Las costumbres en el interior no se cambian. Y este domingo 1 de febrero no será la excepción. En el Cine Teatro Sporting de Laboulaye, el gobernador Martín Llaryora inaugurará el 148° período ordinario de sesiones de la Legislatura pero lo hará a las 16 y no a las 18, como estaba previsto. "A la noche tenemos un evento -'La Peatonal'- en donde los bares en verano copan las calles con las mesas y los vecinos se sientan a comer", describe el intendente que gestionó no alterar esa tradición.
Laboulaye será por unas horas el centro político de la provincia. Se convertirá en la segunda ciudad, en la historia, que el acto institucional y provincial se realice fuera de la Capital, dando continuidad a la experiencia de Deán Funes.

Para el mandatario Gino Chiapello, la elección de la ciudad no es neutra. “Es una oportunidad para que los legisladores y funcionarios de la Provincia conozcan cuáles son las realidades de nuestra región, cuáles son las necesidades”, remarca, con tono más político que protocolar. Radical y alineado al espacio de Rodrigo de Loredo, Chiapello subraya que, pese a las diferencias partidarias, “acá prima el respeto institucional”, y destaca haber puesto a disposición el cine-teatro municipal para el evento.
Cómo es Laboulaye
Con cerca de 23 mil habitantes, Laboulaye -“La-bou-laye” para los locales y no "Laboulage" o "labulash"- funciona como cabecera del departamento Presidente Roque Sáenz Peña y como nodo de servicios para una amplia región productiva. Tiene identidad agropecuaria, vida institucional activa y un perfil de ciudad ordenada. El mandamás local es un radical "deloreista" y le toca gestionar una localidad que arrastra déficits estructurales que condicionan cualquier salto de desarrollo.

El principal cuello de botella es el agua. “El consumo humano no llega a ser abastecido por el acueducto que tenemos”, advierte Chiapello, y lo grafica con números que se repiten como mantra en la gestión local: “Nos están ingresando 210 metros cúbicos por hora y el consumo de Laboulaye es de 380”. La consecuencia es conocida por los vecinos: bombas que se detienen y cortes programados para administrar la escasez.
El problema se extiende al sistema de cloacas, que cubre cerca del 70% de la ciudad y se encuentra bajo declaración de emergencia, y al parque industrial, que pese a contar con personería jurídica desde 2017, sigue esperando inversiones básicas. “El desarrollo productivo viene de la mano de inversión en obra pública, en obras de infraestructura”, insiste el intendente, que reclama un acueducto industrial y mejoras energéticas para dejar de hablar de potencial y empezar a hablar de crecimiento real.
Así, Laboulaye se prepara para recibir a la Legislatura con una expectativa clara: que la apertura del año legislativo no sea solo un gesto federal, sino una señal política. Mostrar el sur, escuchar sus reclamos y asumir que sin agua, cloacas y energía, el desarrollo sigue siendo una promesa que no termina de llegar.