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ELOBSERVADOR / Mensajes virtuales, efectos reales
domingo 15 septiembre, 2019

Mario Riorda: "Internet genera más pasión política que votos y resultados electorales concretos"

Para el especialista en comunicación, la vida en las redes sociales cambia las prácticas de la democracia. Desde los odiadores a los militantes de Twitter aparece un escenario con particularidades innovadoras.

por Pablo Helman

INOCUO. Todo el furor que circula virtual no tiene gran influencia a la hora de modificar el voto. Foto: Shutterstock.
domingo 15 septiembre, 2019

En las redes hay más pasión que otros efectos. Sin embargo son un nuevo paisaje de lo humano. ¿Hubiera sido posible que existieran de-saparecidos en Argentina en una era con Twitter? ¿Pueden tener efectos de contención de la protesta espacios como Facebook o Instagram? PERFIL conversó con Mario Riorda, para comprender su efecto.

—¿Cuánto inciden las redes, y especialmente Twitter en las pasiones políticas?

—La pregunta habla de pasiones y respondo literal: sobre pasiones. Digo esto porque no hablo de voto ni de movimientos electorales. En ese sentido la incidencia es significativa porque las redes promueven comportamientos tribales que agrupan, retienen y contienen a grupos humanos con los mismos intereses. Y esa contención hace que la tribalización pueda ser entendida como reglas, códigos o normas de consenso y de convivencia interna que superen a las de un consenso general y democrático donde está inmersa esa tribu. Por ende, el efecto de contención muchas veces se da como resguardo o defensa frente a alguna adversalidad externa u otra tribu, lo que hace que la defensa sea emotiva y aliente radicalizaciones, sea mediante ataques o bien como defensas. Y esto tiene consecuencias muy potentes en la democracia porque genera bandos que no solo no dialogan, sino que se hostigan o se desconocen, lo que hace mella en la idea del consenso democrático como modo de convivencia social.

—¿Qué predomina? ¿El odio o la contención de las diferencias?

—No sé si solo es odio. Eso existe y es evidente. Pero más allá de la animadversión o el deseo de dañar al otro, hay filtros ideológicos que muchas veces dejan traslucir la versión menos defendible de las ideologías: los prejuicios o verdades preconcebidas. Sin duda los reductos más extremos en las personas. Pero como las ideologías son verdades precientíficas, no siempre hay conciencia ni racionalidad en ellos, ni malevolencia. Pero como en la vida aún fuera de redes, también hay ironías que se constituyen en trajes de gala de la verdad y formas refinadas de inteligencia, que duelen y son difíciles de aceptar. Hay sinceridades crueles que, descontextualizadas, dañan.

“El efecto de contención muchas veces se da como resguardo o defensa frente a alguna adversalidad externa u otra tribu, lo que hace que la defensa sea emotiva o aliente radicalizaciones”

Hay sesgos sistemáticos que generan percepciones desviadas o enconos sociales. Hay efectos no pensados ni planificados que generan escaladas de reacciones. Hay estrategias políticas, sociales o comerciales para incidir en la opinión pública que intentan generar percepciones o llamados a la acción. Y para peor, todo esto entre muchos hablando a muchos, sin reglas de juego claras y con mucho anonimato.

—Hace un tiempo PERFIL le hizo una entrevista a un opositor venezolano en el que dijo que la ESMA y la represión argentina en general (los desaparecidos) hubieran sido imposibles en la era de las redes sociales. ¿Qué opinión le merece este juicio?

—Es un juicio contrafáctico más verosímil que verdadero. Fueron hechos de un gobierno totalitario y como tal, no revisten comparación con lo que puede suceder en un gobierno autoritario ni mucho menos en democracia. Las democracias iliberales tensionan a cada rato con la institucionalidad –a la que amoldan a su medida– tanto como con las libertades. Y no se dan en países precisamente chicos ni que pasen desapercibibidos ni en los que no haya redes sociales. En cambio, es más difícil pensar hoy en gobiernos totalitarios como hace 40 años, pero no solo por las redes, sino por el sistema de reacciones y contrapesos internacionales.

“Lo que sucede en Venezuela es gravísimo y aun así las redes sociales y sus diferentes nodos nacionales e internacionales que actúan como propagadores no logran detenerlo”

Por supuesto que por su pregunta y por quién lo dijo, esto nos remite a pensar el nivel de gravedad de lo que sucede en Venezuela, y desde mi punto de vista es gravísimo y aun así las redes sociales y sus diferentes nodos nacionales e internacionales que actúan como propagadores de lo que ahí sucede, no logran ponerle un fin a ese desgobierno o Estado fallido por más públicas que se hagan las evidencias.

—Esta semana, Mayra Arena dijo que en la Argentina no hay un estallido social debido a que existen las redes sociales. Y ubicó a las redes en un rol análogo o complementario del de los merenderos y comedores. ¿Es así?

—Las redes pueden tener múltiples sentidos. La desinformación, la activación y la coordinación para agitación social es el que nos perturba y que solemos analizar y teorizar más. Pero también es verdad que suelen generar acciones positivas y solidarias, respuestas sociales ante catástrofes o situaciones problemáticas, así como de corrección informativa. Es difícil imaginar –y me cuesta admitir– que en este contexto sean la fuente explicativa de la paz social. No lo descarto, pero no tengo ningún dato ni fundamento para ello. Me parece valiente y honesto el discurso de Mayra, pero no sé cómo llega a esta afirmación.

—¿Quién hace política en Twitter? La pregunta no es solo por los dirigentes políticos, sino por el perfil de los líderes menos conocidos, las autoridades en la red.

—Política hacen todos. Quienes se dedican a la actividad propiamente dicha, los medios y los ciudadanos interesados, que ya no son mayoría como sí pasa con otras redes, pero sí lo suficientemente significativos para generar impactos políticos convergentes que saltan a otros medios, o bien para darle forma y contenido a argumentos y posturas que repercuten en los distintos diálogos sociales. Aunque muchas veces más que modelar el debate social, solo rescatan y reproducen aquí lo que ya se está debatiendo afuera. No nos olvidemos que Twitter no se consume solo. Siempre tiene maridajes convergentes con otros medios, por lo que es tanto un canal de entrada como de salida de ideas y discursos.

—¿Puede uno de estos líderes hacerle cambiar el voto a alguien? Y en la misma línea pero al revés: ¿pueden los bots y trolls hacerle cambiar el voto a alguien? 

—No, el efecto es discreto, mucho más en Twitter donde nadie está desprevenido (como sí se demuestra en Facebook en algunos estudios, particularmente en adultos mayores y en el voto muy conservador). Diferentes investigaciones internacionales hablan de que un ecosistema digital crece artificialmente cerca de un 20% en campañas, de que los bots se comparten a sí mismos generando un volumen artificial de interacciones, pero que el contenido no desborda. Esto debe leerse así: las tribus –aún las invadidas o alimentadas por trolls o bots– solo generan contenidos que son consumidos por sus mismos seguidores. Y si desbordan no es para convencer, sino para ser ridiculizados o estigmatizados por otras tribus. Lo que sí hacen es generar tendencias.

“Muchas veces, más que modelar el debate social, solo rescatan y reproducen en las redes lo que ya se está debatiendo afuera. Twitter no se consume solo. Se marida con otros medios”

Eso sí existe, pero no hace faltan trolls o bots para ellos. Alcanza un mínimo grupo coordinado para hacerlo. Pero no he visto resultados electorales que se expliquen por tendencias.

—¿Está estudiado cuál es la red social que más usan las personas vulnerables económicamente? ¿Se puede pensar una estrategia comunicativa para ese sector social?

—Facebook era la red popular y lo sigue siendo, pero también Instagram hoy. Además, son las que más alternativas posibilitan para segmentar. Luego está el debate de qué cosa es whatsapp. Sea lo que sea, también es transversal en su uso sin discriminar entre niveles socioeconómicos. Más bien las diferencias en todas ellas están en los desiguales accesos a conectividad, velocidad de navegación o en las prestaciones que los smartphones que tiene cada persona.


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