En el marco de un encuentro que congregó en Buenos Aires a periodistas de Latinoamérica, la compañía Pfizer presentó las conclusiones y resultados clínicos de mayor impacto expuestos recientemente en el Congreso de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO).
La cita internacional dejó una conclusión clara, se vive una aceleración prácticamente sin precedentes en el sector. Las proyecciones científicas indican que habrá más avances en los próximos 20 años que en los últimos 50, lo que reconfigura el abordaje de las patologías oncológicas.
En ese marco, la firma anunció datos históricos sobre un inhibidor de tercera generación denominado “Lorlatinib” para pacientes con un tipo específico de cáncer de pulmón avanzado, en el cual sin tratamiento previo y tras siete años de seguimiento, más de la mitad de los pacientes (el 55%) permaneció con vida y sin progresión de la enfermedad, un hito inédito en la supervivencia a largo plazo de afección.
Perfil Córdoba participó de las jornadas y dialogó con el doctor Luis Alberto Suárez, director Médico de Oncología de Pfizer quien analizó la realidad actual.
—¿En qué lugar de la evolución de la lucha contra el cáncer nos encontramos hoy?
—En Pfizer estamos acelerando el desarrollo de medicamentos innovadores sustenta dos en tres pilares. El primero, en la medicina de precisión: trabajar con el conocimiento de la mutación puntual que tiene un tumor a través del diagnóstico molecular para conocer, como si fuera el DNI del tumor, y poder bloquearlo con una molécula específica. Esta medicina de precisión lleva a controlar la enfermedad. Son, en general, pequeñas moléculas, pastillas que se toman y logran controlar la patología por mucho tiempo.

—¿Le ponen nombre y apellido a la enfermedad de cada paciente?
—Correcto y por eso es de un valor crítico realizar testeos moleculares. El segundo pilar es la inmunoterapia, que representa el actual boom de la oncología. Se cambió el paradigma de la quimioterapia tradicional —que consistía en apuntar hacia el tumor de forma externa— por algo diferente: lograr que nuestro propio sistema inmune, que a veces deja de trabajar o lo hace con menos eficacia, vuelva a establecer su ritmo y apunte hacia el tumor.
Por último, se encuentran los ADC (anticuerpos conjugados), la gran innovación. Se trata de un anticuerpo monoclonal específico que bloquea el tumor y posee un linker, una conexión química que se une a la célula cancerosa. Dentro de ese anticuerpo se aloja la quimioterapia. Una vez que ingresa al tumor, la estructura se abre y destruye la célula tu moral. Esta es quizás la mayor innovación, porque ingresa al tumor para destruirlo directamente; funciona como un “caballo de Troya”: la célula le abre la puerta sin conocer su contenido y, una vez dentro, se desata la destrucción de la parte maligna.
Presentaron un nuevo fármaco contra las “superbacterias intrahospitalarias”
—La lucha contra el cáncer genera una gran ansiedad social. Frente a una enfer medad múltiple y compleja, ¿dónde está parada la ciencia actualmente?
—Considero que estamos parados en un 50% o 60% del camino que tenemos que recorrer. Todavía falta mucho por conocer, existen mutaciones que aún no se han identificado y tumores que presentan comportamientos inesperados durante el tratamiento. Esto nos obliga a veces a volver atrás, como en el juego de la Oca: se avanzan dos casilleros y se retrocede uno. Sin embargo, con las herramientas actuales y la incorporación de la inteligencia artificial —que va a ayudar a acelerar el diagnóstico, optimizar el análisis y acortar drásticamente los tiempos de investigación en todas las etapas— las drogas van a llegar de forma más dinámica a la fase clínica. El horizonte científico es claro: habrá más avances en los próximos 20 años que en los últimos 50. El objetivo real hoy no radica necesariamente en curar de forma mágica el 100% de los casos, sino en tratar de que sea una enfermedad con tratamiento de por vida; es decir, cronificar el cáncer para asegurar una supervivencia prolongada y con excelente calidad de vida