lunes 30 de enero de 2023
MODO FONTEVECCHIA EL MÁXIMO TROFEO

Adiós a la sequía de 36 años: Argentina gritó campeón del mundo en Qatar

Desde Doha, el enviado de Modo Fontevecchia cuenta la intimidad de otra estrella más en el escudo de la camiseta de la Selección. Argentina fiel a su historia y a su gente dio otra muestra de carácter, venció a Francia y conquistó al mundo.

El 18 de diciembre quedará en la memoria de todo el mundo, pero sobre todo de un país que se ató a una ilusión que depende de muchas variables. Argentina las sorteó a todas.

Sufrió un duro golpe en el comienzo ante Arabia Saudita que hizo que la estantería del equipo de Lionel Scaloni se moviera de una manera considerable, perdiendo un invicto de nada menos de 36 partidos.

Un cachetazo que llegó en el momento justo y como los propios protagonistas dijeron post partido con Francia con una sonrisa imborrable de sus rostros, “sirvió para bajar un poco la espuma”.

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Argentina llegaba a la Copa del Mundo en Qatar como uno de los favoritos a conquistar el mundo nuevamente. A la par llegaba Brasil y otros seleccionados europeos tales como España y Francia, además de otros claro está. Como se mencionó el arranque fue algo absolutamente inesperado, pero a fin de cuentas necesario.

Ese sacudón despertó el espíritu guerrero del equipo que se vio en aquella Copa América 2019 donde apareció en escena la “Scaloneta”. Ese equipo al que se golpeó mucho, a ese entrenador que se lo subestimó, con el tiempo y con mucho trabajo se convirtió en un plantel, sano desde lo humano y sobre todo de campeones.

En apenas 17 meses el equipo dirigido por Lionel Scaloni de la línea de cal para afuera y por Lionel Messi pisando el verde césped, gritó campeón de la Copa América 2021, de la Finalissima y ahora le puso el broche de oro con la Copa del Mundo 2022

De manera escalonada fue el recorrido de este equipo. Luego del primer tropezón, Argentina venció a México con más corazón que fútbol y pasó la primera prueba de fuego. El groso de la hinchada, en la euforia de los partidos y del empuje, tenía en el inconsciente que una derrota a partir del partido con México significaba el fin del sueño.

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Pero eso no sucedió, por la muestra de carácter del partido ante México. Luego con Polonia aparecieron nuevamente los tintes de buen fútbol y se dio un triunfo más holgado para clasificar a los octavos de final. En dicha instancia, ante Australia, aunque hubo una cuota de suspenso, Argentina siempre tuvo en claro y demostró que ese partido era suyo.

En cuartos, un partido impecable que de no haber tenido dos distracciones lógicas por los nervios del encuentro y lo que pasaba por la cabeza, a la selección le tocó sufrir más de la cuenta. Allí fue otra muestra de lo fuerte que estaba este equipo mentalmente, ante la adversidad volvió a responder.

Ya en semis, la tensión subió de nivel, pero para la grata sorpresa, decimos sorpresa por lo arduo que fue el camino mundialista, Argentina adormeció desde un principio a una fiera como lo era Croacia. El pasito previo a la final fue un espejismo del partido ante Italia en la Finalissima, dominio absoluto y otro eslabón más para llegar a la gloria.

El último escalón

Ya la final es otra historia. La ansiedad, la tensión y la imperiosa necesidad de quitarse esa espina que estuvo clavada por 36 años podía darle muchísimas direcciones al partido. Otra vez el equipo respondió y tomó todo el camino del protagonismo. Desde un principio Argentina salió a ganar y no darle respiro al rival. Hasta los 80 minutos la gente ya se abrazaba a la ilusión.

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Pero para seguir fiel a esa “sana” o tan tediosa costumbre para el argentino de sufrir antes de un gran objetivo salió a la luz. En un abrir y cerrar de ojos Francia empató el partido y estiró la película al tiempo extra. 

Al igual que con Países Bajos, los dirigidos por Scaloni sacaron pecho y fueron por el triunfo. Jugando más con el corazón que con la cabeza, los últimos 30 minutos fueron infartantes. El partido podía ser para cualquiera de los dos, porque Francia, sin sacarle mérito, empujó y empujó. Messi depositó nuevamente el alma en cada uno de los argentinos luego de estampar el 3-2.

Pero otro capítulo más para el sufrimiento estaba preparado. Desde los doce pasos cuando se acercaba del final del partido, otro de los exorbitantes jugadores de este Mundial, Kylian Mbappé firmó el empate para los franceses con su triplete. Luego Argentina tuvo sus chances de llegar al tan ansiado cuarto gol, pero le faltó precisión y cabeza fría, algo imposible de pedir en la vorágine del partido, en los últimos metros.

También se agigantó la figura de Emiliano Martínez que detuvo lo que prácticamente era el gol de la conquista francesa. Ahí el “Dibu” firmó uno de los pactos necesarios para ganar un mundial: tener un gran equipo, tener cabeza en los momentos críticos, claro también tener tu cuota de suerte, pero sobre todas las cosas tener un arquero que responda cuando lo llaman. Ahí estuvo el nacido en Mar del Plata. Cada vez que amenazaron sus tres palos él sacó las garras y lo defendió a muerte.

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Así, con la cuota de sufrimiento que acompañó el viaje argentino en el Mundial, el campeón se definía a través de los penales. En la ejecución a través de los doce pasos Argentina, con nervios de acero no falló, el Dibu hizo de las suyas deteniendo uno de los penales y generando el desvío de otro de los remates franceses para dejarle a Gonzalo Montiel el penal de la ilusión de todo un país. 

Remendándose del “error” de haber otorgado el penal para Francia en el cierre del partido en el afán de detener el remate de Mbappé el surgido en River ejecutó el último penal como si estuviese en el campo de entrenamiento. Lloris, arquero de Francia, voló para un lado y “Al Hilm”, el sueño en qatarí, la pelota de la final, se dirigió hacia el otro lado inflando la red le dieron la gloria eterna a Argentina nuevamente.

Así aunque parecía un sueño fue real y Argentina conquistó nuevamente el mundo, cortando una sequía de 36 años y dejando atrás injustas definiciones para Lionel Messi y para todo un equipo. La historia en fin para este nuevo paso a la gloria fue un espejismo del mundial en sí.

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Se sufrió, más de la cuenta, por momentos el fútbol fue injusto, sobre todo con el capitán del equipo, pero que al final dio sus frutos de la mejor manera para empezar a sentenciar la historia de un jugador que hizo todo el tiempo de lo extraordinario algo ordinario y que le devolvió la sonrisa a un país que espero por este momento por 36 años largos años, con varias lastimaduras obtenidas en el camino. 

Argentina, campeón del mundo, llevando a un país a lo más alto de nuevo luego de mucho tiempo y cortando también una sequía de 20 años sin equipos sudamericanos conquistando de manera absoluta este deporte tan hermoso que es el fútbol.

Festeja Messi, festeja Scaloni, festeja un plantel de guerreros, festejan Diego y Sabella desde donde estén y festeja el fútbol porque finalmente se hizo justicia y ese rosarino que cambió la manera de ver este deporte y que genera locuras en el corazón del mundo por fin logró tener la sonrisa más esperada y más linda del mundo junto con la copa, su gran capricho que finalmente llegó.

JL PAR