CULTURA
SANTORAL CATÓLICO

San Juan José de la Cruz: el maestro de la humildad que unió la mística con el servicio

San Juan José de la Cruz, reformador de la Orden Franciscana, es honrado hoy en el santoral por su extrema austeridad, sus dones sobrenaturales y su entrega a los pobres en Nápoles.

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SANTORAL CATÓLICO | IA

Este jueves 5 de marzo, el santoral católico celebra la fiesta de San Juan José de la Cruz (Carlo Gaetano Calosirto), una de las figuras más luminosas de la espiritualidad italiana del siglo XVIII. Nacido en la isla de Ischia, ingresó muy joven a la reforma alcantarina de los franciscanos. Su vida fue un equilibrio perfecto entre la soledad contemplativa y la gestión administrativa, llegando a ser Superior Provincial y un guía espiritual buscado por nobles y mendigos por igual.

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La hagiografía italiana destaca su rigurosa penitencia; se dice que vestía un solo hábito remendado durante años y que dormía apenas unas horas sobre un madero. Fuentes en inglés relatan que Dios lo dotó de carismas extraordinarios, como la levitación y la bilocación, pero su mayor prodigio era su capacidad de leer los corazones en la confesión. Un milagro célebre narra que, en pleno invierno, hizo brotar flores y frutos en el huerto del convento para consolar a un hermano enfermo, demostrando que la naturaleza se somete a quien se somete enteramente a la voluntad divina.

Los milagros atribuidos a su intercesión tras su fallecimiento en 1734 se centran en la curación de enfermedades incurables y la multiplicación de alimentos para los necesitados de los barrios españoles de Nápoles. Los registros históricos mencionan que su presencia traía la paz a las familias en conflicto y que sus consejos evitaban ruinas económicas. Tras su muerte, su tumba en la iglesia de Santa Lucía al Monte se convirtió en un faro de esperanza, donde se reportaron favores espirituales relacionados con la conversión de pecadores obstinados.

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La devoción actual a San Juan José de la Cruz lo posiciona como el patrono de los que sufren carencias materiales y de los que buscan la humildad de espíritu. En la liturgia, se resalta su papel como reformador, pues supo revitalizar la regla de San Francisco con un celo renovado por la pobreza evangélica. Los fieles recurren a él para pedir la gracia de la sencillez y para obtener fortaleza en los momentos de desolación espiritual, recordando que su alegría no dependía de las comodidades del mundo, sino de su unión con la Cruz de Cristo.

La oración dedicada a este santo suele pedir la capacidad de ver a Dios en los más pequeños. Los devotos suelen rezar: "Señor, que por la intercesión de San Juan José de la Cruz, aprendamos a despojarnos de nuestra soberbia para servirte en los pobres". Es común invocarlo para pedir por la salud de los enfermos crónicos y para que los líderes religiosos mantengan siempre el espíritu de servicio y desapego, siguiendo el ejemplo del santo que, siendo superior, prefería realizar las tareas más humildes de la cocina y la limpieza.

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Junto a este santo franciscano, el santoral católico recuerda hoy a San Teófilo de Cesarea y a San Adriano de Cesarea. Esta semana ha sido marcada por la nobleza de San Casimiro ayer y continuará mañana con Santa Coleta de Corbie. El próximo 7 de marzo, la Iglesia celebrará la solemnidad de las Santas Perpetua y Felicidad, uniendo los testimonios de los reformadores modernos con la sangre de los mártires de la Iglesia primitiva.

En la Ciudad de Buenos Aires, puedes recordar su legado y pedir su intercesión en la Basílica de San Francisco, en el casco histórico (barrio de Montserrat). En este templo, corazón de la espiritualidad franciscana en Argentina, los fieles pueden meditar sobre el desapego material de San Juan José y buscar en su figura la inspiración para vivir una fe más auténtica y solidaria con quienes más sufren en la gran ciudad.