El 14 de julio de 1789 se produjo la histórica Toma de la Bastilla en París, acontecimiento que simbolizó el colapso del absolutismo monárquico y dio comienzo a la Revolución Francesa. En medio de este proceso que pregonaba la igualdad y la libertad ciudadana, emergió la figura de Marie Gouze, conocida bajo el pseudónimo de Olympe de Gouges, una de las primeras intelectuales en denunciar la exclusión sistemática de las mujeres de los nuevos derechos civiles decretados por la Asamblea Nacional.
Nacida en Montauban en 1748, de Gouges se trasladó a París en la década de 1770, donde adoptó su nuevo nombre y comenzó una activa carrera literaria y dramatúrgica. Sus primeras obras teatrales abordaron temáticas sociales disruptivas para el Antiguo Régimen, incluyendo la abolición de la esclavitud negra en las colonias francesas, una postura que le valió amenazas de prisión y el boicot de la Comédie-Française.
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El estallido revolucionario de julio de 1789 despertó en la escritora un entusiasmo inicial, viéndolo como una oportunidad para reorganizar el orden jurídico francés. Sin embargo, su optimismo se disipó con rapidez al constatar que la célebre Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de agosto de ese mismo año excluía deliberadamente a las mujeres del sufragio y de los cargos públicos.
Ante esta contradicción política, de Gouges publicó en septiembre de 1791 su obra cumbre: la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana. El texto comenzaba con un reclamo categórico hacia los hombres, cuestionando su derecho a oprimir a las mujeres y desarmando la supuesta universalidad del documento oficial emitido por la Asamblea.
La proclama por la igualdad civil y las tensiones políticas
La declaración redactada por la dramaturga constaba de diecisiete artículos que replicaban, en clave femenina, las proclamas de la versión oficial de los hombres de leyes. En su artículo décimo, expuso una de sus frases más célebres, señalando que si la mujer tiene el derecho de subir al patíbulo, también debe tener el derecho de subir a la tribuna política.
El documento exigía el derecho al voto, la participación en el ejército, la igualdad de condiciones en el acceso a las funciones públicas y la reforma del derecho de familia. Entre sus propuestas más audaces figuraba la legalización del divorcio y el reconocimiento de los hijos nacidos fuera del matrimonio, dos demandas que atentaban de forma directa contra la estructura patriarcal de la época.
Sus actividades de debate no se limitaron a la escritura teórica, sino que impulsó la apertura de clubes de mujeres y sociedades patrióticas en la capital francesa. Estas organizaciones funcionaron como espacios donde se discutían leyes de beneficencia, educación pública femenina y reformas en las condiciones de los hospitales de maternidad.

La radicalización de la Revolución Francesa a partir de 1792 arrastró a la escritora hacia el centro de las disputas de facciones en la Convención Nacional. De Gouges se alineó con el sector de los girondinos, caracterizado por sus posturas más moderadas y federalistas, oponiéndose a la violencia desatada por el ala jacobina.
Su posición contraria a la ejecución del rey Luis XVI deterioró su estatus de forma irreversible frente a las autoridades revolucionarias del momento. La autora argumentaba que el monarca derrocado debía ser exiliado en lugar de decapitado, una postura interpretada por los jacobinos como un acto de traición contra la nueva República.
El arresto bajo el Terror y la ejecución en la guillotina
El ascenso al poder de Maximilien Robespierre y la instauración del período conocido como el Reinado del Terror sellaron el destino de la activista. En julio de 1793, de Gouges fue arrestada tras publicar un panfleto titulado Las tres urnas, donde proponía un plebiscito nacional para decidir el sistema de gobierno del país. La acusación formal formulada por el Tribunal Revolucionario la imputó por atentar contra los principios de la República. Durante los meses de cautiverio previos al juicio, se le negó la asistencia de un abogado defensor bajo el pretexto de que su inteligencia era suficiente para defenderse por sí misma en el estrado.
El 2 de noviembre de 1793, el tribunal dictó la sentencia de muerte definitiva, considerando sus escritos políticos como una provocación sediciosa contra el orden público nacional. El dictamen judicial hacía hincapié en que la acusada había olvidado las virtudes que correspondían a su sexo por inmiscuirse en los asuntos del Estado.
La ejecución de Olympe de Gouges se consumó al día siguiente, el 3 de noviembre de 1793, en la plaza de la Revolución de París, donde fue guillotinada ante una multitud. Tras su fallecimiento, las autoridades prohibieron el funcionamiento de todos los clubes de mujeres, clausurando los espacios de debate político femenino en el territorio francés.
Las pertenencias de la escritora fueron confiscadas y sus manuscritos teatrales inéditos resultaron destruidos de forma sistemática por orden del gobierno jacobino. Los registros policiales de la época archivaron el caso como un ejemplo de transgresión social que debía servir de advertencia para las ciudadanas con aspiraciones políticas.
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