domingo 26 de junio de 2022
INTERNACIONAL ELECCIONES EN NICARAGUA

Daniel Ortega y Rosario Murillo, el matrimonio que tiene a Nicaragua en sus manos

La pareja dirige con mano firme el partido de gobierno y mantiene el control de todas las instituciones del Estado. Enarbola, muy supersticiosa, enarbola un discurso matizado con la religión. "Aquí tenemos una copresidencia", reconoce él.

07-11-2021 17:00

Nicaragua celebra este 7 de noviembre unas controvertidas elecciones en las que el presidente Daniel Ortega, quien lleva 14 años en el poder, sin duda obtendrá un cuarto mandato consecutivo, con sus principales adversarios en prisión bajo cargos de "menoscabar la soberanía del país", creados por su propio gobierno. Junto a él cogobierna Rosario Murillo, la cada vez más poderosa y omnipresente esposa de Ortega.

"Si ella no logra lo que quiere, no tiene escrúpulos, igual que Daniel Ortega", dijo en una ocasión la escritora Gioconda Belli, quien fue amiga de Murillo en los años 1970 y describe a la mujer como "muy supersticiosa". Por su parte, "Ortega terminó convertido en un personaje igual o peor que el que ayudó a derrotar, Anastasio Somoza", según Fabián Medina, autor de El Preso 198, una biografía del líder nicaragüense. 

En el poder desde 2007, Daniel Ortega es un guerrillero que combatió a la dictadura de Anastasio Somoza y hoy está atrincherado en el poder en Nicaragua, aunque ello le cueste ser comparado con el personaje que él mismo ayudó a derrocar. Aunque los gobiernos de Ortega estuvieron marcados por una estabilidad macroeconómica y modernización de la red vial, volvió a ser elegido en 2011 y 2016 en medio de interpretaciones que eliminaron el impedimento de reelección inmediata, encarcelando opositores y reprimiendo toda protesta y crítica

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La pareja es por segunda vez la fórmula presidencial del gobernante Frente Sandinista (FSLN, izquierda), lo que mantendrá a Murillo, de 70 años, como la primera sucesora de Ortega, cinco años mayor.

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Este juego por el poder le valió a Ortega sanciones de Washington y la condena de la comunidad internacional, mientras que sus críticos consideran que el gobierno de Ortega está tomado por su familia, empezando por su esposa y compañera de fórmula. Ellos "se están jugando la vida, porque sin poder político no pueden sobrevivir", reveló desde el exilio la hija adoptiva de Ortega, Zoilamérica, quien en 1998 lo denunció por abuso sexual.

Hoy el control de Ortega sobre las instituciones del Estado -Ejército, Policía, Congreso, Consejo Supremo Electoral, Poder Judicial y Fiscalía- ahora es total. "Todos los poderes están alineados con el Ejecutivo, por lo que no representan límites para el ejercicio del poder ni impiden las arbitrariedades", según la CIDH. Al mismo tiempo, Ortega extendió la influencia de su familia, sus hijos son dueños o dirigen medios de comunicación oficialistas y algunos ocupan cargos públicos, y los opositores acusan al matrimonio de un nepotismo absoluto.

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Desde 2007, cuando Ortega retornó al poder tras la revolución que dirigió en los años 80, Murillo ha sido su única portavoz y desde 2017 su vicepresidenta.

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De la guerrilla al poder

Ortega nació el 11 de noviembre de 1945 en el pueblo minero de La Libertad en una familia humilde y católica, de sus tres hermanos sobrevive Humberto, exjefe del ejército y quien, distanciado de él, vive en Costa Rica. Monaguillo y con vocación sacerdotal, abandonó la facultad de Derecho para enrolarse en la guerrilla Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), el actual partido gobernante.

Fue uno de los verdugos de su propio torturador durante la dictadura somocista (1937-1979) y purgó siete años de cárcel por robar un banco para financiar a la guerrilla, según Medina. Intercambiado luego por rehenes somocistas, se entrenó en Cuba y volvió a Nicaragua, con exilios intermitentes hasta el derrocamiento de Anastasio Somoza.

El comandante Ortega integró una junta de gobierno y luego fue elegido presidente, por primera vez, en 1984. Para Medina, el poder llegó a Ortega por tres razones: desde los 15 años era un joven animado a cambiar la sociedad "por medio de la violencia"; "sobrevivió en ese intento" a diferencia de la mayoría de sus compañeros de armas; y "su personalidad calma y de pocas luces fue clave cuando se debió elegir a un jefe de Estado en medio de una lucha de egos de guerrilleros".

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Murillo es el rostro visible y operativo del gobierno, de alta capacidad de trabajo. Acompaña a Ortega en todas sus apariciones públicas y en los corredores políticos se comenta que ningún funcionario mueve un dedo sin su autorización.

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Ortega gobernó Nicaragua en los años 1980, en medio de una guerra civil con grupos insurgentes patrocinados por Estados Unidos, tras el triunfo de la revolución liderada por el FSLN que derrocó al dictador Anastasio Somoza en 1979. En 1990, perdió la elección contra Violeta Barrios de Chamorro, primera mujer electa presidenta en el continente Americano, pero no descansó hasta regresar al poder.

Durante los siguientes 17 años, Ortega condujo la transformación del FSLN desde la oposición y negoció en 1999 un pacto con el expresidente liberal Arnoldo Alemán (1997-2002) para repartirse cuotas de poder en todas las instituciones del Estado. Un "pacto del diablo", en palabras del célebre escritor nicaragüense Sergio Ramírez, que propició la vuelta de Ortega al poder en 2007, cuando ganó las elecciones e impulsó una política de izquierda pragmática, negoció con organismos financieros y, contrario a los años 1980, tuvo una alianza con los grandes empresarios y relación comercial con Estados Unidos.

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Rosario Murillo, la voz del gobierno

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Daniel Ortega y Rosario Murillo Conoció se conocieron durante la lucha contra la dictadura somocista (1937-1979) y tras años de convivencia se casaron en 2005.

Desde 2017 lo acompaña en la vicepresidencia Rosario Murillo, de 70 años, vocera exclusiva y diaria del gobierno. Su romance inició durante el exilio en Caracas. Antes, Ortega leía los poemas de Rosario en prisión, en los periódicos que entraban clandestinamente. Concibieron juntos siete hijos, a los que se sumaron otros tres de compromisos anteriores.

"Aquí tenemos dos presidentes porque respetamos el principio de 50-50, o sea aquí tenemos una copresidencia con la compañera Rosario", dijo hace unos días Ortega tocándole el hombro, durante un acto transmitido en la televisión nacional. "Todos los días se está comunicando con nuestro pueblo, dando a conocer todo lo que se está haciendo en beneficio de las familias nicaragüenses, sin hacer diferencias políticas, sin hacer diferencias ideológicas", prosiguió Ortega.

Desde 2007, cuando Ortega retornó al poder tras la revolución que dirigió en los años 80, Murillo ha sido su única portavoz y desde 2017 su vicepresidenta. Ella es el rostro visible y operativo del gobierno, de alta capacidad de trabajo, y acompaña al presidente en todas sus apariciones públicas. En los pasillos políticos se comenta que ningún funcionario mueve un dedo sin su autorización.

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 A fines de 2020 el gobierno dictó leyes sobre "agentes extranjeros", defensa de soberanía y "ciberdelitos", que imponen duras penas de cárcel a acusados de "traición a la patria", "lavado de activos", a quienes promuevan sanciones contra el país o difundan "noticias falsas" según su criterio.

La primera dama y vicepresidenta informa desde hace 14 años los pormenores del gobierno, el clima, el santoral del día, los desastres naturales, el avance de la vacunación... todo, como poeta que es, con un lenguaje metafórico, hablando de paz y armonía, mencionado siempre a "Dios" y a la "Virgen", y calificando a sus adversarios de "diabólicos", "terroristas", "forajidos" y "pacotillas". Entre los nicaragüenses se habla de sus supuestas creencias esotéricas.

Nacida el 22 de junio de 1951 en Managua, Rosario es hija de Zoilamérica Zambrana Sandino, sobrina del general Augusto César Sandino, el héroe nacionalista que da nombre al FSLN. Su padre Teódulo Murillo fue un rico productor que "adoraba" a su hija "por la inteligencia que mostraba" y el interés por los libros y la poesía, contó Fabián Medina.

Cuando cumplió 11 años, su padre la envió a estudiar secretariado a Inglaterra y Suiza, donde aprendió inglés y algo de francés y, siendo una adolescente, su madre la obligó a casarse con Jorge Narváez, de quien quedó embarazada a los 15 años y con el que tuvo dos hijos, Zoilamérica y Rafael. Una vez divorciada, se casó con el periodista Hanuar Hassan, con quien tuvo un niño cuya muerte, en el terremoto de 1972, la inspiró a escribir en 1973 sus primeros poemas.

Una pareja camino al poder

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En sus memorias, el fallecido poeta y sacerdote Ernesto Cardenal cuenta sobre la influencia que Murillo ejercía desde entonces sobre Ortega, y cómo intentaba boicotear su trabajo cuando fue ministro de Cultura.

En 1968 Rosario Murillo llegó a trabajar al diario La Prensa como secretaria del entonces director Pedro Joaquín Chamorro, férreo crítico del somocismo asesinado en 1978 y esposo de Violeta Barrios de Chamorro. Un año después, se integró al FSLN y en los años 1970 ayudó a fundar un movimiento de artistas opuestos a Somoza.

En 1977 marchó al exilio a Panamá, Venezuela y Costa Rica, donde conoció a Ortega, con quien regresó a Nicaragua en 1979 al triunfar la revolución, y encabezó organizaciones de la cultura. En sus memorias, el fallecido poeta y sacerdote Ernesto Cardenal cuenta sobre la influencia que Murillo ejercía desde entonces sobre Ortega, y cómo intentaba boicotear su trabajo cuando fue ministro de Cultura.

Ortega y Murillo tuvieron siete hijos y cuando en 1998 Zoilamérica acusó a su padre adoptivo de abuso sexual, Murillo le dio la espalda y declaró sentirse "avergonzada" de su hija: "Hubiese entendido que guardara silencio, pero no que se volviera mi principal persecutora", dijo recientemente Zoilamérica desde Costa Rica, donde vive exiliada.

El liderazgo de Ortega hoy es exaltado por sus seguidores, sobre todo por los programas de combate a la pobreza que emprendió durante sus primeros años con ayuda de Venezuela. "No ha existido en la historia del pueblo nicaragüense mejor gobierno que el del comandante Daniel", según el presidente del Congreso, el sandinista Gustavo Porras.

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"Si ella no logra lo que quiere, no tiene escrúpulos, igual que Daniel Ortega", comentó en una ocasión la escritora Gioconda Belli, quien fue amiga de Murillo en los años 1970.

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Más de 100 mil exiliados y 150 detenidos políticos en tres años

Los Ortega se tambalean en el poder desde abril de 2018, cuando en medio de la caída de la ayuda de Venezuela, de unos 4.800 millones de dólares entre 2007 y 2016, una buena parte de la población los acusó de corrupción y abuso de poder"Explotó la olla que venía acumulando vapor incendiario fruto de un malestar que no encabezaban ni los políticos ni los partidos tradicionales. Abril de 2018 fue una chispa que prendió un combustible que se venía juntando por años", afirmó el sociólogo Oscar René Vargas, exiliado en Costa Rica.

El movimiento se extendió y exigió la renuncia de Ortega. Por unos cinco meses el país estuvo semiparalizado con bloqueos de carreteras. La represión, en la que participaron grupos paramilitares, dejó al menos 328 muertos, según la CIDH. La protestas, que rompieron la alianza de Ortega con los empresarios y la Iglesia católica, fueron consideradas por el gobierno como un "intento de golpe de Estado", apoyado por Washington. 

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Ortega y Murillo tuvieron siete hijos. Cuando en 1998 Zoilamérica -hija del primer matrimonio de Rosario- acusó al presidente de abuso sexual, Murillo le dio la espalda y declaró sentirse "avergonzada" de su hija.

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Fracasado un diálogo entre gobierno y oposición, y aplastadas las protestas, hubo capturas selectivas. A fines de 2020 el gobierno dictó leyes sobre "agentes extranjeros", defensa de soberanía y "ciberdelitos", que imponen duras penas de cárcel a acusados de "traición a la patria", "lavado de activos", a quienes promuevan sanciones contra el país o difundan "noticias falsas" según su criterio.

Bajo esas leyes, 39 personas fueron detenidas desde junio: siete aspirantes presidenciales, activistas políticos y sociales, empresarios y periodistas. Washington y la Unión Europea respondieron imponiendo sanciones contra familiares y allegados de Ortega. Más de 100.000 personas han salido al exilio desde 2018 y hay más de 150 detenidos. "Con la fuerza bruta, logró inmovilizar a la población. No hay democracia. Estamos casi en un callejón sin salida", afirmó la presidenta del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), Vilma Núñez.

"Piensan que con sanciones van a doblegar... Nicaragua ha pasado momentos más difíciles", aseguró Ortega, aludiendo a los "Contras" financiados por Estados Unidos para derrocarlo en los 1980. Con sus principales rivales políticos encarcelados, Ortega tiene el camino libre para un nuevo gobierno, pero para su excamarada, Moisés Hassan, al presidente "no le quedan aliados", ya que incluso líderes como el uruguayo José Mujica o gobiernos progresistas como los de Argentina o México critican su gobierno.