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INTERNACIONAL / por fin cara a cara
lunes 11 junio, 2018

Trump y Kim, protagonistas de una cita para la historia o para el olvido

Se reunirán el martes para discutir una eventual “desnuclearización” de Norcorea. Pero hay dudas sobre la posibilidad real de distensión. Objetivos de máxima y de mínima.

por Facundo F. Barrio

Protagonistas. El presidente norteamericano y el líder de Corea del Norte. Un encuentro al que llegaron después de meses de declaraciones cruzadas. Foto: afp y ap

Desde Beijing

En Asia, la mesa ya está servida para una cumbre que puede resultar en un momento bisagra o en un enorme bluff diplomático. Salvo imprevistos, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, se reunirán pasado mañana en Singapur para empezar a negociar los términos de una eventual “desnuclearización” de la Península de Corea.

Tras un año en el que la guerra verbal entre ambos mandatarios tuvo en vilo a la comunidad internacional, se espera que el face to face entre Trump y Kim dé la pauta de hasta qué punto Washington y Pyongyang están realmente dispuestos a avanzar en una política de distensión.

Objetivos. El camino recorrido hasta la cumbre del martes dejó expuestas las expectativas difícilmente conciliables de ambas partes. El objetivo de máxima estadounidense es la llamada CVID o Complete, verifiable and irreversible denuclearization (desnuclearización total, verificable e irreversible) del régimen norcoreano, en condiciones similares al proceso de desarme de Libia en 2004. Dos semanas atrás, una comparación con Muammar Khadafi hirió la sensibilidad de Kim y volvió a encender su retórica belicista, lo que llevó a Trump a decir que la cumbre se suspendía.

Finalmente, Pyongyang retomó el tono conciliador y el presidente estadounidense reactivó los preparativos para la reunión. Pero en el ida y vuelta quedó en evidencia que la CVID no es un objetivo realista. Trump viaja a Singapur consciente de ello. Para él, un éxito relativo sería arrancarle a Kim un compromiso de limitación parcial del programa de desarrollo del arsenal nuclear. Y un premio consuelo, que el dictador norcoreano acepte firmar la paz definitiva con Corea del Sur, un asunto pendiente desde el fin de la guerra en 1953.

El desparpajo con el que Trump habla de la cuestión norcoreana, asunto de primer orden estratégico para los Estados Unidos, China, Japón y otras potencias globales, deja perplejos a propios y ajenos. Esta semana le preguntaron cómo se estaba preparando para la cumbre. “No necesito prepararme demasiado –respondió–. Es solo una cuestión de actitud y voluntad”. Dijo que estaría encantado de recibir a Kim en la Casa Blanca “si las cosas van bien” en Singapur. Pero también aclaró que está “totalmente listo para retirarse” de las negociaciones si el resultado no lo conforma, en cuyo caso volverá a la carga con las sanciones económicas contra Pyongyang para ejercer “máxima presión” sobre el régimen.

Pragmatismo. Sea como sea, la iniciativa de Trump abrió una puerta que hace menos de un año parecía inimaginable. “Es cierto que aún todo puede caerse a pedazos, pero este nuevo pragmatismo del presidente es infinitamente preferible a la amenaza de una guerra nuclear”, escribió esta semana el analista político Nicholas Kristof, crítico de Trump, en The New York Times. “Deberíamos agradecer que él finalmente haya asumido un enfoque diplomático que antes aborrecía”.

Por su lado, Kim aspira a un proceso paulatino, “acción por acción”, en el que su país sea recompensado por cada paso conducente a la distensión. Washington, en cambio, pretende un ritmo más acelerado, que incluso implique fijar un calendario de seis meses a un año para la desnuclearización. En ese escenario, los beneficios para Corea del Norte, y en particular el levantamiento de las sanciones comerciales que pesan sobre su economía, se materializarían una vez concluido el proceso.

Desde que empezó el acercamiento, el gobierno norcoreano se ha referido siempre al “desarme de la Península”, lo que también abarcaría la retirada de los 28 mil soldados que los Estados Unidos tienen apostados hoy en Corea del Sur. Eso sería una victoria estratégica para China, el tercero en discordia en el proceso, que anhela afianzar su hegemonía en la región de Asia Pacífico. Para Beijing, el escenario más conveniente sería una negociación que derivara en un status quo menos volátil desde el punto de vista de la seguridad, pero que no provocara realineamientos bruscos que podrían socavar la ascendencia china sobre Pyongyang.

En Singapur, Kim buscará mostrarse dispuesto a “abrirse al mundo”, aunque haciendo la menor cantidad de concesiones posible. Lo que logró hasta ahora no es poco: su padre y antecesor, Kim Jong-il, no había conseguido una cita con un presidente estadounidense en casi veinte años de gobierno. Pero, con Trump en la Casa Blanca, todo es posible.

“Lo voy a saber en un minuto”
Donald Trump predijo ayer que, al encontrarse el martes con Kim Jong un, le llevará apenas un minuto darse cuenta si la “oportunidad única” para llegar a la paz con el líder del Corea del Norte puede llegar a ser exitosa.

“Creo que muy rápido voy a saber si va a pasar algo bueno. Y si creo que no va a pasar, no voy a perder mi tiempo, no voy a perder el suyo”, afirmó Trump en la conferencia de prensa que brindó tras retirarse de la cumbre del G7 en Canadá.

La cumbre “es una ocasión única”, que “no volverá a ocurrir”, advirtió el presidente norteamericano, que aseguró que viajará a Singapur “realmente confiado”, porque hasta ahora Pyongyang ha “trabajado muy bien”.

Trump admitió que el encuentro puede no arrojar resultados: ”¿Quién sabe? Puede ser que no funcione. Hay una fuerte posibilidad de que esto no funcione”.

“Al menos nos habremos reunido. Nos habremos visto. Y espero que nos apreciemos el uno al otro, que comencemos un proceso”, concluyó el presidente.

¿Quién paga la cuenta?

Corea del Norte suele dejar que otros paguen sus cuentas cuando los principales funcionarios del régimen salen del país, y los expertos dan por sentado que la de la cumbre del próximo martes en Singapur no será la excepción. Esta vez, los gastos correrían por cuenta del anfitrión o de Corea del Sur.
Singapur está tirando la casa por la ventana para acoger el cara a cara histórico entre el líder norcoreano, Kim Jong-un, y el presidente estadounidense, Donald Trump, en la isla de Sentosa. Ambos se alojarán previsiblemente en hoteles lujosos y es más que probable que a Corea del Norte, sometida a numerosas sanciones, le salga gratis.

“El régimen de Pyongyang está acostumbrado a que los demás paguen por todos los ‘compromisos diplomáticos’ del recluido gobierno”, explicó a la AFP Sung-Yoon Lee, de la Escuela Fletcher de Derecho y Diplomacia de la universidad estadounidense Tufts.

El fin de semana pasado, el ministro singapurense de Defensa, Ng Eng Hen, declaró que su gobierno está dispuesto a pagar los gastos norcoreanos para participar de alguna manera en la “reunión histórica”.

La cuenta será elevada: las delegaciones norcoreanas no suelen escatimar en alojamiento. El Hotel Fullerton, un cinco estrellas colonial a orillas del mar, propone por ejemplo, una suite presidencial por seis mil dólares la noche que podría ser del agrado de Kim, un amante del lujo y el confort.


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