El cónclave que eligió en mayo pasado al cardenal Robert Prevost como papa León XIV quedó marcado por un episodio inédito: uno de los 133 cardenales ingresó con un teléfono celular a la Capilla Sixtina, pese al estricto secreto pontificio. El hecho fue detectado por los sistemas de seguridad del Vaticano cuando captaron una señal activa antes de la primera votación. La revelación surge del libro El Último Cónclave, de los vaticanistas Gerard O’Connell y Elisabetta Piqué, que se publicará en francés el 5 de febrero de 2026 por la editorial Ediciones Arpa.
Según reconstruyen los autores, mientras los cardenales se preparaban para emitir su primer voto en la Capilla Sixtina —equipada con inhibidores de señal para impedir cualquier comunicación con el exterior— los equipos de seguridad detectaron una conexión móvil activa. Tras miradas de desconcierto, un cardenal de edad avanzada advirtió que llevaba el teléfono en el bolsillo y lo entregó de inmediato. El libro señala que el protagonista quedó “desorientado y angustiado”.

El cónclave está regido por el secreto pontificio más riguroso: su violación abierta puede acarrear excomunión latae sententiae, es decir, automática. Antes de iniciar el proceso, cada cardenal promete formalmente mantener reserva absoluta y entregar cualquier dispositivo de comunicación.
O’Connell, corresponsal de America Magazine, y Piqué, histórica enviada en Roma del diario La Nación, tuvieron un vínculo estrecho con el papa Francisco, quien incluso los unió en matrimonio y bautizó a sus hijos. Esa cercanía, sumada a décadas de cobertura en el Vaticano, les permitió acceder a fuentes directas para reconstruir el proceso que culminó con la elección de Prevost.
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El libro describe la tensión interna de aquellas jornadas y los movimientos previos a la fumata blanca. En ese contexto, el hallazgo del celular generó un momento de inquietud en una instancia que exige aislamiento total. “La realidad fue mejor que la ficción”, sostuvo O’Connell en declaraciones a la agencia Reuters, al comparar el episodio con la trama del film Cónclave, que imaginó intrigas y filtraciones durante una elección papal ficticia.
Los autores subrayan que no hubo indicios de filtración ni de comunicación externa efectiva. Sin embargo, el incidente dejó al descubierto la extrema sensibilidad del procedimiento y el peso simbólico de sus normas.
GD