con alguno de los cuatro serotipos virales del dengue. Es para aquellas personas de entre 4 y 59 años que hayan cursado internación durante al menos 24 horas por esta enfermedad y se realiza en los hospitales Príncipe de Asturias e Infantil Municipal y en 17 Centros de Salud distribuidos en toda la ciudad.
Es importante señalar que los comprendidos en este grupo no deberán asistir espontáneamente a solicitar la vacunación, sino que recibirán el aviso a través del Ciudadano Digital (CIDI) cuando esté lista su dosis.