INTERNACIONAL
Opinión

El Rey Felipe VI une, Pedro Sánchez divide

La primera visita de Felipe VI y la reina Letizia a Ceuta tiene un significado que trasciende cualquier ceremonia. El rey lo es todo para España, Sánchez no conscita confianza.

Felipe VI de España y Pedro Sánchez
Felipe VI de España y Pedro Sánchez | Collage

Hay imágenes que explican mejor que mil palabras el momento político que vive España. El Rey lo es de toda España. Por eso, la primera visita de Felipe VI y doña Letizia a Ceuta tiene un significado que trasciende cualquier ceremonia.

El desfile del 12 de octubre dejó algo más que aviones, banderas y cuatro mil militares. Felipe VI, que presidió la parada, recibió muestras de afecto y respeto. Pedro Sánchez volvió a escuchar abucheos. No son las urnas, es cierto, pero tampoco puede ignorarse lo que expresa la calle. Uno encarna la continuidad y la unidad del Estado; el otro parece haber hecho de la confrontación su principal herramienta para conservar el poder.

La llegada de los Reyes a Ceuta devuelve la atención de España a una ciudad que demasiadas veces solo aparece cuando estalla una crisis. Su presencia recuerda que los ceutíes no están solos. Sánchez, mientras tanto, enfrenta un problema que ninguna campaña resuelve fácilmente: la pérdida de credibilidad.

Rey Felipe VI en el Ayuntamiento de Ceuta

La gestión de la crisis ceutí dejó muchos pendientes. ¿Sabía el Gobierno sobre la posible invasión, ¿cuándo lo supo? ¿qué medidas adoptó? En España faltaron explicaciones convincentes La imagen de Sánchez de vacaciones en La Mareta, Lanzarote, entre paseos, libros y listas musicales, alimentó la sensación de distancia con lo que ocurría. El problema no son las vacaciones, sino la sensibilidad de quien gobierna.

Y si a esto le sumamos las investigaciones por presunta corrupción que afectan a personas de su entorno político y familiar, donde la Justicia decidirá sobre las responsabilidades penales, pero las políticas no pueden esconderse detrás de los expedientes. Un presidente responde también por lo que explica, por lo que calla y por la confianza que pierde.

Sánchez prueba su propia medicina. Algunos aliados parecen creerle cada vez menos; otros lo acompañan por conveniencia. Y hay socialistas históricos que, para volver a votar al partido, parecen necesitar un broche con el que taparse la nariz.

El Gobierno insiste en que puede ganar las próximas elecciones. Es lógico: nadie sale a competir anunciando su derrota. Pero una cosa es transmitir confianza y otra fabricar una expectativa que no logra sostenerse en los hechos.

Mientras tanto, PP y Vox parecen mostrar algún síntoma de cordura: entender que desgastarse mutuamente favorece a Sánchez. No necesitan pensar igual, pero sí crecer sin destruirse. El presidente, en cambio, ha dividido incluso a sectores de la izquierda que lo sostenían. Su estrategia sigue levantando muros: nosotros o ellos, progreso o retroceso, democracia o derecha. El miedo como argumento cuando los resultados ya no alcanzan para convencer. Quizás los españoles estén cansados de que les digan a quién deben temer.

El Rey Felipe VI no gobierna ni debe ser jefe de la oposición. Justamente por eso puede aportar serenidad cuando la política ofrece enfrentamiento y recordar que el Estado pertenece a todos.

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

Rey Felipe VI en el Ayuntamiento de Ceuta

Europa vive muy pendiente de Ucrania, Rusia, Trump y de reconstruir su capacidad de decisión. España debería ganar protagonismo. Lo ha perdido durante este gobierno, ya tiene poca credibilidad y no debería gastar sus energías en una disputa doméstica interminable.

Felipe VI no puede resolver los problemas de Sánchez. Ni debe hacerlo. Pero puede recordar que España está por encima de cualquier Gobierno y de cualquier ambición personal.

Ortega y Gasset escribió: «Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo».

Sánchez parece demasiado preocupado por salvarse a sí mismo y demasiado poco por salvar las circunstancias de España.

ER/AF