ECONOMIA
Política monetaria

El Gobierno liberó al dólar de los $1.500: una nueva estrategia que amenaza las tasas y la inflación

La defensa de ese nivel había obligado a restringir la liquidez, encareciendo el crédito y afectando la actividad. El nuevo equilibrio será puesto a prueba por la menor oferta estacional de divisas, una posible mayor dolarización y la necesidad de acumular reservas.

Dólares
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El Gobierno aflojó el techo informal de $1.500 para el dólar después de varias semanas en las que sostener ese nivel obligó a restringir la liquidez y empujar las tasas de interés a la suba, una combinación que tuvo su impacto en el crédito y la actividad. Con el dólar mayorista ya por encima de esa referencia, la estrategia económica entra en una nueva etapa: el Ejecutivo gana margen para descomprimir las condiciones monetarias, pero acepta a cambio una mayor volatilidad cambiaria y el riesgo de que el movimiento termine trasladándose a la inflación.

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El cambio comenzó a hacerse visible sobre el cierre de agosto. Ignacio Morales de Wise Capital señaló que el dólar terminó el mes en $1.508,50, después de acumular su quinta suba mensual consecutiva, mientras que GMA Capital sumó que el mayorista llegó a tocar los $1.535 luego de varias semanas en las que la prioridad había sido mantenerlo debajo de $1.500. Para esta última consultora, la decisión refleja una recalibración: el objetivo dejó de ser defender un precio puntual para pasar a administrar el equilibrio entre dólar, tasas y reservas.

Por su parte, Leo Anzalone, economista de CEPEC, planteó a PERFIIL una lectura similar y sostuvo que el movimiento debe entenderse más como una decisión de política económica que como una obligación. Durante semanas, explicó, contener el mayorista debajo de $1.500 implicó convivir con una liquidez cada vez más ajustada y con tasas de corto plazo crecientes. “Permitir que el tipo de cambio se moviera por encima de $1.500 le da mayor flexibilidad al mercado cambiario y, al mismo tiempo, permite descomprimir las tasas”, afirmó.

pesos argentinos y dólares
El Gobierno aflojó el techo informal de $1.500 para el dólar

Paralelamente, la consultora C-P había advertido precisamente sobre esa tensión antes de que el Gobierno comenzara a flexibilizar su postura. En un informe sostuvo que la estabilización del dólar alrededor de $1.500 se había convertido, en los hechos, en un objetivo central de la política monetaria y que para defenderlo el Ejecutivo había reducido el ritmo de compra de reservas, aumentado la intervención en futuros y endurecido la liquidez del sistema financiero.

El costo de defender los $1.500 empezó a sentirse en las tasas y el crédito

El problema fue que ese apretón no quedaba limitado al mercado cambiario. C-P explicó que las restricciones de liquidez presionaron primero sobre las tasas de corto plazo, como la caución y los REPO a un día, que funcionan como referencia para el fondeo bancario y terminan repercutiendo sobre el costo del crédito a las empresas. La TAMAR también subió tres puntos porcentuales respecto del promedio de junio, en un escenario en el que la recuperación del financiamiento comenzó a enfrentar mayores obstáculos.

Tasas de interés seleccionados
El problema fue que ese apretón no quedaba limitado al mercado cambiario.

Pablo Moldoban, economista de C-P, comentó a PERFIL que después de casi un mes el BCRA finalmente inyectó liquidez y “aflojó el apretón monetario” porque los costos de sostener aquel nivel cambiario se habían vuelto demasiado elevados, en particular frente a los problemas de actividad, crédito y endeudamiento de las familias. La reacción fue una combinación diferente: un dólar por encima de $1.500 y tasas algo más bajas, aunque advirtió que la última licitación del Tesoro todavía convalidó rendimientos superiores a los previos al endurecimiento monetario.

Los números relevados por GMA Capital muestran la magnitud de ese cambio. Mientras el Gobierno defendía el techo informal, la caución llegó a un máximo intradiario de 37,5%, pero luego de permitir un mayor movimiento del dólar retrocedió hasta 20,7%. La Lecap a 30 días y la TAMAR también mostraron una mayor estabilidad y cerraron en 25,2% y 25,1%, respectivamente. Para la consultora, no se trató de abandonar los objetivos del programa sino de administrar con mayor flexibilidad las tensiones entre las distintas variables.

Más libertad para el dólar, pero también más riesgo de inflación

La contracara de aliviar las tasas es aceptar que el dólar tenga más margen para avanzar. Anzalone explicó que el desafío del Gobierno será encontrar un nuevo equilibrio: contener demasiado el tipo de cambio mediante tasas altas y una liquidez excesivamente restrictiva puede profundizar los problemas del crédito y la actividad, mientras que permitir una mayor depreciación reduce esa presión monetaria pero abre un potencial impacto sobre los precios.

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El propio informe de C-P plantea el mismo dilema para los próximos meses. Una nueva intensificación del apretón permitiría sostener tasas compatibles con una menor depreciación, pero podría agravar el deterioro del crédito y de la economía; en sentido contrario, tolerar una suba mayor del dólar podría aumentar las presiones inflacionarias, deteriorar los ingresos reales y agregar dificultades al frente fiscal.

Por ahora, la reacción cambiaria no mostró un movimiento disruptivo. Según Cohen, el tipo de cambio oficial avanzó 1% en la última semana y terminó en $1.513, mientras que el MEP cerró en $1.537,5 y el contado con liquidación en $1.601,7. Wise Capital tampoco espera un salto abrupto: indicó que los contratos a término ubican al dólar en $1.536,50 para fines de septiembre, en medio de una depreciación que el mercado proyecta como moderada.

La respuesta del mercado se apoyó además en una buena perspectiva sobre el dato de inflación de agosto. Tras el 2,1% de julio, el REM y las consultoras privadas convergen en torno al 1,8% mensual, con un cierre de año cerca del 30%. Sergio Gonzalez, CFA Responsable de la Oficina de Inversiones de Cohen Aliados Financieros, mencionó que "ese anclaje es lo que permite convalidar tasas más bajas sin que el traslado a precios devuelva el problema". El mercado tampoco está descontando un salto: los futuros cerraron agosto en $1.536,5 para fin de septiembre y $1.621 para diciembre, y el REM proyecta $1.652, es decir una depreciación interanual del orden del 14%.

Septiembre y octubre pondrán a prueba el nuevo equilibrio

El margen para sostener esa combinación será puesto a prueba rápidamente. Moldoban advirtió que septiembre y octubre suelen ser los meses más complicados para el dólar, porque la baja estacional de la oferta agropecuaria coincidirá este año con una demanda de ahorro que ya parte de niveles elevados y con menores colocaciones de deuda financiera privada. Por eso espera que continúen las tensiones tanto sobre el tipo de cambio como sobre las tasas.

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Anzalone también anticipó un último cuatrimestre más volátil que la primera parte del año. A la menor oferta estacional de divisas sumó una posible mayor demanda de cobertura y el peso creciente del escenario electoral sobre las decisiones de cartera. Desde Bitso, Julián Colombo observó un fenómeno similar desde el comportamiento de los usuarios: sostuvo que no aparece una reacción de pánico, pero sí una tendencia histórica hacia una mayor dolarización en períodos electorales, al tiempo que la baja de las tasas en pesos y el avance gradual del dólar reducen el diferencial que hacía más atractivo permanecer en moneda local.

El informe de C-P advierte que ese escenario podría mantener durante más tiempo condiciones monetarias restrictivas. La menor oferta estacional del agro obliga a recurrir con mayor intensidad a las condiciones financieras para sostener el equilibrio cambiario, mientras aumenta el riesgo de menores flujos financieros y de una dolarización más temprana de las carteras de cara al proceso electoral de 2027.

Las reservas aparecen como el otro límite de la estrategia

El tercer elemento del nuevo equilibrio serán las reservas. Cohen informó que el BCRA compró u$s257 millones en la última semana, con un promedio de u$s51 millones diarios, y acumuló u$s723 millones durante agosto y u$s14.060 millones en el año. Sin embargo, las reservas brutas terminaron en u$s49.791 millones, después de retroceder u$s869 millones durante la semana, mientras GMA Capital marcó que el ritmo promedio de compras cayó desde u$s93 millones diarios en julio a u$s35,6 millones en agosto.

Compra de divisas del BCRA
El tercer elemento del nuevo equilibrio serán las reservas.

Para Anzalone, la diferencia frente a otros períodos es que el Banco Central llega al último tramo del año con una estrategia de acumulación de reservas ya instalada y un colchón mayor. El desafío, señaló, será mantener esa compra de divisas cuando aumente la demanda y evitar que las reservas acumuladas terminen utilizándose para afrontar vencimientos del Tesoro. Moldoban coincidió en que esas compras brindan algo más de espalda para enfrentar compromisos de deuda a comienzos del próximo año.

Así, haber dejado atrás el techo informal de $1.500 no implica necesariamente un cambio de régimen, sino una modificación en la forma de administrar sus costos. El Gobierno aceptó un dólar más alto para darle aire a la liquidez y aliviar las tasas, pero ahora deberá sostener ese equilibrio frente a una menor oferta de divisas, una posible mayor dolarización y la necesidad de seguir acumulando reservas. Como sintetizó Anzalone, se trata de la búsqueda de “un nuevo equilibrio cambiario y monetario”: menos presión sobre el crédito a cambio de admitir que el dólar tenga mayor libertad para moverse.

GZ / lr