Este viernes 6 de marzo, el santoral católico celebra la fiesta de Santa Coleta (Nicolette Boylet), una figura monumental de la reforma religiosa medieval. Nacida en Picardía tras años de oraciones de sus padres ancianos a San Nicolás, Coleta pasó de una vida de absoluta reclusión como anacoreta a convertirse en la reformadora de las "Pobres Clarisas". Bajo su guía, surgieron las "Coletinas", una rama de la orden dedicada a la pobreza extrema, el ayuno y la oración incesante por la unidad de la Iglesia.
Santa Coleta y el llamado de San Francisco en la soledad
La hagiografía italiana destaca que Coleta vivió tres años emparedada en una celda junto a la iglesia de Corbie, buscando solo a Dios. Fuentes relatan que durante este tiempo recibió visiones de San Francisco de Asís, quien le ordenó salir de su encierro para restaurar la pureza de su regla. A pesar de su resistencia inicial y de sufrir una ceguera y mudez temporales como señal divina, Coleta obedeció, recorriendo Francia, Saboya y Flandes para fundar o reformar 17 conventos bajo un régimen de austeridad que asombró a sus contemporáneos.
Los milagros atribuidos a su intercesión son célebres, especialmente aquellos relacionados con la vida y la provisión. Los registros históricos mencionan que en varias ocasiones multiplicó el pan para sus hermanas y convirtió el agua en vino para los enfermos. Uno de los prodigios más recordados narra cómo devolvió la vida a un niño que había nacido muerto para que pudiera recibir el bautismo, lo que la convirtió en una protectora especial de las madres en dificultades y de los niños recién nacidos.
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La devoción actual a Santa Coleta de Corbie la posiciona como la patrona de las mujeres que desean concebir y de los artesanos. En la liturgia, se resalta su papel crucial durante el Cisma de Occidente, donde su intercesión y consejo fueron buscados por papas y reyes para sanar las divisiones de la cristiandad. Los fieles recurren a ella para pedir la gracia de la perseverancia en los votos espirituales y para obtener fortaleza ante las reformas necesarias en la propia vida, recordando que la verdadera renovación comienza siempre en la humildad del corazón.
La oración dedicada a esta santa suele pedir la capacidad de desprenderse de las seguridades materiales para confiar solo en Dios. Los devotos suelen rezar: "Señor, que por la intercesión de Santa Coleta, aprendamos a amar la pobreza evangélica como camino hacia la verdadera libertad". Es común invocarla para pedir por la paz en las familias y por la santidad de las órdenes contemplativas, buscando imitar su espíritu de sacrificio y su alegría inalterable a pesar de las rigurosas penitencias que se imponía por el bien del mundo.
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Junto a esta gran reformadora, el santoral católico recuerda hoy a San Marciano de Tortona y a San Evagrio de Constantinopla. Durante esta semana hemos transitado por la humildad de San Juan José de la Cruz ayer y nos preparamos para la gran solemnidad de las Santas Perpetua y Felicidad mañana, 7 de marzo. El domingo 8 se celebrará a San Juan de Dios, cerrando una semana de testimonios sobre la caridad heroica y la reforma espiritual.
En la Ciudad de Buenos Aires, puedes recordar su legado y pedir su intercesión en el Monasterio de Santa Clara, ubicado en el barrio de Flores. En este espacio de clausura, las hermanas mantienen viva la espiritualidad de pobreza y oración que Santa Coleta defendió con tanto celo. Los fieles pueden acercarse al torno o a la capilla para pedir oraciones por sus necesidades más urgentes, encontrando en la figura de la santa francesa un modelo de confianza absoluta en la Divina Providencia.