"A veces no entiendo bien cómo funciona la meritocracia y la injusticia", arrancó escribiendo Joaquín Panichelli en sus redes sociales, como quien no busca respuestas sino dejar constancia de la pregunta. No hay enojo desbordado, tampoco resignación. Hay desconcierto, que es otra forma del dolor. “Si hablamos de merecimientos, esto no se lo merece nadie”. Así de contundente el delantero cordobés.
Es que la noticia fue un baldazo de agua fria. En la antesala de un amistoso menor antes del gran teatro del mundo como el Mundial, el nombre de Joaquín Panichelli empezó a circular en voz baja por los pasillos del predio de Ezeiza. Primero fue un gesto, una salida anticipada del entrenamiento. Después, el murmullo. Finalmente, la confirmación: rotura del ligamento cruzado anterior en la rodilla derecha. Copa del mundo afuera. Punto final. Tristeza.
Panichelli surgido de las canchas cordobesas, que siempre la peleó y se fue ganando un lugar en la elite mundial estaba atravesando un momento increíble a sus 23 años. Venía de ser goleador en el Racing de Estrasburgo. Incluso su nombre ya estaba subrayado en agendas europeas: Chelsea, Milan, equipos de Premier League.
Como en un cuento de Panichelli
Pero lo que verdaderamente define esta historia no es el parte médico. Es el texto. No es casualidad que escriba tan bien un comunicado. Joaquín es hijo de Germán Panichelli, ex jugador de Instituto, fútbol boliviano, River, formador de juveniles, gran lector y también escritor (tiene cinco libros publicados, cuatro de ellos novelas futboleras).
Panichelli escribió.
Y en ese gesto (íntimo, casi obstinado) aparece el jugador sin camiseta, sin sponsors, sin escudos. El hombre. El pibe que se quiere descargar, el pibe que no entiende, pero se aferra a recupetarse.
Porque él ya sabe de qué se trata. No es la primera vez que el cuerpo le cobra peaje. En 2023, cuando vestía la camiseta del Deportivo Alavés, la misma lesión, pero en la otra rodilla, ya lo había obligado a empezar de nuevo. Hay carreras que avanzan en línea recta; otras, como la suya, parecen escritas con curvas.
“Hoy me toca vivir uno de los momentos más duros de mi vida”, dice el texto que posteó en una historia de Instagram. La frase podría ser de manual, pero en su caso suena distinta: llega cuando todo parecía alinearse, cuando el Mundial dejaba de ser un sueño y empezaba a ser una posibilidad concreta. “Siempre fui duro de roer”, agregó, como si se hablara a sí mismo más que a los demás.
Después vino lo más interesante, lo que separa a los que declaran de los que dicen algo: “La vida me debe sueños por cumplir. Y no me los va a regalar, me los voy a trabajar”. Setencia de alguien que no se dará por vencido. Un goleador, también con la pluma.
Ahí está Joaquín Panichelli. No en el gol, no en la cifra del pase, no en la lista de pretendientes europeos. Está en esa frase. En la idea de que incluso lo que parece destino es, en realidad, una tarea pendiente.
Su papá Germán, también en redes sociales, publicó una fotografía en su perfil de Instagram en la que se lo ve al jugador con una manta sobre la pierna afectada. Además de la imagen abrazados, le dejó un emotivo mensaje: “Siempre con vos Joaco querido!! Y en las malas mucho más. Te verán volver!!!”.
Mientras tanto, el fútbol sigue. La Selección argentina jugará su amistoso. Habrá otros nombres, otros goles, otras ilusiones. Pero en algún lugar, el delantero cordobés lo mirará por la tele, convencido que hay sueños por cumplir. Quizás escribiendo, que es otra forma de resistir.