domingo 25 de septiembre de 2022
CóRDOBA Análisis y perspectivas

Grandes esperanzas

14-11-2021 00:31

A principios del siglo XIX, en Europa los gobiernos no prestaban atención alguna a la población, salvo rebelión, en cuyo caso si los gobernantes eran fuertes, se reprimía brutalmente. Esto sucedía incluso en las democracias parlamentarias, como Gran Bretaña, en la cual el rey controlaba al Parlamento en forma clientelar.
El pueblo sobrevivía precariamente con magros salarios, rebuscándose con el contrabando para evitar impuestos y trabas.
La ley de 1832 (o Great Reform Act) solo se aplicó a Inglaterra y Gales; otras leyes fueron aprobadas para Escocia e Irlanda. Esta les otorgaba bancas en la Cámara de los Comunes a las ciudades grandes originadas en la Revolución Industrial y les quitaba a los denominados ‘rotten boroughs’ (burgos podridos), despoblados, que tenían representación de origen medieval. 
Para los académicos, en ese año comienza la Era Victoriana. 
El reinado de Victoria (1837-1901), es solo un hecho que sirve para nombrar el período de extraordinarios cambios culturales, políticos, económicos, industriales y científicos, en el marco del mayor imperio de la historia. 
Al inicio, Inglaterra era más agraria y rural y pasó a ser altamente industrializada. Entre 1836 y 1902, el producto de Gran Bretaña creció cuatro veces, pese a que estuvo en guerra todo el período. La transición no fue suave.

Siento que Charles Dickens (1812-1870) fue, lejos, el que mejor pintó la etapa por su realismo, dotes de comediante, estilo de prosa, caracterizaciones únicas y crítica social.
El fresco ‘Grandes esperanzas’ (1861) tiene personajes quiméricos que el autor dibuja con una precisión magistral. 
Pip, el protagonista, es un huérfano que tolera estoicamente la penuria y la opresión de la señora Joe, su hermana; no obstante no abandona su sueño de convertirse en un caballero. Joe, el cuñado de Pip, es ‘a fair man’. La señorita Havisham, resentida, adinerada y triste, recibe a Pip en su mansión para que entretenga a su protegida, Estella (hermosa, fría, refinada). Pip se enamora de ella, que lo desprecia. Abel Magwitch, el delincuente de gran generosidad, es el benefactor (gracias a su fortuna en Australia) de Pip.
Pip logra su sueño, se convierte en caballero, pero en Londres olvida su pueblo. Solo regresa cuando muere su protector. Biddy, la anti Estella, —enamorada de Pip desde la niñez—, se ha casado con Joe, ya viudo, y tienen un niño: Pip es su nombre. Herbert Pocket, el amigo inseparable, acompaña a Pip a vivir 11 años en Egipto.
Regresan y Pip se encuentra en la vieja casa de la señorita Havishan con Estella, ya viuda: en el final, caminan de la mano, sugestivamente.

Si en la convulsa Era Victoriana, hubo tiempo para el amor, el estoicismo, la cooperación fraterna y el crecimiento económico-social, ¿cómo no tener un sano anhelo de mejora ‘doméstica’?
Esperanza no es precisamente optimismo. Tampoco es la convicción de que todo saldrá bien, sino la certeza de que algo tiene sentido, al margen de cómo resulte. Y hay que convivir con el temor.

Rubén Alejandro Morero, gestor de patrimonios financieros y contador público.  [email protected]

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