La forma de comunicarse de las personas cambió de manera acelerada en los últimos años y en la Argentina el fenómeno se vuelve cada vez más visible: las llamadas telefónicas generan rechazo, mientras que los audios largos se consolidan como la principal vía de intercambio cotidiano. Desde coordinar horarios hasta relatar situaciones personales, el mensaje de voz desplazó al diálogo en tiempo real, marcando una transformación cultural en los vínculos.
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El debate fue puesto sobre la mesa por Sergio Candelo, co-Founder de Snoop Consulting, en su columna titulada “La comunicación cobarde”, donde analiza cómo los hábitos digitales están redefiniendo la manera en que las personas se relacionan. Según el autor, el cambio no es tecnológico sino humano, y responde a una elección consciente de evitar la exposición que implica hablar en el momento.

En ese sentido, Candelo sostiene que una llamada telefónica obliga a improvisar, escuchar y mostrarse sin filtros, mientras que el audio permite controlar el mensaje. “Una llamada obliga a existir en el mismo momento, mientras que el audio permite grabar, borrar, pulir y simular espontaneidad”, plantea, y advierte que esta dinámica favorece una comunicación sin riesgo, donde predomina el monólogo por sobre el intercambio.
El análisis recorre situaciones cotidianas para graficar esta transformación, desde la era del Nextel hasta el uso masivo de WhatsApp. Mientras antes la comunicación exigía que ambas personas estuvieran disponibles al mismo tiempo, hoy se administra según la comodidad de quien envía el mensaje, desplazando la sincronía por una interacción diferida.
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En la Argentina, este comportamiento se profundizó y se volvió parte de la cultura digital. El audio se utiliza para todo tipo de conversaciones y, en muchos casos, se escucha en velocidad acelerada o mientras se realizan otras tareas, lo que convierte al mensaje en un sonido de fondo más que en un verdadero momento de intercambio. Para Candelo, esta práctica refleja un cambio profundo en lo que se entiende por conexión humana.
“La comunicación dejó de ser encuentro para convertirse en transacción”, señala el autor, al advertir que se prioriza la comodidad individual por sobre la interacción real. El resultado, según su mirada, es una sociedad más protegida de la incomodidad del otro, pero también más aislada.
La reflexión final deja una pregunta abierta que interpela directamente a los hábitos actuales: si las aplicaciones de mensajería dejaran de existir, ¿cuántos volverían a levantar el teléfono para sostener una conversación en tiempo real?