En contexto, situado, territorializado, todos esos conceptos responden a una sola idea en educación. Es la de trabajar saberes y conocimientos que estén cerca de los jóvenes, que le interesen o despierten su interés. Nada más y nada menos, en estos tiempos de supuesta apatía de los estudiantes, muchas veces acompañada por una enseñanza estática y repetitiva.
Como miembro de la comunidad escolar, estoy a favor de cualquier innovación que fortalezca la identidad y las raíces de un entorno y el cuarteto es eso, es raíz cordobesa e identidad. Los jóvenes lo reconocen y se apropian de este género como también de otros, pero este es nuestro. Sus familias oyen cuarteto, los vecinos, también. Es un género que es próximo, cercano, cotidiano.
El decreto 257, que oficializa la enseñanza obligatoria de cuarteto, brinda un marco y un reconocimiento formal dentro de un espacio ya instalado en las escuelas, como de educación artística, música. Pero, a la vez, promueve la transversalidad tan necesaria para una comprensión más amplia. Como por ejemplo, va a ser muy interesante para los estudiantes saber quién fue Leonor Marzano, de dónde vino (su origen geográfico), cómo llegó a Argentina y a Córdoba por la inmigración (parte de la historia mundial y de nuestro país), por mencionar algo.
Por otro lado, en la escuela no se ha tomado el anuncio como una polémica extremista. Por el contrario, se lo ha interpretado como una innovación que viene a sumar para ampliar el universo de saberes de los jóvenes. Está en nuestra habilidad como adultos y profesionales de la educación, incluirlo creativamente y de manera significativa para los alumnos.
Lo identitario, en tiempos líquidos, violentos y efímeros como nos quieren hacer ver, “se para de manos” (como dicen los pibes) con la enseñanza del cuarteto. ¿Es la guerra? No. Pero seguro una buena batalla ganada.
* Director del Ipemyt 2 “República Oriental del Uruguay”