Al igual que en una imagen, con ondas particulares, en movimiento, cada una con sus colores y características, compartiendo el mismo espacio, cercanas, pero paralelas, sin cruzarse, sin conexión...así también, tantas veces nos puede ocurrir en la vida cotidiana y citadina.
Si, todos esos paseos forzados, subiendo o bajando del ascensor, donde inesperadamente estamos tan cerca físicamente, y tan lejos internamente de con quien nos toca compartir el pequeño espacio, sintiendo esa "casi incomodidad", donde saludamos formalmente, o ni siquiera eso.
La amplitud espacial influye, pero no condiciona. Por eso, también en ambientes muy espaciosos, pero con mucha gente alrededor, podemos sentir lo mismo, sea en el ambiente laboral, en la calle, en reuniones sociales, en restaurantes, bares, y aún en la propia casa.
Qué determina poder sentirnos bien, conectándons armónicamente en todo ámbito, rodeados por muchos o pocos, o solo estando con nuestra propia compañía?
Observar y ser conscientes del propio estado anímico y voltaje energético con que ponemos los pies en suelo, al levantarnos cada mañana, son sine qua non, el aspecto fundamental para disponer o no de buena predisposición, paciencia, empatía, y "ganas" de conectarnos al entorno con una sincera sonrisa, un saludo, y todas las conversaciones del día.
La transformación anímica en el óptimo estado deseado, depende exclusivamente de la propia voluntad de ser nuestra mejor versión, para nosotros mismos y consecuentemente para otros.
No es lo que ocurre, sino lo que hacemos frente a ello. La actitud que tomemos es lo que importa, ya que depende solo de uno mismo, y es nuestra libertad.
Habituarse a un malestar anímico diario, con todas sus consecuencias, creyendo que es la personalidad que se posee, o propia característica, puede que sea un maltrato autoinfligido y falta de amor propio. Damos lo que tenemos, y si falta el ánimo, no podemos dar buen ánimo.
Se han normalizado en la sociedad, los rostros serios e indiferentes. Caminamos por las calles sin mirar al prójimo, apenas viendo el rumbo a nuestros pies, ya que con frecuencia, se mira el celular, se habla por el mismo, y de no ser que damos por supuesto, que quien habla caminando solo por la calle, lo hace con otro, estaríamos más próximos a la aparente demencia colectiva.
En soledad, cuánta cercanía al chat y lejanía a las personas.
La naturaleza humana, requiere humanidad, comprendiendo con ello, todos sus atributos, afectivos, conscienciales, espirituales, junto al contacto físico, desde una mirada, un abrazo, un apretón de manos, y más.
El poder de nuestras palabras, la forma en que nos comunicamos, al hacerlo desde el mejor ánimo y estado energético, nos permite dar abrazos aún a la distancia. De ese modo, también a través de la tecnología, podemos seguir humanizando la humanidad. Hemos de darle corazón y no solo razón a las palabras, y para ello, mirarnos y hablarnos frente al espejo, saludarnos, decirnos lo que queramos con calidez, con ternura, amorosamente, el el mejor dínamo anímico que potencia nuestra energía, antes de salir de casa.
Conectados a nosotros mismos, nos conectamos a todo, a todos, y a la vida misma en sus infinitas formas.
Te invito a hablarte con amor, para así comunicarte, siempre en conexión, respirar profundo y descubrir el potencial que yace en el poder expresivo y transformador de tu voz, ya que quien habla en tu voz, sos vos.
Claudia Menkarsky
Vocal Coach
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