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CóRDOBA / Artime, sinónimo de Belgrano
domingo 16 junio, 2019

Sangre celeste

“El Luifa”, exgoleador e ídolo del Pirata, tiene dos hijos que juegan en el club. Iván y Rodrigo integran los equipos que compiten en la Liga de Handbol.

por Hugo Caric

Los Artime. Foto: CEDOC PERFIL
domingo 16 junio, 2019

“Trataré de hacer los goles que más pueda y después se verá”. Recién llegado a Córdoba, en el lobby de un viejo hotel de la Avenida Colón, Luis Fabián Artime hablaba de sus objetivos como flamante refuerzo de Belgrano. El 9 de junio de 1992 la frase quedó reflejada en la edición de la revista “Panorama Match”. Esa entrevista tuvo una particularidad: fue una de las pocas que el delantero hizo junto a su padre, Luis, uno de los más grandes goleadores del fútbol argentino en las décadas del ’60 y del ’70. 

“Me estoy dando cuenta de que es difícil llamarse Artime, en el sentido de que la gente quiere que todos los partidos haga dos goles, como lo hacía mi viejo”, declaró aquella vez. Trece años más tarde, el 13 de marzo de 2005, “el Luifa” jugaría su último partido con la camiseta celeste (1-4 ante Racing de Nueva Italia, por la Primera B Nacional), completando un recorrido de 336 presentaciones y 94 goles en tres etapas diferentes. Y los hinchas del Pirata le pondrían para siempre el traje de ídolo.

Tres tanques

Hoy Artime es sinónimo de Belgrano. Y no sólo porque la popular sur del coliseo del fútbol cordobés fue bautizada con su nombre por los propios simpatizantes del club de barrio Alberdi. También por Iván y Rodrigo,   herederos de una pasión.

A los hijos de “el Luifa” les corre sangre celeste por las venas, y mucho más que eso: ambos defienden los colores amados como integrantes de los equipos que compiten en la liga de hándbol.

“Fue decisión de ellos. Primero empezó Rodrigo y después se enganchó Iván, que había jugado al fútbol en Las Palmas e inclusive había quedado en una prueba en Ferro, pero no quiso vivir en Buenos Aires”, destaca el exgoleador.

“Lo único que siempre les pedí es que hicieran algún deporte, cualquiera. El hándbol es muy lindo. Yo lo descubrí a los 10 años, en un colegio de Tucumán, cuando mi viejo dirigía a Atlético”, cuenta “el Luifa”.

“Voy a verlos cada tanto, cuando puedo. Lo que pasa es que los partidos se juegan en horarios un poco raros y por el trabajo muchas veces se me hace complicado”, comenta el ídolo belgranense.

“Iván juega en Mayores y Rodrigo en Juveniles. Son dos tanques de guerra. Así como era yo, pero en el hándbol”, sostiene al describir las características de juego de sus hijos. 

De pies y manos

“¿Qué dicen los abuelos? Nada. No tienen ningún problema. Mientras los chicos tengan la cabeza ocupada, está bien; ellos mismos inculcaron esa idea a sus hijos”, apunta “el Luifa” en alusión a Luis Artime, legendario goleador de Atlanta, River, Independiente y Nacional de Uruguay, y al padre de su esposa Marina, Rubén “Chapa” Suñé, una gloria de Boca Juniors.

Rodrigo tiene 18 años, cursa el secundario en el Instituto Francisco Luis Bernárdez y fue el primero que empezó a jugar al hándbol. Arrancó en el Ricardo Rojas y luego se sumó a Alianza Belgrano, el equipo que se creó en 2016 a partir de la fusión del club celeste con el colegio que lleva su mismo nombre y que depende de la Universidad Nacional de Córdoba.

Iván tiene 21 años, estudia Sicología y trabaja en la productora de seguros de su padre, y hace tres años que dejó de probar suerte como  centrodelantero para convertirse en extremo.

“Para mí el fútbol duró poco. Cuando se puso más serio, me dejó de gustar. A cierto nivel deja de ser un deporte y se convierte en una guerra, y eso no me gusta. El hándbol, por suerte, mantiene otro espíritu”, destaca el primogénito del goleador celeste. 

“¡Obvio! ¡Ni lo dudes!”, enfatiza a la hora de reafirmar su condición de hincha del Pirata, como si hiciera falta. Y habla sobre su pasado de futbolista: “Al principio me comparaban mucho con mi viejo y me decían ´Luifita’, pero después logré ser Iván. Es jodido ser ‘el hijo de’, pero por suerte pude conseguir que me valoren como persona y como compañero”.

Repartidos entre el fútbol y el hándbol, los Artime hoy se disputan la preferencia de Lucio (3), el más pequeño de la familia. “Está difícil el asunto. Yo le pateo la pelota y los hermanos se la dan para que la agarre con la mano”, comenta “el Luifa”.
 


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