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evocación necesaria

Literatura y política de Rodolfo Walsh

Ayer se cumplió un nuevo aniversario del nacimiento del periodista y escritor. En esta nota se recuerda la compleja relación entre las dos vocaciones que marcaron su vida.

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El nuevo aniversario del nacimiento del periodista, escritor y militante político Rodolfo Walsh es una oportunidad propicia para recordar algunos aspectos relevantes de su itinerario vital y profesional, del singular entrelazamiento entre literatura y política en su trayectoria.

Nacido en el año 1927 en la provincia de Río Negro, su infancia transcurrió en el sur argentino y en 1941 se trasladó a la ciudad de La Plata para realizar sus estudios secundarios. Luego, cursó por un tiempo la carrera de Letras en la Universidad Nacional de La Plata, pero la abandonó para trabajar en distintos oficios.

Entre 1951 y 1961, trabajó como periodista para distintas revistas y a la vez en la editorial Hachette como traductor. Asimismo, en los años cincuenta, publicó dos antologías de cuentos y en 1953 vio la luz su primer libro, Variaciones en rojo, con tres novelas cortas de tipo policial.

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Walsh parecía en esa época encaminarse a ser un escritor del género policial en su vertiente inglesa (la que recurre a tramas en las que predomina la resolución de un enigma). Sin embargo, el tomar conocimiento de una particular situación relacionada con un conocido hecho histórico cambiaría el rumbo de su vida.

Como es sabido, en 1955, un golpe de Estado terminaría con el gobierno peronista dando origen a la autotitulada “Revolución Libertadora”. Al año siguiente, siendo presidente el general Pedro Eugenio Aramburu, se produjo en el mes de junio un levantamiento armado dirigido por el general Juan José Valle que pronto fracasó y cuya derrota tuvo como consecuencia trágica los conocidos fusilamientos en el basural de José León Suárez. Meses después, en un bar, el autor escuchó la frase que cambiaría su vida: “Hay un fusilado que vive”. Así comenzó la investigación que daría origen a la que es posiblemente su obra más difundida, Operación Masacre.

Walsh identificó a ese sobreviviente como Juan Carlos Livraga, lo entrevistó y descubrió que había otros. Durante meses, se dedicó a rastrear testigos y otros sobrevivientes, siendo el resultado la mencionada obra, publicada primero en un diario marginal y luego como libro en 1957. Como se ha dicho una y otra vez, este texto es considerado como pionero del llamado “nuevo periodismo” o género de “no-ficción”, convirtiéndose en la primera novela testimonial latinoamericana y anticipándose al libro considerado como iniciador del género, A sangre fría, de Truman Capote.

Si bien en un primer momento Walsh había imaginado el narrar los hechos de José León Suárez como una nota periodística muy relevante, ante el silencio generalizado sobre esos sucesos, su texto adquiere características de denuncia.

Recurre en su narración a las habilidades adquiridas anteriormente como escritor de textos policiales, pero aquí ya no se trata de la resolución de un acertijo, sino de una búsqueda de rastros y evidencias reales. Si en sus cuentos policiales los vestigios del asesinato señalaban a personajes ficcionales, los cuerpos esparcidos en el basural de José León Suarez señalan como culpable al Estado.

Como periodista, Walsh apela a las prácticas que abarca el trabajo en la prensa, como ser la consulta de fuentes documentales, la identificación de informantes para construir la argumentación de la investigación, la utilización de la técnica del reportaje y la obtención de testimonios, logrando así la reconstrucción de los hechos para la crónica.

Operación Masacre constituye una forma de narrar original, donde se conjuga lo literario con lo político. Walsh mantiene algunos rasgos del género policial a la vez que los transforma. Él no olvida lo aprendido con respecto a ese género, sino que lo recrea fusionándolo con otro tipo de saberes, dando lugar a una escritura de tipo testimonial, donde se combinan novela, testimonio, reportaje, crónica periodística. De su oficio como escritor de textos policiales y como periodista nace así una nueva y particular forma de relatar.

Luego de un viaje a Cuba donde junto a otros colegas fundó la agencia Prensa Latina, Walsh regresó al país y dio a conocer dos colecciones de cuentos. La primera de ellas, Los oficios terrestres (1965), contiene el que es posiblemente uno de sus cuentos más conocidos, Esa mujer (título que sin nombrarla alude a Eva Perón). En él, se produce un diálogo entre un periodista y un militar de apellido alemán que, aunque no está mencionado, se supone que es Carlos Moori Koenig (quien había liderado un operativo comando que secuestró el cadáver de Eva). El otro libro de cuentos publicados es Un kilo de oro (1967), en el cual está incluido el cuento Los oficios terrestres, que estaba destinado a aparecer en el texto anterior. Precisamente, el mencionado relato, junto con otros dos, es considerado como integrante de los “cuentos irlandeses” del autor, es decir, relatos ambientados en un colegio de curas irlandeses similar al que asistió durante sus años de secundaria.

Por cierto, Operación Masacre no es la única obra literaria de carácter testimonial de Walsh. Otro conocido texto suyo es ¿Quién mató a Rosendo?, libro publicado en 1969, que relata el asesinato del dirigente de la UOM (Unión Obrera Metalúrgica) Rosendo García; libro que surgió a partir una serie de notas publicadas en el semanario de la CGT de los Argentinos, organización sindical a la cual se había vinculado el autor. La investigación de Walsh está centrada en el tiroteo en que murieron tres personas (entre ellos Rosendo García), en mayo de 1966 en una confitería de Avellaneda. El autor realizó una investigación con la ayuda de los testigos sobrevivientes y acusó del crimen al dirigente gremial metalúrgico Augusto Timoteo Vandor.

Como señala el escritor y crítico literario Patricio Pron sobre esta obra: “Al igual que en Operación Masacre, Walsh no se limita aquí a narrar un hecho específico, sino que documenta también las repercusiones de su publicación en la prensa, todo un antes y un después de la noticia que la contextualizan y dan cuenta de que lo más importante para el autor no es el esclarecimiento de un hecho, sino la intervención directa en la política a través del relato de ese hecho. El autor prueba que (…) los disparos provinieron exclusivamente del sector de Vandor. Para probar esto recurre a los testimonios de los supervivientes, pero también a las actas judiciales, que rectifica reconstruyendo las evidencias destruidas por la acción policial, aportando sentido común a las pericias poco rigurosas y a las inconsistencias en los fallos de los jueces”.

Ligada a esta obra, no está de más recordar la supuesta intervención del propio Walsh en el asesinato de Vandor. Según sostiene el mencionado Pron basándose en algunas biografías sobre el autor, este formó parte del grupo que el 30 de junio de 1969, poco después de la publicación del libro, asesinó a Vandor en su oficina (la autoría de este hecho se adjudicó a una organización guerrillera que finalmente terminó integrándose a Montoneros). Esa participación mostraría claramente la evolución que se iba operando en el autor, la compleja relación que en su vida se produjo entre intervención política y actividad literaria.

El tercer texto que formaría una trilogía junto a Operación Masacre y ¿Quién mató a Rosendo? es El caso Satanowsky. Hay que recordar que en la mañana del 13 de junio de 1957 Marcos Satanowsky, abogado y profesor de derecho comercial, fue asesinado en Buenos Aires por tres hombres no identificados. Debido a su trascendencia, el homicidio fue investigado por una comisión especial de la Cámara de Diputados que había reabierto en 1958. Tanto esta investigación como la realizada por Walsh apuntaban a una deficiente actuación judicial, sospechada de encubrimiento, así como a la intervención de personas vinculadas al aparato estatal de inteligencia (nuestro autor consideraba que había una alta probabilidad de que el hecho estuviera vinculado a la propiedad del diario La Razón).

La investigación de Walsh fue originalmente publicada en la revista Mayoría (perteneciente a los hermanos Jacovella, nacionalistas católicos peronistas), revista que había publicado las notas del autor sobre los fusilamientos en los basurales de José León Suárez (base del libro Operación Masacre). A principios de abril de 1958, le propusieron a Walsh la realización de una serie de notas sobre el asesinato de Satanowsky que luego aparecieron entre junio y diciembre de 1958. Cabe aclarar que, si bien las notas periodísticas aparecieron en ese entonces, tomó forma de libro recién en 1973.

Es sabido que Walsh formaría parte de la organización guerrillera Montoneros, a la conducción de la cual, luego del golpe de Estado de 1976, criticaba duramente por el sesgo militarista que la iba apartando del apoyo popular. Es conocida también su “Carta abierta de un escritor a la junta militar”, escrita en 1977, en la cual denunció las atrocidades de la dictadura, la censura, la persecución, la desaparición de personas.

Muy poco después de entregar copias de esa “Carta abierta”, el 25 de marzo de 1977 fue herido cuando se hallaba en el cruce de las avenidas San Juan y Entre Ríos de la Ciudad de Buenos Aires por un Grupo de Tareas de la ESMA. Herido de muerte, fue subido a un auto y secuestrado; su cuerpo aún permanece desaparecido.

En cuanto a la relación específica entre literatura y política en Walsh, cabe resaltar que la mencionada trilogía de textos testimoniales son investigaciones rigurosas, relatos apasionados, denuncias que no se agotan en la crónica, sino que aspiran a transformar la conciencia de los lectores. Puede decirse que nuestro autor llevó al extremo su concepción de la literatura como testimonio, pues no se trataba solo de narrar hechos, sino de hacerlo desde una perspectiva comprometida, consciente de que cada palabra podía obrar como una especie de disparo contra el poder. El testimonio podría verse así como un género literario legítimo, capaz de comunicar, de emocionar, de movilizar.

La relación entre literatura y política en su obra está, por cierto, en tensión, de manera conflictiva, pero a la vez productiva. Sus relatos testimoniales no solo reconstruyen hechos, sino que también cuestionan las versiones oficiales, desnudan las complicidades del poder y proponen una mirada alternativa sobre la historia argentina.

*Licenciado en Letras (UBA) y doctor en Ciencias Sociales (UBA). IG