La historia detrás de la muerte de Matthew Perry tiene una figura central: Jasveen Sangha, conocida como la “reina de la ketamina”, una traficante de alto perfil que operaba en Los Ángeles y que este miércoles fue condenada a 15 años de prisión.
La mujer, de 42 años y doble nacionalidad estadounidense y británica, fue considerada por la Justicia como la principal responsable de haber suministrado la droga que terminó con la vida del actor en octubre de 2023.

Sangha construyó su negocio desde un departamento en North Hollywood, donde operaba un circuito de venta de sustancias ilegales dirigido a una clientela exclusiva. Según la investigación, se presentaba como una proveedora selecta, que solo trabajaba con figuras de alto nivel dentro de la industria del entretenimiento.
Para distribuir la droga, trabajaba con un intermediario, Erik Fleming, quien le vendió decenas de frascos de ketamina al asistente personal del actor, Kenneth Iwamasa.
Fue este último quien le administró las dosis a Perry, incluida la jornada del 28 de octubre de 2023, cuando le aplicó al menos tres inyecciones que resultaron fatales.
De una vida privilegiada al negocio ilegal
Lejos del estereotipo del narcotraficante, Sangha provenía de un entorno acomodado. Era hija de empresarios vinculados a franquicias gastronómicas en Los Ángeles y heredera de una fortuna familiar ligada al comercio en Londres.
Sin embargo, eligió otro camino. Según investigadores, utilizaba el dinero del narcotráfico para sostener un estilo de vida de lujo, que incluía fiestas, viajes en aviones privados y una fuerte presencia en redes sociales.
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Durante un allanamiento en su casa, las autoridades encontraron ketamina, metanfetaminas, cocaína, MDMA, pastillas falsas y miles de dólares en efectivo, además de elementos típicos de distribución.
La fiscalía sostuvo que Sangha priorizó el dinero por sobre la vida humana. Incluso, tras conocer la muerte del actor, intentó borrar pruebas y pidió eliminar mensajes vinculados a las operaciones.
El caso reveló además una red más amplia que incluía médicos que vendían la sustancia a precios inflados y otros intermediarios. Algunos de ellos ya fueron condenados, mientras que otros esperan sentencia.
Un caso que expuso el lado oscuro de Hollywood
La muerte de Matthew Perry generó conmoción global no solo por la popularidad del actor, sino porque volvió a poner en discusión el acceso a drogas dentro de los círculos de poder y el negocio detrás de las adicciones.
Perry, que había hablado públicamente de sus problemas con las sustancias durante años, estaba bajo tratamiento cuando murió. Sin embargo, la investigación determinó que había vuelto a consumir ketamina fuera del circuito médico.
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Sangha se declaró culpable de varios cargos federales, entre ellos distribución de ketamina con resultado de muerte. Aunque podía enfrentar una pena mucho mayor, la Justicia finalmente fijó 15 años de prisión, en una sentencia considerada ejemplar.
Antes de conocer el fallo, la mujer admitió su responsabilidad y expresó arrepentimiento, aunque para los fiscales su conducta reflejó “desprecio por la vida humana”.
LB