INTERNACIONAL
La edad de Biden y la de Trump

¡Abuelito! ¡No toque ese botón rojo! (Vejez y Casa Blanca)

El edadismo, como se conoce a la discriminación por edad, es un prejuicio muy desagradable que cuestiona las capacidades de las personas mayores, incluso en una época en la que se revalora la "silver economy". Pero el debate parece terminarse cuando se trata de un anciano que quiere seguir siendo presidente de la mayor potencia del mundo: a Joe Biden ya le piden que dé "un honorable paso al costado".

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Biden durante un briefing presidencial en la Casa Blanca en enero de 2024 | Adam Schultz / White House

Imagine el lector o la lectora una situación como la siguiente: un grupo de rebeldes hutíes se pasa de la raya y dispara una andanada de misiles contra un buque estadounidense en el Mar Rojo, la suerte les sonríe y logran hundirlo, hay bajas entre las tropas norteamericanas. Sale la Air Force a bombardear Yemen a lo loco y reacciona Irán, lanzando proyectiles balísticos contra Arabia Saudita, uno de los principales socios de Washington en Medio Oriente. En la Casa Blanca se ejecutan los protocolos de emergencia y convocan al presidente a la sala de situación donde se encuentra el botón rojo nuclear. Si esto ocurriese durante el 2025, por ejemplo, el presidente de Estados Unidos podría ser Donald Trump, que cumple 78 años en junio de este 2024, o Joe Biden, quien soplará 82 velitas en noviembre próximo. 

Aunque la vejez afecta de manera muy distinta a distintos individuos, muchos temen ante la posibilidad de que un anciano (aunque ahora se los prefiere llamar "personas mayores" o de "edad avanzada") tenga al alcance de sus dedos una conflagración atómica o bélica de alta magnitud capaz de provocar decenas de miles de muertos en un instante. ¿Su sistema cognitivo estará en buenas condiciones? ¿Sus reflejos y capacidad de discernimiento son mejores o peores que los de una persona más joven?

Donald Trump y Joe Biden
Donald Trump y Joe Biden.

Tiempo de tomarse un respiro: el botón rojo nuclear no existe. Hay en la Casa Blanca varios botones, pero los presidentes los usan para llamar a un secretario y pedirles un sándwich y una gaseosa. Sin embargo, el poder de lanzar un ataque nuclear desde Estados Unidos o alguno de sus submarinos o aviones alrededor del mundo sí está completamente en manos del presidente. Existe un selecto grupo rotativo de oficiales militares que llevan de un lado a otro el no menos famoso maletín con los códigos para activar las armas nucleares acumuladas por el Pentágono. Y la última palabra la tiene el presidente. No es un botón rojo grandote que Trump o Biden podrían apretar sin darse cuenta o al resbalarse, pero la decisión de lanzar un ataque nuclear estaría en sus manos. 

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A principios de febrero, en uno de los tantos artículos sobre el estado de salud mental de Biden, el New York Times recordaba la metida de pata que cometió el presidente justo después de que se conociera un fulminante reporte sobre su memoria. En una conferencia de prensa, al jefe de la Casa Blanca no se le ocurrió mejor idea que decir que el presidente de México es Abdel Fattah el-Sisi, que es en realidad el primer mandatario egipcio y no ocupa el cargo de Andrés López Obrador en el país vecino. 

De alguna manera, el líder demócrata convalidó las conclusiones del informe judicial preparado por un equipo a cargo del fiscal especial Robert Hur. La investigación se había lanzado para decidir si Biden había cometido algún delito con el manejo de papeles clasificados después de dejar la vicepresidencia, en el 2017, cuando dejó la Casa Blanca junto a su jefe de entonces, Barack Obama.

El fiscal especial prefirió no presentar cargos contra "un anciano bienintencionado, con mala memoria"

Cuando difundió sus conclusiones, Hur dijo que no se presentarían cargos contra Biden. Pero no porque no existieran sospechas sino porque consideró que un juicio al político nacido en 1942 en Pennsylvania podría terminar con un resultado poco deseable. Un procedimiento judicial público contra un amable mandatario de 81 años, razonó Hur, probablemente provocaría la simpatía del jurado, que lo vería no como un dirigente taimado sino apenas como "un anciano bienintencionado, con mala memoria".

El reporte de Hur, dijo Chris LaCivita, uno de los principales estrategas de campaña de Trump, "confirma lo que los estadounidenses vienen presenciando a través de sus pantallas de televisión durante los últimos años: que un anciano con mala memoria está llevando a Estados Unidos a un pantano de guerras, desastre inflacionario y falta de oportunidades para los contribuyentes".

La memoria es, precisamente, uno de los flancos débiles de nuestros cerebros a medida que envejecemos, y su deterioro puede tener distintos efectos según los tipos de vida que desarrollamos. Un abuelito jubilado que se dedica a jugar a las bochas y mimar a sus nietos y nietas no genera mayores preocupaciones. Pero si está a cargo de una topadora en una empresa de demoliciones, es otra cosa. O visto de otra manera: Clint Eastwood tiene 93 años y sigue dirigiendo películas bellísimas. Pero no está a cargo de la economía y la seguridad de la mayor potencia mundial. 

Hay a disposición una enorme cantidad de bibliografía académica sobre cómo nuestras cabezas se van desacelerando con el paso de los años. Pero vayamos a una fuente oficial de Estados Unidos, ya que ese es el escenario de este caso. En su website, la prestigiosa agencia federal conocida como Institutos Nacionales de Salud o NIH, por su sigla en inglés, señala que "el envejecimiento produce cambios en todas las partes del cuerpo, incluyendo el cerebro". Es por eso, agrega, "que algunas personas pueden sentir que no recuerdan las cosas tan bien como antes o que no pueden recordarlas rápidamente". Un problema menor para el abuelito de las bochas, más problemático para Clint Eastwood y grave para Biden ahora y, quizás, Trump dentro de poco. 

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Trump durante la campaña electoral para las presidenciales 2016 / Foto: Gage Skidmore

En todo caso, más allá de los estudios científicos y de las macanas de Biden, lo cierto es que los republicanos olieron sangre y ya están apuntando contra la yugular del presidente, quien, además, corre detrás de Trump en todas las encuestas. El promedio de los sondeos preparado por el portal especializado Real Clear Politics ponía en estos días al actual mandatario con un 43,7 por ciento de apoyo de los votantes frente al 45,6 por ciento del líder republicano.

La situación es tan preocupante para los demócratas que muchas voces en el partido de los Clinton y Obama ya salieron a pedir públicamente que Biden se decida a dar un paso al costado. El oficialismo, le dijo a PERFIL el analista estadounidense Federico de Jesús, necesita "presentar una boleta electoral que pueda derrotar a Trump", al que no pocos consideran también un peligro, y no precisamente por su edad.

"Quedan nueve meses, el partido demócrata tiene tiempo -agregó De Jesús, portavoz de la campaña presidencial de Obama de 2008-. Los partidos existen para gobernar y no se puede gobernar sin ganar", por lo que "el presidente Biden debe renunciar a su candidatura", redondeó.

Un buen candidato y un buen presidente

Y no es que el partido del burrito no le reconozca a Biden que, en estos primeros cuatro años, haya sido "un gran presidente, con logros enormes en la economía, con la creación de trece millones de empleos, inversión histórica en infraestructura, cambio climático y salud", continuó el analista. El desempleo se mantiene bajo y el crecimiento económico sostenido a pesar de las predicciones de una recesión, destacó de Jesús, pero "todos estos logros no son reconocidos por el electorado estadounidense, no tanto por su edad sino por los deslices" y olvidos, explotados al máximo "por la oposición y por los medios".

Muy a menudo, en el mundo político de Estados Unidos los "deslices" se pagan muy caro. A la memoria viene, por ejemplo, el caso de Howard Dean, quien hace veinte años, durante la interna para las presidenciales del 2004, encabezaba el pelotón de precandidatos demócratas. Recién salido de un buen mandato como gobernador de Vermont, Dean había encandilado a muchos jóvenes con un sincero mensaje progresista, mucho más realista y posible que el que retomaría luego Bernie Sanders. 

Las cosas pintaban bien para el médico de Vermont, a pesar de haber terminado tercero en las internas de Iowa. Sin embargo, durante un eufórico discurso que pronunció el 19 de enero del 2004, a Dean se le escapó un grito de arenga que sonaba como un largo "¡yahoo!" (o "iaju"), que emocionó a sus seguidores pero no a sus competidores: rápidamente el grito se convirtió en el Dean Scream, se repitió miles de veces en internet y en los medios de comunicación, y sus aspiraciones murieron para siempre. A causa del leve ridículo de un grito de campaña inoportuno. 

"A Biden se le aplica un doble rasero cuando se le achaca su edad, en comparación con Trump", pero "sus últimas intervenciones en público no lograron atenuar los temores de aquellos que lo perciben débil y confuso"

Biden, por su lado, no grita, pero se confunde con los nombres de sus colegas mundiales y vaya a saberse cuántas macanas se manda lejos de las cámaras. De Jesús asegura que muchos de sus colegas hablan cada vez con voz más fuerte sobre un "paso honorable al costado", y que ya se abrieron apuestas sobre posibles alternativas (¿incluyendo a la actual vicepresidenta, Kamala Harris, que se postuló sola?). 

"El argumento de la avanzada edad de Biden se convirtió en un lastre para sus aspiraciones presidenciales, a pesar de que su potencial rival republicano, Donald Trump, es solamente cuatro años menor", aporta Sonia Schott, comentarista política basada en la ciudad de Washington.

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Biden y su esposa, Jill / Foto: Adam Schultz-White House

Hablando con PERFIL, la analista reconoce que, "si bien muchos consideran que a Biden se le está aplicando un doble rasero cuando se le achaca su edad, en comparación con Trump, sus últimas intervenciones en público no lograron atenuar los temores de aquellos que lo perciben débil y confuso".

También cita encuestas según las cuales "tres cuartas partes de los votantes, incluida la mitad de los demócratas, están preocupados por su salud física y mental". Trump, en cambio, "proyecta una imagen decidida y fuerte", completa Schott, advirtiendo que, de todas maneras, "los votantes podrían cambiar su opinión si sus facultades morales se ven afectadas por los procesos judiciales" que viene enfrentando el ex presidente.

Durante la charla, la comentarista señaló que usar el tema de la edad entre candidatos rivales "es una vieja estrategia política que reaparece constantemente y con renovados bríos cada vez que se disputa un cargo público". Y recordó un caso de 1972, cuando un concejal de 29 años del condado de New Castle, en Delaware, se apuntó para desplazar al popular senador que representaba a ese estado en el Capitolio y que había desempeñado con éxito dos mandatos.

Aquel joven político local, relató la analista, "orquestó una audaz estrategia mediática para resaltar que los mejores días de su rival, el senador republicano Cale Boggs, treinta años mayor que él, habían quedado atrás". Logró ser elegido y fue el representante de Delaware en el Senado federal entre 1973 y el 2009, cuando se convirtió en vicepresidente de Estados Unidos. Era, claro, Joe Biden.