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CóRDOBA / Lucas Acosta y Guido Herrera
domingo 17 diciembre, 2017

De arco a arco

El arquero de Belgrano se ganó la titularidad y la capitanía en apenas nueve meses. Su colega de Talleres se consolidó como uno de los mejores del país.

por Hugo Caric

Amigos para siempre. Los arqueros de Belgrano y de Talleres fueron compañeros en las inferiores del Pirata. Foto: Federico Rodríguez

Lucas Acosta y Guido Herrera llevan el arco en la sangre. La frase es bien literal, ya que ambos heredaron de sus padres la vocación de jugar a la pelota con los guantes puestos. Ellos son parte de esa raza especial que habita el mundo del fútbol, no exenta de locura y de soledad. La flamante Superliga los tiene en el selecto grupo de los cuidapalos que suman menos goles en contra, y también en la consideración de propios y extraños por sus muy buenos rendimientos. 

Amigos desde los tiempos en los que compartían las divisiones inferiores de Belgrano, Acosta y Herrera hablaron con PERFIL CÓRDOBA e hicieron un balance de 2017 muy positivo para ellos. Y no quedó tema sin tocar: las campañas del Pirata y de la “T”, los momentos buenos y malos que les tocó transitar y las expectativas para un futuro que parece no ponerles techo.
   
“No podés ser arquero si no tenés un plus de locura”

Un año atrás, Belgrano despedía a Juan Carlos Olave y un sentimiento muy cercano a la incertidumbre parecía invadir a la tribuna celeste. ¿Y ahora? La incógnita recién se develó tres meses más tarde, cuando Lucas Acosta resultó elegido para ocupar el arco del Pirata en el primer partido oficial de este año, el 11 de marzo ante San Lorenzo, en el Nuevo Gasómetro.

El guardameta formado en Universitario y con varias experiencias en los seleccionados juveniles de la Liga Cordobesa de Fútbol, ya había tenido su prueba de fuego en la “B”: el 17 de septiembre de 2015, la prematura expulsión de Pablo Heredia, por entonces reemplazante del suspendido Olave, lo mandó a la cancha en la derrota 1-5 ante Lanús por Copa Sudamericana. Pero esta vez no hubo vuelta atrás. Desde que agarró la titularidad, Acosta no sólo se consolidó en uno de los puestos más complicados del “deporte rey” sino que también fue ganando adhesiones en los corazones de los hinchas belgranenses y ascendencia entre sus compañeros, a tal punto de haber terminado 2017 portando la cinta de capitán.

En los nueve meses que lleva como dueño indiscutido del arco de Belgrano, “el Loco” ya sumó actuaciones heroicas (fue clave en las definiciones de Copa Argentina ante Estudiantes de Caseros y Defensores de Belgrano de Villa Ramallo), una atajada “monumental” (ante River Plate, cuando enfrentó en soledad a cuatro jugadores rivales y terminó tapando sobre la línea de meta el remate de Tomás Andrade) y elogios al por mayor, como los que le dispensaron Pablo Guiñazú, mediocampista e ícono de Talleres, y Marcos Díaz, el experimentado arquero de Huracán. “La verdad es que 2017, para mí, es un año imposible de olvidar”, afirma Acosta.

“Es algo muy lindo todo lo que me sucedió. Hay muchas cosas que uno siempre sueña desde chico y la verdad es que me tocó vivirlas a todas juntas, y afortunadamente las supe llevar. Hoy puedo decir que la paso bien, que disfruto de este buen momento y del día a día en el club junto a mis compañeros, y eso es algo que me hace crecer constantemente”, sostiene el arquero, que con apenas 22 años se ha convertido en uno de los pilares de la buena campaña de Belgrano en la Superliga. 

“Hoy estamos disfrutando de que terminamos bien nuestra participación en el campeonato, pero la verdad es que el año fue muy duro, muy cuesta arriba. Por suerte, nos hicimos fuertes de locales, pudimos sumar y llegar a los 20 puntos, algo que pocos equipos consiguieron en la Superliga”, asegura el “1” de elenco de barrio Alberdi.

Herencia y cordura

“Siempre jugué al arco. Fue mi papá el que me hizo arquero. Cuando yo era chiquito, él me llevaba a la cancha para que lo viera atajar en Huracán de barrio La France”, cuenta Acosta, quien recibió ocho goles en 12 partidos en el certamen de Primera División de la AFA. “Guido Herrera también está entre los cinco o seis arqueros a los que les hicieron menos goles y eso es algo que me pone muy contento. Lo veo muy bien en el arco de Talleres y ojalá siga creciendo, igual que los otros arqueros del fútbol cordobés”, añade “el Loco” en alusión a su colega albiazul y excompañero en las inferiores de Belgrano.

Acosta admite que tiene como espejo al italiano Gianluigi Buffon, el arquero de Juventus, y también reconoce su admiración por el Oliver Kahn, excuidapalos del seleccionado alemán. En la cancha demuestra personalidad y temperamento. Y también algo más. “Yo creo que el arquero es un jugador diferente y tiene que tener una chispa aparte. Creo que no podés estar en este puesto si no tenés un plus de locura”, argumenta entre risas, aunque muy seriamente.

Un nuevo contrato profesional, con vigencia hasta 2020, es otra de las buenas nuevas que recibió Acosta en este año que termina. “La idea mía es seguir en Belgrano y terminar un buen campeonato. No me apuro en nada y trató de disfrutar el momento, porque pensar demasiado en el futuro te puede hacer trastabillar. Hay que ir paso a paso. Después se verá”.

-Tener continuidad, recibir el cariño de la gente, ser capitán, ¿qué valorás más de todo eso?
-Todo. Esas cosas me hacen sentir bien y las valoro un montón, porque uno hace un sacrificio muy grande. A los más chicos del plantel trato de hacerles saber lo que cuestan las cosas, y de inculcarles que la edad no importa y que son la constancia y el trabajo lo que hacen grande a una persona.

-¿Qué significa no haber recibido goles en el Gigante después de su reinauguración?
-Es algo hermoso. La verdad es que nos hicimos muy fuertes de locales y eso es muy importante para nosotros. Jugar en nuestra cancha es un valor agregado que tiene el equipo.

-¿Sueñan con la Copa Sudamericana o el objetivo sigue siendo sumar?
-La verdad es que tenemos pocos puntos y que, si no sumamos, vamos a estar complicados con el promedio el año que viene. Nos tocó un momento difícil y por suerte sacamos 20 unidades. Ahora hay que seguir por el mismo camino y tratar de llegar lo más arriba posible. No importa adónde terminemos. Si clasificamos a algún torneo internacional, bievenido sea, pero hay un objetivo que es prioritario. Primero que nada, hay que sumar. 

“Nunca hay que bajar los brazos” 

Guido Herrera comenzó a atajar en el Club Deportivo Río Cuarto, de su ciudad natal, y con 15 años tras destacarse en un certamen provincial se estableció en Córdoba para hacer todas las divisiones inferiores en Belgrano. Y sus sueños de fútbol estaban teñidos de Celeste. Sin embargo, un día lo dejaron libre cuando parecía que el arco Pirata estaba a la vuelta de la esquina.

Con mucho dolor y ánimo de revancha se fue a Defensores de Belgrano de Villa Ramallo en el Torneo Federal A, donde se atajó todo. Se destacó de tal modo que varios equipos de Primera lo tentaron. No obstante, él optó por la más arriesgada, y el 11 de enero de 2016 se sumó a las filas de Talleres. Su vida y su carrera futbolística cambiaron para siempre.

Pronto está de cumplirse dos años del arribo del arquero a barrio Jardín. Pasó de todo en la “T”. De ser resistido por los hinchas, a tal punto de tener que salir por una puerta trasera de la Boutique, a ser ovacionado por todo el estadio. Hoy está consolidado, y ya ha entrado en la historia de la institución, no sólo por el ascenso, sino por la cantidad de veces que ha mantenido el arco en cero. Guido Herrera es garantía de seguridad en Talleres.

El 5 de junio de 2016 es una fecha inolvidable e histórica para el fanático Albiazul, ya que en Floresta, ante All Boys, los de barrio Jardín obtuvieron el tan anhelado ascenso a Primera División. Aquella tarde, desde el arco Guido Herrera se establecía como una de sus figuras. Pero no solo en las apreciaciones subjetivas, sino con la fuerza de las estadísticas, debido a que en ese cotejo ante All Boys el riocuartense rompió dos récords históricos del club. En ese torneo estuvo 701 minutos sin recibir goles, y de esa forma no solo le dio seguridad al arco del equipo dirigido por Frank Kudelka, sino que superó los 634 minutos de Mario Cuenca (1997), que tenía el récord de Talleres en AFA, y los 654 de Rogelio Quiroga (1976), que ostentaba la mejor marca de la historia de la institución.

En este 2017 que está terminando, aunque no arrancó bien, Herrera volvió a afianzarse como un emblema de seguridad en el fondo de Talleres, siendo pilar para la consolidación en Primera División. Nuevamente fue una de las figuras destacadas, cerrando el año con una actuación brillante ante Colón, donde incluso atajó un penal. De esta forma, el arquero vuelve a mostrar en números su solidez en la “T”, ya que recibió sólo 24 goles en los últimos 54 partidos, además de mantener su arco en cero durante unos cinco cotejos consecutivos, con unos 530 minutos invicto.

“Fue un gran año”. 

Por estas horas, el arquero está de vacaciones en su Río Cuarto natal y desde allí, en diálogo con PERFIL CÓRDOBA, analizó: “Fue un gran año en lo personal y grupal. Hemos podido cumplir el objetivo de mantenernos arriba, que es lo que nos habíamos planteado. Hemos ido de menor a mayor”. Herrera trato de no enfocarse en su nivel, sino que estima en cuanto a lo colectivo.

Siempre es así, por eso lo destacan dentro del plantel. Y a propósito de Talleres y el fin de año, expresó: “Pudimos terminar un semestre con un triunfo, hemos hecho una campaña aceptable y sabemos que podemos dar más. Somos conscientes que tenemos que corregir cosas para seguir mejorando, pero el camino es el que mostramos con Colón”.

Este año 2017 tuvo la particularidad de que su nombre y apellido estuvieran ligados a la selección nacional. Cuando el técnico Jorge Sampaoli planteó de hacer un equipo local para ver de cerca a las figuras domésticas, el arquero de Talleres estuvo en los planes. “Es lindo que te nombren, pero sé que tengo que seguir creciendo. Soy muy chico para el puesto y me falta mucha experiencia. Se que para continuar creciendo y ser considerado hay que seguir trabajando. Tengo que entender que, por más que a veces las cosas no salgan, nunca hay que bajar los brazos. Esa es la forma de crecer y de corregir”.

Planes a futuro

Sus actuaciones no han pasado inadvertidas. Y más allá de estar en carpeta en el predio de AFA en Ezeiza, su nombre ha sido vinculado en su momento con Boca y con River. En cuanto a éste último, en la ola de rumores de la búsqueda de arqueros “millonarios”, su nombre está en el radar. Él, por su parte, evita pronunciarse y dice que su cabeza está en Talleres. Y tanto es así que afirma: “Para el año que viene espero que se corone en un gran torneo y que Talleres quede en el plano internacional. En mi caso, espero poder estar en el nivel que quiero estar”.

Guido Herrera siempre quiso se arquero. No fue como los otros nenes, que lo mandaban al arco porque no era picante con la pelota. No, él era admirador de su hermano Franco, lo veía atajar y anhelaba imitarlo. Quería calzarse el buzo y ponerse los guantes. Quería evitar goles, no hacerlos. Se propuso ser arquero y lo logró. Siempre con un objetivo: ir por más, a pesar de las adversidades. Así lo ha hecho a lo largo de su carrera. Así lo hizo en este 2017. Y de la misma forma pretende continuar. Por eso, sentencia: “Sé de dónde vengo, las cosas que pasé. Me tocó quedar libre, volver a cero, y hoy estoy en Primera. Quiero más, y seguir creciendo”.



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