El 2 de enero de 2011 no fue un inicio de año cualquiera para la Guardia Civil española, ni para la opinión pública argentina. Ese día, un lujoso Jet Bombardier Challenger 604 aterrizó en el aeropuerto de El Prat, en Barcelona, transportando algo más que a tres empresarios de alto vuelo: en su estructura ocultaba 944 kilogramos de cocaína.
A una década y media de aquel suceso, el caso de Gustavo y Eduardo Juliá permanece como el paradigma de cómo el narcotráfico logró infiltrarse en los estratos más altos de la sociedad y la aviación civil.

Caso Juliá: el vuelo de la impunidad
Los hermanos Juliá no eran desconocidos en el mundo aeronáutico. Hijos de José Juliá, quien fuera jefe de la Fuerza Aérea Argentina durante el gobierno de Carlos Menem, contaban con los contactos y el conocimiento logístico.
El plan parecía perfecto. El avión, alquilado mediante una compleja trama financiera, partió desde el aeródromo de Morón, hizo una escala técnica en Cabo Verde y finalmente aterrizó en suelo europeo. Sin embargo, la inteligencia internacional ya les seguía el rastro. Al aterrizar, los agentes españoles descubrieron que la droga no estaba en maletas, sino sellada dentro de los paneles y bajo el piso del avión, una maniobra que requería una logística de ingeniería precisa.
La condena y el ocaso
En 2013, la justicia española fue implacable. Gustavo y Eduardo Juliá fueron condenados a 13 años de prisión por un delito contra la salud pública en su modalidad de "extrema gravedad". El tercer tripulante, Matías Miret, fue absuelto tras demostrarse que desconocía la carga que transportaba la aeronave.
A lo largo del juicio, los hermanos intentaron desvincularse alegando que habían sido engañados por supuestos inversores, pero las pruebas de los servicios de inteligencia y el manifiesto de carga fueron contundentes. La caída de los Juliá no solo terminó con sus carreras, sino que expuso la vulnerabilidad de los controles fronterizos en los aeropuertos.
El impacto 15 años después
Hoy, con ambos hermanos habiendo cumplido sus condenas y recuperado la libertad (Eduardo regresó a Argentina tras recibir beneficios procesales en España), el caso sigue siendo un objeto de estudio sobre las rutas transatlánticas.
Seguridad Aeroportuaria: Tras el escándalo, Argentina se vio obligada a reformar los protocolos de inspección en aeródromos secundarios.
El perfil del narco: Rompió el estereotipo del traficante marginal, introduciendo la figura del "narcotraficante de guante blanco" con acceso a tecnología de punta.
LT
Familia narco: condenan a una pareja, sus tres hijos y el yerno
CooperacióniInternacional: Fue uno de los primeros casos de gran éxito coordinado entre la DEA, la Guardia Civil y agencias locales.