Finalmente, el Estado de Israel fijó su postura geopolítica y le puso nombre y apellido al caos que se vivió a bordo del vuelo FZ1073 de la empresa Flydubai. A través de un duro comunicado emitido por su Embajada en la República Argentina, el gobierno israelí denunció que el violento ataque en la cabina de la aeronave que viajaba de Dubái hacia Tel Aviv no fue un simple altercado, sino un acto extremista planificado para asesinar a todos los ocupantes.
El documento diplomático descartó cualquier hipótesis sobre una falla técnica o un brote psicótico y apuntó directamente contra los comandos de la nave. Las autoridades israelíes afirmaron que el episodio fue un "intento de atentado terrorista yihadista de parte de uno de los pilotos a cargo de la aeronave, cuya aparente intención habría sido estrellar la aeronave con sus pasajeros a bordo".

Para frenar la tragedia, la intervención de los civiles resultó fundamental. En el texto, la delegación oficial destacó que "los pasajeros actuaron con extraordinaria valentía para ayudar a reducir al agresor", y subrayó que el trabajo conjunto con otros aviadores fuera de servicio fue una maniobra "decisiva para evitar una catástrofe de grandes magnitudes".
Sin embargo, la lectura excede el intento de asesinato masivo y ubica el ataque como un dardo venenoso contra el proceso de paz en Medio Oriente. El comunicado remarcó que agredir una ruta directa entre territorio emiratí e israelí "intenta atentar también contra el acercamiento entre ambos países y contra el proceso de paz y normalización impulsado por los Acuerdos de Abraham".
Como cierre del mensaje institucional, Israel garantizó que no dará marcha atrás con su política exterior y prometió proteger la alianza estratégica con sus socios de la región. "Ningún intento de atentado quebrará la amistad entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos ni detendrá el camino iniciado", concluyó el escrito, reafirmando la intención de sostener la conexión aérea y el intercambio entre ambos pueblos.
Pánico en el aire, cuchillazos y desvío a Tabuk
El calvario que motivó la dura respuesta diplomática se desató a mitad del trayecto, cuando el Boeing 737 con 174 pasajeros se desplomó de 33.000 a 17.000 pies en apenas 60 segundos. El caos estalló luego de que uno de los comandantes sacara un cuchillo para atacar a su colega y apoderarse de los controles, obligando a los ocupantes de las primeras filas a irrumpir por la fuerza en la cabina. El piloto agredido resultó herido de gravedad y logró sobrevivir gracias a la asistencia en pleno vuelo de un dentista israelí.
Mientras en el aire se vivían escenas de espanto, los funcionarios israelíes no tardaron en reaccionar. El ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, afirmó: "Un terrorista quería estrellar el avión y asesinar a los 180 israelíes a bordo". La misma sintonía manejaron los testigos que padecieron la caída libre. Uri, uno de los pasajeros, relató al medio israelí Walla el instante en que entendieron lo que ocurría tras ver la sangre en los controles: "El piloto intentó suicidarse con nosotros", detalló.
En tierra, la activación de los códigos internacionales de secuestro obligó a ordenar el despegue preventivo de cazas israelíes, pero la nave logró estabilizarse y desviarse de emergencia hacia Tabuk, en Arabia Saudita. Allí se dio un fuerte contraste informativo: mientras el mundo conocía los detalles del ataque y los diplomáticos alzaban la voz, la aerolínea Flydubai se limitó a publicar un escueto mensaje donde catalogó el terror vivido como un simple "incidente en vuelo".
TC/MSS