El final de una pareja no coincide, en la mayoría de los casos, con el final legal del matrimonio. En la ciudad de Córdoba, entre la separación de hecho y la sentencia judicial de divorcio transcurren en promedio 6,5 años.
El dato surge del estudio “¿Cuánto dura el amor? Análisis descriptivo de las sentencias de divorcio de los Juzgados de Familia de la ciudad de Córdoba", que analizó 600 sentencias de divorcio dictadas en la ciudad y permite trazar una radiografía concreta sobre cómo, cuándo y a qué edad se rompe un matrimonio.
Uno de los primeros datos que aparece es el tipo de proceso elegido por las parejas: el 50,8% de los divorcios fue iniciado de manera unilateral, mientras que el 49,2% se tramitó de forma bilateral, es decir, de común acuerdo.
En términos de composición de los vínculos, el relevamiento muestra que el 99,7% de los divorcios corresponde a matrimonios heterosexuales, mientras que apenas el 0,3% involucra matrimonios igualitarios. En números concretos, se trata de 598 casos no igualitarios y solo dos casos de parejas del mismo sexo dentro del universo analizado.
Más allá de cómo se inicia el trámite, el trabajo pone el foco en un aspecto clave: el divorcio llega mucho después de la ruptura real de la pareja. De acuerdo al informe, la duración promedio de los matrimonios es de 14 años.
Primero la separación, después el juzgado
Al desagregar los tiempos, el estudio revela que el 64,3% de los casos obtuvo sentencia antes de los cinco años desde la separación, aunque existe un núcleo significativo de procesos que se prolongan durante más de una década.
En detalle, el 22,7% se resolvió en menos de un año; el 41,7%, entre uno y cinco años; el 14,7%, entre cinco y diez; y un 15,4% superó los diez años de espera, con situaciones extremas que llegaron a más de 30 años sin regularizar judicialmente la ruptura.
También se observan matrimonios de muy corta duración, aunque son minoritarios: solo el 4% de las parejas analizadas se divorció tras menos de un año de casadas.
En el otro extremo, más de uno de cada cuatro matrimonios se disolvió después de 20 años de vida en común. En concreto, el 13,3% duró entre 20 y 25 años, el 7,3% entre 25 y 30 y el 6,8% superó los 30 años.
Divorcios en la etapa de madurez
El perfil etario refuerza esta tendencia. Según el relevamiento, el 63% de las personas que llegan al divorcio tiene entre 41 y 60 años. Un 19% se ubica entre los 31 y 40, y solo el 10% corresponde a personas de entre 61 y 70 años.
Es decir, el proceso judicial de divorcio se concentra, de manera clara, en la etapa de la madurez de la vida, y no en los primeros años del matrimonio.
A diferencia de algunos estereotipos instalados, el estudio muestra que se divorcia prácticamente la misma cantidad de mujeres que de varones. Sin embargo, al observar quién impulsa la demanda, aparece una leve diferencia: el 50,7% de los procesos fue iniciado por mujeres y el 49,3% por hombres.
Hijos, cuidado y alimentos: los acuerdos que no siempre llegan
El relevamiento también muestra las dificultades para acordar las cuestiones vinculadas a la crianza después de la ruptura.
En el 48% de los casos no se presentó plan de parentalidad ni se alcanzaron acuerdos formales sobre el cuidado de los hijos. Solo el 32% logró consensuar un plan, y el 30,2% acordó un régimen de comunicación.
En relación con la cuota alimentaria, el 57% de las parejas sí logró acordar una prestación para sus hijos. En más de la mitad de esos casos, el monto se calculó en función del salario mínimo, vital y móvil, mientras que el resto fijó un porcentaje sobre los ingresos del progenitor obligado.
Cuando se analizan los domicilios de residencia de niños, niñas y adolescentes, el informe indica que en el 39% de los casos el cuidado principal quedó a cargo de la madre, en el 25,7% se estableció un cuidado alternado y solo en el 8,7% se fijó residencia principal en el domicilio paterno.