Perfil
CóRDOBA
PENA DE MUERTE

Lidia Guerrero: “A mi hijo lo condenaron a muerte antes de que comenzara el juicio”

La madre de Víctor Saldaño, que lleva más de 30 años en el corredor de la muerte en Estados Unidos habló sobre la situación actual de su hijo y el impacto que tuvo el reciente caso de una mujer que sobrevivió a dos inyecciones letales. “Como madre, tengo la obligación de decir la verdad y no callarme”, asegura.

10-10-2026-Lidia Guerrero
Lidia Guerrero, la madre de Víctor Saldaño, junto a su abogado, Juan Carlos Vega. | CEDOC PERFIL

Lidia Guerrero lleva décadas hablando por su hijo. Víctor Saldaño, condenado a muerte en Estados Unidos, permanece desde hace más de 30 años en el llamado “corredor de la muerte”, situación que convirtió su caso en uno de los más prolongados de ese sistema. Guerrero contó que no tiene conocimiento de nuevas resoluciones judiciales en la causa que lleva su abogado ante organismos internacionales y describió el estado en el que se encuentra actualmente su hijo.

La charla se produjo después de que se conociera el caso de una mujer condenada a muerte en Tennessee que sobrevivió a dos inyecciones letales. Para Guerrero, la situación vuelve a poner en discusión la pena de muerte y las consecuencias que puede tener sobre quienes son sometidos a ese procedimiento.

—¿Cuál es el estado actual de Víctor y de la causa?
—Él sigue en el “corredor de la muerte”. Más de 30 años hace y sigue pesando sobre él la condena de pena de muerte. Ese es su estado judicial. Y la parte física... él pidió en tres oportunidades que lo ejecutaran y logramos convencerlo de que desistiera. Pero durante muchos años intentó quitarse la vida, por eso no le dejaban entrar ni una maquinita de afeitar y estuvo durante meses barbudo. Yo creo que es insoportable la tortura. A principios de año estuvo internado en un hospital psiquiátrico en Dallas. Él escribió que se sentía mejor porque por lo menos podía relacionarse con alguna persona, hablar con alguien. Pero lo han regresado a la prisión. En cuanto a su estado mental, está totalmente perdido. No tiene contacto con la vida, con la realidad, con nada.

—¿Pudo mantener algún tipo de contacto con él últimamente?
—Sí. Él dice: “Yo estoy bien”. No sé a qué llamará bien, pero prácticamente no tiene una realidad. Lo que sé es que escribe canciones mexicanas que parece que recuerda y manda hojas de revistas o de las personas que han ejecutado en los últimos días. La verdad, no tengo espíritu para leer todo. Tratamos de leer lo que se puede porque es muy fuerte para mí, como asimismo escribirle. Es muy triste.

Absolvieron a Gustavo Herrera por el crimen de Gabriela Pérez, víctima inocente de una violenta disputa gremial

—¿Cuándo fue la última vez que vio a Víctor?
—Lo vi antes de la pandemia. Después vino la pandemia y no había vuelos. También, al cambiar el Gobierno, pregunté en dos oportunidades si me podían pagar el viaje como lo hacían antes para verlo y me dijeron que eso ya no dependía de ellos. Tendría que dirigirme a otra área y la verdad que mi salud no está para andar peleando.

—¿Tiene ganas de volver a verlo?
—Sí, por supuesto. Sería quizás la última vez, por mi edad, y yo haría lo posible por viajar. Las últimas veces que viajé ya me acompañaban porque tengo dificultad para leer. En otras oportunidades, me acompañaron mi hija o dos chicas de Cancillería.

—El caso reciente de una mujer que sobrevivió a dos inyecciones letales, ¿le movilizó algo?
—La pena de muerte nos mueve a todos. Porque matar a una persona deliberadamente no es lo mismo que un asesinato, que tal vez sucedió por una eventualidad o por otras causas. La pena de muerte no afecta a todos. Yo, cuando escuchaba en otras épocas que ejecutaban a alguien, antes era con las sillas eléctricas, en mi casa lloraba, porque ha de ser muy tremendo. Y en el caso de esta chica es algo muy grave. No es el primer caso que pasa. No sé en qué estado de salud quedará esta persona. Evidentemente es algo muy extraordinario y muy tremendo. Es terrible, porque no muere ni creo que quede bien para vivir.

—¿Cómo hace usted para soportar esta agonía durante tantos años?
—En un reportaje me preguntaron: “¿Cómo hace usted? ¿De dónde saca fuerzas?”. Y yo le dije: “De Dios”. Irónicamente me dijo el periodista: “¿Usted habla con Dios?”. No, yo no hablo con Dios, pero yo le pido fuerzas y él me las da.

Tras reunirse con el Papa, el titular de CAME cuestionó al Gobierno: “No vemos demasiadas perspectivas de cambio”

—¿Qué la llevó a seguir reclamando durante todos estos años?
—Yo pienso que habrá razones para que uno hable y no se quede callada. Porque cuando se descubrió esta discriminación en el caso de mi hijo fueron revisados tres casos más, donde habían dicho exactamente lo mismo: que por la raza eran pasibles de la pena de muerte. La pena de muerte, al ser meditada, preparada y convertirse en una venganza, aparte de eso, que sea aplicada con mentiras y con discriminación, me parece muy triste y muy grave que el Estado lo haga.

—¿Qué le pide a Dios y qué le reclama al Estado por su hijo?
—A Víctor le dieron la pena de muerte, pero si no hubiese quedado evidenciada esta discriminación, esta injusticia, quizás no me hubieran conocido la cara. Me vengo a mi casa, lloro y se acabó. Creo que tengo la obligación, como madre, de decir la verdad y de no callarme. La mayoría de las personas que van a ser juzgadas no tienen un defensor para pagar un estudio jurídico que los defienda y les ponen defensores oficiales. Y, según mi percepción de lo que ocurrió en este caso, la pena de muerte ya se la habían dado antes que empiece el juicio.