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El plan estadounidense

Corolario Trump a la Doctrina Monroe

La Estrategia de Seguridad Nacional de Trump representa un punto de inflexión que desmantela los últimos vestigios del orden liberal post–Guerra Fría e impulsa la dominación hemisférica desplazando a sus competidores estratégicos.

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Captura de Maduro. Renovado intervencionismo militar. | cedoc

La nueva Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) del gobierno de Donald J. Trump se trata de un cambio que viene a desmantelar los vestigios del orden liberal internacional forjado por Washington en la década de 1990. La historiadora Heather Cox Richardson (Boston College), especializada en historia de las ideas, ha señalado que el último documento estratégico publicado (noviembre de 2025) anuncia una reestructuración dramática, que constituye el alejamiento definitivo de los compromisos globales que sustentaban el orden internacional basado en reglas, un sistema que –según la ESN 2025– había minado “el carácter de la nación estadounidense”.

La publicación de la Estrategia de Seguridad Nacional del gobierno de Donald J. Trump representa un punto de inflexión en la política de seguridad internacional de los Estados Unidos. Estructurada en torno al principio America First, la hoja de ruta rechaza la carga para Washington de ser garante del orden mundial, un objetivo que califica de “indeseable e imposible”. Como contrapartida, se focaliza en la seguridad y prosperidad internas, procurando la “restauración y revigorización de la salud espiritual y cultural de los Estados Unidos”.

Comparación con la ESN 2022.

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La nueva Estrategia representa una corrección a lo que describe como “décadas de errores cometidos por las élites de la política exterior estadounidense”. Esta percepción negativa contrasta con la ESN 2022, de la administración Biden, que encomiaba el “liderazgo estadounidense indispensable” para forjar un “orden internacional libre, abierto, próspero y seguro”.

Las divergencias entre ambas estrategias se pueden sintetizar en cuatro ejes:

•China y el “cercenamiento estratégico”: la ESN 2022 divisaba a la República Popular como el “desafío geopolítico más importante” con capacidad de remodelar el orden internacional, por lo que postulaba la necesidad de competir responsablemente. En marcado contraste, la ESN 2025 busca “cercar plenamente a Beijing y revertir de manera integral su proyección internacional”.

•Rusia, Europa y la “autoconfianza civilizatoria”: la ESN 2022 identificaba a Rusia como una “amenaza inmediata y persistente para la paz” debido a su “brutal guerra de agresión contra Ucrania”, prometiendo defender “cada centímetro del territorio de la OTAN”. La ESN 2025, por el contrario, considera el problema ruso como inherentemente europeo. El documento no presenta a Moscú como especial objeto de preocupación y exige a Europa que asuma la responsabilidad de su propia defensa.

•La cuestión del “régimen político”: la Estrategia de Biden refería a la “competición entre democracias y autocracias”, buscando –al menos en lo declarativo– fortalecer la “gobernanza democrática en el extranjero”. La nueva rechaza la imposición de cambios sociales o de régimen político en otros países, procurando alcanzar buenas relaciones y comercio pacífico con naciones cuyos sistemas políticos difieren del estadounidense. El foco estratégico abandonaría el nation-building (aunque veremos qué suerte corre finalmente Venezuela) y se desplazaría hacia un orden de prelación que privilegia la soberanía estadounidense y la seguridad fronteriza.

•Alianzas: la ESN 2022 consideraba las alianzas como el “activo estratégico más importante” de los Estados Unidos. Inversamente, la ESN 2025 se inclina hacia un enfoque que exige el fin del free-riding. En ese marco, conmina a los aliados europeos a asumir la responsabilidad rectora de su defensa, mencionando el “Compromiso de La Haya” de elevar el gasto militar al 5% del PBI.

El “Corolario Trump” en las Américas.

La corrección radical que supone “el corolario Trump a la Doctrina Monroe” se manifiesta, de manera contundente, en la absoluta priorización del hemisferio occidental, considerado crucial para la seguridad y prosperidad de los Estados Unidos.

Este corolario busca afianzar en las Américas una preeminencia sin desafiantes estratégicos, asegurando que el continente: a) sea lo suficientemente “estable y bien gobernado” para prevenir la migración masiva; b) coopere activamente contra el narcoterrorismo y los cárteles; y c) permanezca libre de incursiones extranjeras hostiles o de la propiedad de activos clave por parte de competidores.

La historia: Monroe y el “Corolario Roosevelt”.

Para dimensionar el update a la Doctrina Monroe, conviene remontarse a su genealogía. La doctrina fue enunciada por el 5° presidente, James Monroe, en 1823. Su objetivo era posicionar a la joven nación estadounidense, aprovechando el desplome del imperio español; y advirtiendo que los “continentes americanos” no debían considerarse “sujetos de futura colonización por ninguna potencia europea”.

A principios del siglo XX, el 26° presidente, Theodore Roosevelt, añadió a la citada doctrina decimonónica el corolario que recuerda su apellido. Esto sucedió luego de que potencias europeas (Gran Bretaña, Alemania e Italia) bloquearan los puertos de Venezuela en 1902; y después de que Roosevelt enviara a los marines a la República Dominicana en 1904. Anunciado el 6 de diciembre de 1904, el “Corolario Roosevelt” justificaba la intervención militar estadounidense en países latinoamericanos. Aunque se presentó como una forma de protección, en rigor convirtió a Washington en “gendarme hemisférico”.

El “Corolario Trump” trasciende las implicancias del “Corolario Roosevelt”. No se limita a prevenir agresiones, sino que promete “recompensar y alentar a los gobiernos, partidos políticos y movimientos de la región decididamente alineados con nuestros principios y estrategia”. En ese contexto, la Argentina de Milei aparece como el país de la región con la mayor disposición a aceptarlo. Para el gobierno libertario, la administración Trump constituye el principal sostén para su supervivencia, tal como quedó demostrado en las elecciones del 26/10. En consecuencia, en cualquier plano que se evalúe (económico, político o militar), la subordinación a los Estados Unidos superará todo lo conocido durante el próximo bienio.

Imperialismo informal.

Desde una perspectiva teórica, la ESN 2025, al buscar una preeminencia incontestada en la región y rechazar categóricamente la influencia de competidores estratégicos, se encamina hacia un “ideal regulativo” –una “utopía rectora” diría Frank Hinkelammert– centrado en el modelo del imperialismo informal.

En términos conceptuales, el “imperio informal” constituye un tipo ideal de orden hegemónico que se estructura, como otras relaciones de control y dominación en el sistema internacional, en torno a la jerarquía como principio ordenador. La distinción crucial entre un “imperio informal” y un “área de influencia” –otro de los conceptos a los que se ha apelado con recurrencia desde el inicio del segundo mandato de Trump– reside en la verificación o no de una rivalidad interimperial desafiante.

Un “área de influencia” no excluye la posibilidad de disputas entre diversos actores centrales, lo que se relaciona con la “vulnerabilidad estratégica” de la relación jerárquica. Por el contrario, un “imperio informal” supone la ausencia de una rivalidad imperial que desafíe el predominio del actor central en una determinada región.

El “Corolario Trump” se presenta como un intento de trascender la “esfera de influencia” de Washington para alcanzar relaciones imperiales de carácter informal con los actores subordinados del hemisferio.

El desplazamiento de China.

La primacía bajo el “Corolario Trump” implica, según se aprecia, el desplazamiento activo y coercitivo de China, identificada como un “competidor que busca erosionar la seguridad y prosperidad de los Estados Unidos”. La actual estrategia exige utilizar el apalancamiento financiero y tecnológico para inducir a los países de la región a rechazar la “asistencia extranjera de bajo costo”, exponiendo los problemas ocultos que ella trae aparejada (espionaje, debilidades en materia de ciberseguridad, endeudamiento).

El almirante Alvin Holsey, jefe del Comando Sur hasta mediados de diciembre, fue explícito en febrero de 2025 –en el Capitolio– al señalar que China está “arando terreno fértil” al buscar exportar su “modelo autoritario”, “extraer recursos” y establecer “infraestructura de doble uso” para “proyectar poder, interrumpir el comercio y desafiar la soberanía”.

Dos ejemplos, uno centroamericano y otro sudamericano, ilustran esta lógica de “cercenamiento estratégico”:

1. El Canal de Panamá: el presidente Trump celebró como una “reconquista” el acuerdo alcanzado por un consorcio liderado por BlackRock para comprar al conglomerado CK Hutchison de Hong Kong la mayoría de las operaciones portuarias del canal. Este movimiento se dio en el contexto de un polémico memorando de entendimiento con Panamá que permite el uso de instalaciones militares por parte de tropas estadounidenses.

2. El desplazamiento de China de la Argentina: Holsey destacó ante el Comité de Servicios Armados del Senado que la asistencia militar estadounidense fue “fundamental en la adquisición argentina de 24 aviones F–16 a Dinamarca”, una inversión que “resultó esencial para evitar que China se integrara en el aparato militar de un socio clave”.

Una agenda similar había desplegado su antecesora, la generala Laura Richardson, quien en 2024 le impuso a Milei que quitara cualquier respaldo a la construcción de un puerto multipropósito en Río Grande con capitales chinos; que dejara a empresas de ese país fuera de la competencia por la privatización de la Hidrovía; que cancelara el proyecto Atucha III, que contaba con financiamiento de Beijing; y que frenara la construcción del reactor Carem, un hito en la historia del desarrollo nuclear argentino.

Ejecuciones en el Caribe.

El énfasis en la dominación hemisférica se traduce, asimismo, en un renovado intervencionismo militar y en una proyección de fuerzas sin precedentes.

El objetivo declamado es “enfrentar y derrotar a los carteles latinoamericanos de drogas”, designados por Washington como “organizaciones terroristas internacionales”. Resulta una obviedad, sin embargo, que el nivel de fuerzas desplegado no guarda ninguna relación con una operación de interdicción de drogas.

Más allá de Venezuela, el intervencionismo militar se ha materializado en ejecuciones sumarias en el Caribe y en el Pacífico, como parte de la Operación Southern Spear. Desde septiembre, las fuerzas estadounidenses han llevado a cabo una veintena de ataques contra presuntas “narcolanchas” en aguas internacionales, ocasionando la muerte de un centenar de personas.

Es evidente que el Comando Sur ha traspasado cualquier labor de interdicción para convertirse en un comando de ejecución de individuos, carente de todo interés en cumplir los pasos procesales para llevar narcotraficantes ante la Justicia.

El indulto a Juan Orlando Hernández.

La narrativa de la “guerra contra el narcoterrorismo” en el Caribe se ve socavada por una contradicción flagrante de la administración Trump: el indulto presidencial a Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras, quien cumplía una condena de 45 años de prisión en Hazelton (West Virginia), tras ser declarado culpable de liderar un “narcoestado” y de facilitar el contrabando de hasta 500 toneladas de cocaína hacia los Estados Unidos.

Este grosero doble estándar sugiere, como ha planteado Rebecca Bill Chavez (presidenta del Inter-American Dialogue) que la misión antinarcóticos es en realidad “mucho más selectiva y motivada por razones políticas”; y utilizada para “forzar a otros gobiernos de la región para que apoyen la agenda de Washington”.

La esencia del trumpismo.

En conclusión, la nueva estrategia, con su “Corolario Trump a la Doctrina Monroe”, es una declaración de principios que combina la retracción de Washington como gendarme global con un asertivo intervencionismo regional de pretensiones imperiales. La Estrategia consolida la orientación “etnocentrista, jacksoniana y soberanista” del gobierno de Trump.

El carácter etnocentrista de la ESN 2025 se manifiesta en el rechazo explícito a la migración masiva, al considerar la seguridad fronteriza como el “elemento principal de la seguridad nacional”; y en el rechazo a “ideologías globales como el cambio climático”, buscando preservar la “salud espiritual y cultural estadounidense”. Es jacksoniana porque prioriza la seguridad física y el bienestar económico de la población fronteras adentro, desconfía de los compromisos con alianzas como la OTAN; y exige que los aliados asuman la responsabilidad principal de su defensa, postulando el fin del free-riding. Es soberanista al rechazar categóricamente la erosión de la soberanía por parte de organizaciones transnacionales y la interferencia extranjera.

Este conjunto de criterios impulsa a los Estados Unidos, en definitiva, hacia el “imperialismo informal” como ideal regulativo de sus acciones. Se procura, así, la dominación incontestada del Hemisferio Occidental mediante la expulsión coercitiva de rivales estratégicos y la plena subordinación de las élites periféricas.

*Doctor en Ciencias Sociales (UBA) y profesor de Relaciones Internacionales (UBA-Unsam-UNQ-UTDT).