La industria metalúrgica argentina atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años. Con fábricas operando en torno al 40%, caída de la actividad, empleo bajo presión y un mercado interno debilitado, el sector se mueve en una zona de supervivencia.
El último informe de ADIMRA (Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina) confirmó el deterioro: en febrero la producción se desplomó 10,3% interanual y acumuló una baja de 8,2% en el primer bimestre. La capacidad instalada cayó al 40,2%, el nivel más bajo en cuatro años, mientras que el empleo retrocedió 1,8%. A esto se suma una señal preocupante hacia adelante: seis de cada diez empresas no esperan mejoras en el corto plazo.
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En ese contexto, los testimonios de siete referentes industriales de distintas ramas y regiones trazan una radiografía común: caída de la demanda, presión de importaciones, costos elevados y una creciente dificultad para sostener las estructuras productivas.
Hernán Zubeldía: recuperación frustrada y competencia imposible
El sector venía de un 2024 muy malo y había comenzado a mostrar señales de rebote en 2025, pero ese proceso se interrumpió. “El 2025 arrancó como un buen año en Expoagro, con una recuperación del 15%, y proyectábamos recuperar arriba del 30%, pero el segundo semestre hizo que se pierda lo que se había recuperado en el primero”, explicó Ariel Zubeldía.
Para 2026, reconoció mejores condiciones productivas —clima, cultivos y financiamiento—, pero advirtió que el problema estructural sigue intacto: la falta de competitividad frente al exterior. “Tenemos la cancha completamente desnivelada con Brasil, con costos entre un 30% y 40% más altos”, sostuvo.
El foco de alerta, sin embargo, está en China. “No podés competir contra un modelo de país que subsidia exportaciones y tiene un mercado interno de 1.500 millones de habitantes”, afirmó, tras señalar la creciente presencia de maquinaria china en el mercado local.
Elio del Re: “Es caída tras caída” y el freno del consumo
El actual presidente de ADIMRA, Elio del Re, sintetizó el momento con crudeza. “Lamentablemente febrero fue un mes con números negativos. Ocho de los sectores nos dieron caída”, explicó, en línea con el informe que mostró retrocesos generalizados.
El dirigente advirtió que el deterioro no es coyuntural, sino acumulativo. “Cuando comparamos 2026 contra 2025 da caída, pero también 2025 contra 2024. Es caída tras caída”, remarcó.
Para Del Re, el problema central está en la demanda. “La caída del consumo es muy fuerte y termina afectando tanto a los productos nacionales como a los importados”, señaló. Y dejó una definición clave: “Para que haya compradores tiene que haber salario. Si no, el consumo sigue cayendo”.
Fabián Solis: Mendoza al 45% y sectores tractores en retroceso
En Mendoza, la situación refleja el deterioro general, pero con agravantes propios. “La capacidad instalada ronda el 45%, un nivel muy bajo histórico para la industria metalúrgica de la provincia”, explicó Fabián Solis.
El empresario detalló que la caída acumulada de la producción en los últimos años alcanza el 21% y apuntó a la pérdida de dinamismo de sectores clave. “El petróleo y gas era un eje tractor muy importante y nos afectó el retiro de pozos maduros de YPF”, indicó.
También mencionó el impacto de la obra pública y otras actividades. “Tenemos un 50% menos de obra pública nacional y sectores como vitivinicultura o agroindustria están muy golpeados, dejaron de invertir”, señaló. En ese contexto, muchas empresas pasaron de fabricar maquinaria a realizar tareas de mantenimiento.
Gustavo del Boca: competitividad e impuestos que definen el negocio
Dentro del universo metalúrgico, la maquinaria agrícola aparece como uno de los segmentos menos afectados, en parte por la estacionalidad de la cosecha. Aun así, el escenario es complejo.
“Es el sector que menos está sufriendo, pero la situación es delicada”, sostuvo Gustavo del Boca. Y apuntó a un eje central: la competitividad.
“Tenemos que competir, pero en igualdad de condiciones. Hoy eso no pasa”, afirmó. En su análisis, la presión impositiva sigue siendo un obstáculo determinante. “Un impuesto como el débito y crédito del 1,2% es una fortuna. En el mercado internacional, el 1% o el 2% te define un negocio”, explicó.
También destacó el rol de las pymes industriales: “Muchos venimos invirtiendo hace años en el país. Hay que defender la industria”.
Ivana Taborda: industria, empleo y el riesgo social
El deterioro productivo empieza a tener un correlato social que preocupa. Ivana Taborda puso el foco en el vínculo entre industria y empleo.
“Un país necesita una política de desarrollo productivo que se mantenga en el tiempo. Cuando las reglas son claras, invertimos y generamos tecnología”, sostuvo.
Pero advirtió sobre las consecuencias de la situación actual: “La clase media se sostiene en la industria. Cuando la industria cae, empiezan a verse niveles de desempleo que pueden ser cada vez peores”.
Además, alertó sobre la dificultad de sostener estructuras con niveles tan bajos de actividad: “Cuando la capacidad instalada cae tanto, llega un momento en que es muy difícil sostenerlo”.
Marcelo Miron: fábricas al 40% y crítica a la apertura
Marcelo Miron describió un escenario en línea con los datos de la cámara, pero con un agregado: el impacto territorial. “Hay una merma de más del 10% a nivel país y en Buenos Aires llega casi al 14%”, señaló.
Sobre la actividad, fue contundente: “Tenemos un nivel de ocupación de máquinas en el orden del 40%, uno de los pisos históricos”.
También cuestionó el enfoque macroeconómico. “No compartimos que bajar la inflación sea la única meta. Hay que ver las maneras de hacerlo”, planteó. En su visión, la apertura comercial actual busca contener precios, pero tiene un costo alto: “Impacta fuerte en los cordones industriales”.
Aun así, dejó una postura equilibrada: “No se trata de cerrarse al mundo, sino de integrarse de manera inteligente”.
Pablo Gaspari: pérdida de cadena de valor y “engaño” de importaciones
Desde el sector de fundición, uno de los más golpeados, Pablo Gaspari advirtió sobre un problema estructural más profundo: la desindustrialización.
“Tenemos un 60% de capacidad ociosa, niveles similares a la pandemia”, afirmó. Pero su principal preocupación está en cómo cambia el perfil productivo.
“Hoy no se importan insumos, se importan productos terminados. Eso rompe la cadena de valor”, explicó. Y describió una transformación silenciosa: “El fabricante termina siendo importador y parece que la actividad se mantiene, pero en realidad se pierde industria”.
En ese sentido, fue crítico del esquema actual: “El dólar barato y el producto importado son un engaño para bajar la inflación rápido. Después, cuando no haya trabajo, el problema va a ser mucho más grande”.
Una realidad compartida: atravesar la fase crítica
La suma de estos testimonios muestra un diagnóstico compartido: la industria metalúrgica atraviesa una fase crítica, donde la combinación de demanda débil, costos altos y competencia externa redefine las reglas del juego.
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Con la actividad en caída, las máquinas semiparadas y sin señales claras de recuperación, el desafío inmediato ya no es expandirse. Es, simplemente, resistir. Mantener abiertas las fábricas en este contexto se volvió, para muchas empresas, una verdadera odisea.
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