Nicolás Filoni habla como quien no está sólo administrando una ciudad, sino probando un prototipo político. Desde Oncativo, el intendente se anima a una definición ambiciosa: su gestión sería una señal anticipada de un “cambio de era” que podría proyectarse a toda Córdoba, tal como —según recuerda— ocurrió en 1991, cuando la ciudad cambió de signo político antes de que el justicialismo desembarcara en la Provincia.
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“Oncativo fue un adelantado en interpretar un cambio de era”, insiste Filoni. Tras 32 años de una misma gestión, la ciudad giró hacia un modelo que el intendente define como “profesional, pragmático y basado en datos”, en contraste con lo que considera una estructura agotada.
En la ciudad se vienen obras palpables -nuevo paso nivel y desvío del tránsito pesado- como cambios dentro de la estructura administrativa. Bajo esa premisa, su gestión avanzó en una fuerte poda de impuestos y burocracia. En ese marco, proyecta un esquema de descuentos que, asegura, dejará el aumento real de tasas entre el 10% y el 15%, “muy por debajo de la inflación”, gracias a bonificaciones del 30% por estar al día, 15% por pago único y 5% por pago online.

El sostén de ese alivio fiscal es lo que Filoni llama un “Estado inteligente”. “Un Estado más liviano, no tan pesado, no tan fofo, no tan bobo, con datos y tecnología”, define, casi como un manifiesto. Cuenta que monitorea la gestión desde una aplicación en su celular donde tiene cargadas “absolutamente todas las acciones y todos los incidentes de cada área”. Pragmatismo puro, sin épica administrativa.
“Mi amigo Rodrigo”
Pero el intendente no se queda en lo municipal. Desde Oncativo, también ensaya una lectura provincial y se mete de lleno en el armado opositor. Para disputar los “más de 25 años de justicialismo” en Córdoba, Filoni sostiene que: “La oposición no puede agotarse en una marca partidaria”, plantea, y empuja la construcción de un frente amplio, “todos juntos”, reuniendo a La Libertad Avanza, el radicalismo, el juecismo, el PRO y otros espacios.
Su experiencia local funciona como argumento: llegó a la intendencia con una coalición que incluyó al PRO, al juecismo y a “peronistas disidentes”. “Primero hay que definir el para qué queremos gobernar”, remarca, priorizando las coincidencias programáticas por sobre los nombres propios.
Sobre Rodrigo de Loredo, es contundente: lo considera “la persona indicada”, “el más preparado” y “el que más conoce la provincia”. Sin embargo, marca límites y tiempos. “Antes de lanzar candidaturas hay que fortalecer la propuesta”, advierte, y asegura que llegado el momento tendrá la honestidad de decir si es o no el turno de De Loredo, de Luis Juez o de Gabriel Bornoroni. La consigna, insiste, es ofrecer una “alternativa sólida y potente”.
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Habla desde un municipio del interior con un mensaje provincial: menos impuestos, menos burocracia y una oposición unificada como receta para discutir el poder en Córdoba. Si Oncativo vuelve a ser un “adelantado”, como él sostiene, el experimento ya está en marcha.