ECONOMIA
CÍRCULO ROJO

“El objetivo es la eliminación de la clase media”: el duro diagnóstico de las pymes sobre el plan de Luis Caputo

Si bien el círculo rojo valora el ordenamiento macroeconómico, un bloque creciente de empresas denuncia que el plan Caputo destruye la microeconomía. Entre la asfixia tributaria, la caída del consumo y una apertura comercial cuestionada, los industriales advierten por un objetivo oculto: “la eliminación de la clase media”.

Industria
Roberto Rojas: “Estamos asistiendo a lo que sería un industricidio” | Cedoc

Un bloque cada día más grande de empresas denunció que la paradoja de dos velocidades que generó el plan económico del Gobierno de Javier Milei amenaza con fracturar el tejido social y productivo del país. Existe un consenso en el sector privado de valorar el ordenamiento de las variables macroeconómicas, como modo de blindar el proceso antiinflacionario y la quita de burocracia al sistema estatal. Pero la ausencia de “diálogo” y de “consensos”, y el abierto “desprecio” por la creación y aplicación de un modelo de generación de empleo a través del sector productivo, alineó a muchos actores clave del círculo rojo, que ven en el diseño del ministro Luis Caputo un objetivo único: “la eliminación de la clase media”.

En las usinas productivas del interior y los parques industriales, el diagnóstico sobre la economía real expuso una profunda preocupación por el deterioro del nivel de actividad. Empresarios de distintos rubros coincidieron en que transitan un “cuello de botella asfixiante”, derivado de un aumento sostenido de costos operativos y logísticos que chocó de frente contra la severa retracción del consumo.

“Las empresas nacen y mueren”: la resignación del establishment ante la asfixia impositiva y la única puerta de salida del Gobierno

En el sector advirtieron que “la estructura y la fortaleza de las pymes se ha resentido bastante”, dado que el “pase a precios ha sido muy limitado”. Al no existir un poder adquisitivo que acompañe la evolución de la inflación, las fábricas debieron absorber las pérdidas, licuando su capital de trabajo y generando una capacidad ociosa que puso en jaque la continuidad de miles de negocios.

Frente a este escenario, el presidente de la empresa alimenticia INCA y titular del Movimiento Nacional Pyme (Monapy), Alejandro Bestani, reconoció como positivo el esfuerzo por domar los precios, ya que “evolucionar económicamente con mucha inflación es casi imposible”, pero exigió salir del dogmatismo financiero. En declaraciones a Radio Con Vos, el dirigente aclaró que el ordenamiento de la macroeconomía es condición necesaria pero no suficiente. Con una elocuente metáfora médica, ilustró el error de gestión del oficialismo: “Esto es pretender que el cuerpo esté sano porque solamente atendés los huesos y todo el resto no importa. La economía es un conjunto, tenés que trabajar sobre las dos variables”.

El impacto en la clase media y la reforma laboral

La desatención de la variable microeconómica es leída por el establishment productivo no como un daño colateral, sino como un ataque directo a la movilidad social ascendente. Mientras el modelo libertario pondera como ganadoras a actividades extractivas o financieras que “generan el 20% del empleo, con toda la furia”, deja a la deriva a las pequeñas y medianas empresas, responsables históricas de dinamizar el mercado interno. En este punto, Bestani —quien también encabeza el Departamento de Economía, Desarrollo Regional y PyMEde la COPAL—fue categórico al definir la gravedad del rumbo adoptado por el Palacio de Hacienda y su impacto demográfico: “El aporte nuestro fundamental es a la clase media, porque se logra con empleo y eso es lo que no estamos pudiendo generar en estas condiciones”.

Movimiento Nacional Pyme Monapy 20260313
Bestani encabeza preside la empresa alimenticia INCA y el Mo Nacional Pyme (Monapy)

Este ninguneo institucional quedó cristalizado durante el tratamiento de la reciente reforma laboral, una normativa que el tejido pyme consideró estéril por haber sido redactada a espaldas de los verdaderos generadores de empleo. Desde distintas cámaras industriales denunciaron que no existió una consulta “específica, seria y sistemática” a las bases empresarias. Por el contrario, señalaron que el Gobierno terminó negociando “por la misma gente que la ha hecho siempre”: los grandes estudios jurídicos, el sindicalismo tradicional y los funcionarios del Estado que “siempre han decidido lo mismo”. Para el sector, el resultado es una ley que ignora las verdaderas trabas que impiden la contratación formal en el país.

Asfixia tributaria y la trampa de la globalización

El nudo ciego para la creación de puestos de trabajo no radica en la rigidez de los despidos, sino en el esquema de asfixia tributaria que castiga a quien produce. El análisis exhaustivo de las organizaciones empresarias determinó que la principal variable para traccionar contrataciones debe ser la reducción significativa de las cargas sociales.

“Si vos pagás entre 55% y 60% de cargas sociales, por cada dos trabajadores pagás tres sueldos. O sea, nosotros pagamos tres sueldos por la productividad de dos personas”, graficó Bestani, para luego sentenciar: “No podemos contratar gente así. No se van a contratar”. Mientras este esquema no se modifique, advierten que será imposible formalizar a ese “océano” que representa entre el 40% y el 50% de la economía que opera en la marginalidad.

Con caídas récord en la actividad, empresarios de diez provincias reclamaron la emergencia industrial

A la presión impositiva y la recesión interna se le suma una política de apertura comercial que los industriales leen a contramano de la historia. Mientras las potencias globales avanzan en políticas de reshoring —volver a fabricar dentro de sus fronteras lo que se había dejado de producir— para blindar su mercado, la Argentina empuja una globalización indiscriminada.

Desde el sector advirtieron que sustituir producción nacional con importaciones es “una locura” que terminará presionando sobre la demanda de dólares. “La globalización es, en realidad, una batalla de cada país por fijar el empleo y los salarios en su país”, definió Bestani, y remató: “Lo peor es que estamos importando salarios de otros países y los perdemos acá”.

Crédito reprimido y la salida del Excel

El apalancamiento financiero, la herramienta clásica para atravesar los ciclos recesivos y apostar a la expansión, es hoy otra puerta cerrada para la economía real. Las bases empresarias describieron que el acceso al crédito bancario productivo es, en la práctica, “imposible”. Esta sequía de fondos mantiene congelado lo que en la industria bautizaron como el “Stock de Proyectos Reprimidos” (SPR), una infinidad de planes de inversión, ampliación de líneas y contratación de turnos adicionales que las pymes tienen estructurados pero que no pueden viabilizar. Sin un sistema financiero al servicio de la producción y con un consumo interno deprimido, la inversión privada que el Gobierno espera se vuelve una utopía.

Industria

La hoja de ruta propuesta por los industriales exige abandonar la rigidez del Excel y dotar al plan económico de pragmatismo productivo. El reclamo central apunta a “soltar un poco algunas variables” para evitar que la paz cambiaria y el déficit cero se logren a costa del cierre definitivo de persianas.

Cuestionaron, además, que el dólar contenido genera una inflación en moneda dura que aniquila por completo la competitividad exportadora del país. “Tal vez hablar menos de la inflación, digerir un poco más, algún punto más de inflación, pero con más nivel de actividad”, propuso Bestani como salida de emergencia, convencido de que esa flexibilización “probablemente se compense con más empleo y más recaudación”. “No hay magia en esto”, aclaró.

DCQ