miércoles 28 de septiembre de 2022
CóRDOBA HISTORIAS ASOMBROSAS DE CÓRDOBA

El rey sin corona de los piropos: Jardín Florido, un personaje legendario que hoy ya no podría existir

28-11-2021 00:40

Si, en la actualidad, Fernando Albiero Bertapelle desplegara su excéntrica actividad en la peatonal de Córdoba, como lo hizo por décadas, no duraría allí más de una hora sin recibir insultos, carterazos y hasta una golpiza, antes de ser detenido por la Policía. 

Es que los tiempos cambiaron. Él era el rey sin corona de los piropos callejeros y la esquina de 9 de Julio y Rivera Indarte era algo así como su reino, así como su elegante galera su necesaria corona. 

Eran tiempos en que el piropo existía, sí. Y era habitual. Esa suerte de halago metafórico, de poesía al paso, que limitaba con la grosería y que nunca era solicitado –y por lo tanto, se podría considerar una agresión– en el caso de Jardín Florido había sido llevado al nivel de casi un arte, de una pieza de orfebrería del habla. Era para él, además, una forma de vida y su razón de existir. 

Lo suyo era casi una obra de teatro al paso, quizás destinada a alegrar corazones, casi con ingenuidad. Es que él decía frases al estilo de “usted puede ser una rueda de auxilio para cualquier corazón en llanta”. Y, vestido de fino frac, guantes y bastón de mango de marfil, se sacaba la galera, respetuosamente, al paso de la aludida. 

Sus halagos, aparentemente, jamás ofendían. Mi misma abuela, nacida y criada en Gibraltar, una tierra en donde por idiosincrasia, el elogio callejero a una mujer desconocida no solo era mal visto sino que simplemente no existía, fue objeto de varias de sus ofrendas verbales. Y nunca se sintió agredida. 

Jardín Florido había nacido en Italia en 1875, trabajó de mozo en la famosa confitería Richmond y luego, también, en el Jockey Club, adonde lo llevó su amistad con el conocido político Aguirre Cámara. Con los años, unos buenos negocios inmobiliarios que hizo le permitieron comprarse un elegante automóvil Packard, que algunos dicen perteneció a Gardel. A este vistoso vehículo le colocó floreros –de allí lo del apodo Jardín Florido– de donde él extraía rosas que entregaba, galante, mientras manejaba, a las damas que se cruzaba por las calles de Alta Córdoba, barrio General Paz o del mismo centro de la ciudad. 

En 1953 se le cruzó la tragedia. Fue culpable de un grave accidente automovilístico. Y la indemnización que debió pagar lo dejó en bancarrota. Pero él siguió viajando en tranvía al centro, desde su casa de Antonio Del Viso 738, casi al lado de la comisaría de Alta Córdoba, para seguir con sus elogios callejeros hasta su muerte, a los 88 años. 

Recordado en canciones, por el grupo Los del Suquía, y en las miles de anécdotas de nuestras madres y abuelas, improbable acosador machista, poeta auténtico de las calles o enfermo psiquiátrico, solo Dios sabe quién era él. En realidad, Jardín Florido fue un personaje que ahora no tendría lugar alguno en la sociedad actual. Pero que en su tiempo, en la Córdoba de los ‘50, marcó realmente una época. Una que ya se fue, que cuesta mucho olvidar.

H. Lanvers es autor de cinco novelas históricas bestsellers llamada saga África.

 

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