La transición desde una economía cerrada hacia un esquema más abierto “nunca iba a ser fácil”. Esa es una de las principales premisas con las que Gustavo Lazzari, economista, empresario PyME y divulgador, analiza el escenario que atraviesan actualmente las pequeñas y medianas empresas argentinas.
Lazzari participó de un encuentro con empresarios cordobeses en el marco del Pre Forum Pyme, organizado por la Cámara MPM, en el Hotel Quinto Centenario. Allí analizó las dificultades que enfrenta el sector y puso el foco en un problema que, según su mirada, excede la coyuntura: la adaptación de empresas que llegan a esta etapa después de años de baja inversión y bajo un esquema productivo diseñado para una economía más cerrada.
Para Lazzari, buena parte de las dificultades actuales deben ser interpretadas como parte de un proceso de transformación de la economía argentina. El economista sostuvo que durante las últimas décadas Argentina tuvo niveles de inversión insuficientes. Según explicó, durante aproximadamente 20 años el país invirtió menos del 15% del Producto, lo que generó empresas con niveles de capitalización e infraestructura inferiores a los que hubieran necesitado para enfrentar un escenario competitivo diferente.

“Cualquier PyME estaba necesariamente subinvertida. Menos inversión de la que debió haber tenido al 2023”, señaló. Y utilizó una comparación para graficar la situación: “A tu auto no le cambiaste filtro de aceite solamente. Entonces, el auto no estaba para la carrera”.
A ese problema se suma, según Lazzari, una cuestión vinculada con la localización de muchas empresas. El paso hacia una economía abierta modifica las ventajas relativas de determinadas regiones y centros urbanos. En su interpretación, un modelo cerrado podía justificar que una materia prima recorriera cientos de kilómetros para ser procesada o comercializada en grandes ciudades. En una economía conectada con el mundo, en cambio, aparece una mayor lógica para procesar cerca de los lugares donde se producen los recursos.
El empresario también señaló que la propia transición institucional agrega dificultades. Las reformas requieren tiempo para ser aprobadas, reglamentadas y comenzar a tener efectos. En ese sentido, consideró que la reforma laboral constituye “un gran avance”, aunque remarcó que todavía no es completa y que quedan cambios pendientes.
Pero hay un elemento coyuntural que, para Lazzari, agravó el proceso: las tasas de interés. El economista cuestionó particularmente el período en el que las tasas se mantuvieron en niveles elevados y explicó que muchas empresas y familias quedaron expuestas a un fuerte deterioro financiero.
“El dato es la tasa: se pasó de un 50 decreciente a un 200 creciente”, afirmó. El resultado, según describió, fue que quienes se habían financiado durante ese período podían encontrarse posteriormente con deudas que se habían multiplicado.

El problema no queda circunscripto a cada empresa. Lazzari puso especial énfasis en el efecto que tiene sobre la cadena de pagos. Cuando una familia queda fuera del circuito económico, se reduce el consumo de las PyMEs. Cuando una empresa deja de pagar o reduce su actividad, el impacto se traslada a proveedores, trabajadores y otras compañías.
“Cuando una PyME queda fuera, empiezan a quedar fuera familias”, explicó. Para el empresario, la dificultad actual debe ser entendida como una tensión financiera que atraviesa a buena parte del entramado productivo.
En este escenario, uno de los principales reclamos de Lazzari apunta a los embargos fiscales. Consideró que tanto organismos nacionales como provinciales deberían revisar esta herramienta porque, cuando se aplica sobre una PyME con problemas de liquidez, puede afectar directamente su capacidad de operar.
“Un embargo le pega de lleno al sistema respiratorio de una PyME y eso le pega de lleno a la cadena de pagos”, sostuvo. Según su análisis, una parte importante de la mora está vinculada con embargos fiscales que terminan profundizando la falta de liquidez.
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Frente a los próximos meses, atravesados además por mayor incertidumbre política y financiera, Lazzari planteó la necesidad de evitar un escenario de “susto” en el mercado. “Cuando Argentina se asusta, no te aguanta ni la Reserva Federal”, graficó. Por eso, consideró que la prudencia política resulta central para evitar nuevas tensiones sobre las tasas y el dólar.
Su propuesta concreta apunta a avanzar hacia un plan de desendeudamiento para empresas y familias. Pero aclara que no debería implicar emisión monetaria ni intervención de contratos. En cambio, planteó que el camino debería pasar por acuerdos entre acreedores y deudores que permitan extender plazos, revisar intereses y otorgar mayor previsibilidad financiera.
“Pónganse de acuerdo en plazos más largos”, resumió Lazzari. En su visión, el objetivo no debería ser desconocer las deudas, sino generar condiciones para que las empresas puedan atravesar la transición sin que un problema financiero termine convirtiéndose en el cierre definitivo de una PyME.
La definición que sintetiza su diagnóstico es también una advertencia: el rumbo hacia una economía más abierta puede ser el adecuado, pero eso no elimina los costos de transición. Para miles de empresas, la discusión pasa ahora por llegar al final de ese proceso con capacidad para seguir operando.