ECONOMIA
Perspectivas 2026

Hoja de ruta 2026: una pared de deuda, vuelta limitada a los mercados, un Washington con más favoritos y un FMI más duro

Un tablero geopolítico que empieza a mutar, en el que se diluye la excepcionalidad del caso argentino ante los ojos de EE.UU. Una escena que podría también obligar al equipo económico a tomar decisiones más pragmáticas.

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Caputo. En una reunión privada con 40 inversores, organizada por el JP Morgan, el ministro de Economía anticipó que realizará modificaciones al esquema cambiario de flotación de bandas. | mecon

Bajo la superficie de una inflación que el presidente Javier Milei busca mostrar controlada en torno al 2%, subyacen desafíos estructurales: una masa de pesos inmovilizada por tasas de encaje récord y un Banco Central que estrena un régimen de actualización cambiaria más inercial. El objetivo es evitar saltos bruscos, pero el desafío principal sigue siendo la acumulación de reservas en un contexto donde el sector productivo enfrenta la combinación de estancamiento interno y competencia importada. Sin embargo, en los monitores de Economía la prioridad es la deuda.

La "pared" de deuda

El calendario financiero para 2026 arranca con una prueba de estrés inmediata que marcará el pulso del verano. El 9 de enero vencen USD 4.300 millones de cupones de Bonares y Globales para los que el titular de Economía logró articular una ingeniería financiera que le aseguró USD 1.000 millones vía emisión de deuda en el mercado local y otro instrumento (sea un swap o un REPO) para lo restante. Si bien el Tesoro asegura tener los dólares, el mercado mirará con lupa qué herramienta utilizará finalmente.

Según el informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC) la carga total en moneda extranjera para el año asciende a USD 19.570 millones. A esta montaña de dólares se suma un desafío en moneda local: los vencimientos en pesos rozan los $194 billones, exigiendo un roll-over constante.

Jorge Carrera, economista y ex vicepresidente del BCRA, advirtió sobre las limitaciones estructurales para refinanciar estos pasivos en el mercado voluntario. "Al margen del optimismo, el tamaño de la deuda con el Fondo y los multilaterales convierte a los bonos en deuda 'junior', es decir, más sujeta a reestructuración si ocurriera un evento negativo", graficó. Por eso, la estrategia oficial depende vitalmente de replicar el éxito del blanqueo de capitales para engrosar la oferta de dólares, dado que el acceso a los mercados internacionales será, según Carrera, "muy limitado".

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Para el titular de la consultora EpyCA, Martín Kalos, por la lógica de las reestructuraciones de la deuda que se hicieron en 2026 hay más montos a pagar ya que, según los planes de gobiernos pasados, es el punto al que “tenía que llegar con el país en mejores condiciones para el repago, pero esas características aún no son ideales”. “El riesgo país es un elemento clave en ese sentido, porque si continuara bajando de la mano de alguna emisión de deuda que empiece a generar confianza en el sistema general de instrumentos de deuda argentina puede ayudar”, señaló a PERFIL.

Por el carril de la moneda local, el desafío de la Secretaría de Finanzas no es menor. Según las proyecciones de la OPC, los vencimientos netos en pesos para 2026 rozan los $194 billones, una cifra que exigirá una muñeca financiera precisa para garantizar el roll-over constante y evitar que esa liquidez se vuelque al dólar. Kalos advirtió que esta "montaña" tiene una explicación técnica con un fuerte costo fiscal: "En 2026 empiezan a pesar las emisiones de Milei que capitalizaron intereses; al no registrarse como pagados hasta ahora, abultan los vencimientos de 2026 y 2027". Para el consultor, esta dinámica representa una exigencia extra equivalente a un punto del PBI para el repago de deuda en pesos, una "herencia" de la propia ingeniería libertaria que obligará al Tesoro a conseguir financiamiento genuino en un mercado local ya saturado.

El nudo cambiario: cepo, FMI y la promesa postergada

El frente más complejo para 2026 no es solo financiero, sino político-cambiario. Existe una tensión latente entre tres vértices que no terminan de encajar: la promesa incumplida de levantar el cepo, la estrategia antiinflacionaria del Gobierno y las exigencias del Fondo.

Milei había prometido que para enero de 2026 el cepo cambiario sería historia. Sin embargo, las restricciones para personas jurídicas y el control de capitales siguen vigentes. La apertura total se postergó, priorizando la estabilidad de corto plazo sobre la normalización prometida.

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Choca la visión oficial con la de Washington. El FMI, en su Staff Report, presiona por una política cambiaria más flexible que evite un atraso excesivo y garantice la acumulación de reservas. El organismo ve con preocupación un tipo de cambio que, utilizado como ancla nominal para bajar la inflación, pueda perder competitividad rápidamente. La exigencia técnica del Fondo es un tipo de cambio más alto (real) para asegurar que los dólares comerciales entren y se puedan pagar las deudas.

El nuevo esquema cambiario, basado en una actualización más inercial, le permite al BCRA validar una apreciación gradual del peso. Para el equipo económico, "mover" el dólar por debajo de la inflación es la herramienta clave para converger a índices de precios de un dígito bajo, aun a costa de tensar la cuerda con el Staff del Fondo y con los exportadores.

"El Gobierno tiene bajo control la devaluación hoy, pero no hay espacio para apreciar mucho más la moneda sin afectar la cuenta corriente", advirtió Kalos. El riesgo es que, al mantener el cepo para sostener este dólar "barato", nunca lleguen las inversiones genuinas que no dependen del carry trade, sino de reglas claras de salida. Será tema de la próxima revisión en la que el Gobierno irá a renegociar el acuerdo, en febrero.

El fin de la excepcionalidad política

La relación con el Tesoro de los Estados Unidos será el otro gran driver. El "salvataje" previo a las elecciones y el acuerdo comercial están frescos, pero el futuro depende de las condiciones que hayan para consolidar el vínculo, más allá del amiguismo de Trump con Milei.

El triunfo de Trump y la generalización de gobiernos de derecha en la región (Bolivia, Chile) le quitan a Milei el aura de caso único. "Con los funcionarios del Fondo, muy influenciados por el Tesoro, esa relación va a volver más a la normalidad; los técnicos van a tener más espacio para hacer lo que ellos creen", sentenció Carrera.

Esa "normalidad" podría implicar mayor presión para las condiciones acordadas. El Staff Report tiene una serie de reformas estructurales y metas fiscales que Argentina pactó para 2026:

-Reforma previsional: el Ejecutivo se comprometió a presentar al Congreso una propuesta de reforma integral del sistema de pensiones durante el transcurso de 2026 para "simplificar el sistema y mejorar la sostenibilidad".

-Metas de reservas: El objetivo es pasar de una posición vendedora a una acumulación acelerada. La meta de Reservas Internacionales Netas (NIR) proyectada para el cuarto trimestre de 2026 es de USD 8.400 millones positivos, un salto cuántico respecto al arranque del año.

-Impuestos a exportaciones: La prometida reducción de retenciones a productos agrícolas clave (excluyendo soja y maíz) se patea hacia adelante, extendiéndose hasta marzo de 2026.

"Va a haber una agenda comercial con Trump, y Argentina podría beneficiarse en un mundo de aranceles cruzados, pero el FMI pedirá waivers por las metas de reservas incumplidas", apuntó Kalos, destacando que, pese a los desvíos, la "coincidencia ideológica" en lo fiscal sigue siendo el ancla del acuerdo.

La economía real en el freezer

Mientras la macroeconomía financiera intenta ordenarse en las planillas de Excel, la economía real enfrenta sus propios fantasmas. Un dato que preocupa es la enorme masa de dinero inmovilizada en el sistema financiero. Según Kalos, el aumento de la tasa de encaje bancario al 53,5% genera una "gran cantidad de pesos inmovilizados" a niveles inusitados.

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"Eso no es sano para una economía estable y va a tener que corregirse gradualmente", explicó el titular de EpyCA. Esta falta de liquidez, sumada a tasas de interés que aún deben bajar, pone un freno de mano a la reactivación del crédito.

Por último, el sector productivo aparece como el gran olvidado. La combinación de un mercado interno recesivo y una apertura comercial con tipo de cambio apreciado actúa como un "subsidio a la producción extranjera". Si no se ajustan los incentivos, el escenario para 2026 advirtió Kalos, no es de rebote, sino de transformación dolorosa: "Vamos a seguir viendo cierres de empresas o reconversiones hacia la importación". Con las anclas de la recesión y los salarios sosteniendo la estantería financiera, el Gobierno se prepara para un año donde el éxito se medirá en si logra o no saltar la pared de deuda de enero, mientras la "economía de la calle" sigue esperando.

AM/ML