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MODO FONTEVECCHIA
Narrativas políticas

Agustín Salvia: “Controlar los datos de inflación de CABA seria fundamental para el relato de Milei”

El sociólogo señaló que la manipulación estadística “mina la credibilidad del INDEC” y expone una estrategia de poder más amplia. “No se trata de uno o dos puntos de inflación, sino del control del sentido”, afirmó.

Agustín Salvia, economista
Agustín Salvia, economista | Twitter

En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), Agustín Salvia analizó el cambio metodológico en la medición de la inflación y sostuvo que el foco del Gobierno no está puesto en el impacto real del índice sino en su efecto político. “No va a depender de que baje o suba la inflación porque no se actualice el índice, pero el índice iba a hacerle un ruido político y económico”, explicó, y advirtió que controlar los datos de la Ciudad de Buenos Aires resulta clave porque “es el espejo del país” y concentra buena parte de la construcción de sentido público. Para el sociólogo, la intervención sobre las estadísticas implica “una decisión política deliberada” que debilita al INDEC y busca sostener un relato que “todavía se sostiene con alfileres”.

Agustín Salvia es sociólogo egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. Realizó su doctorado en Ciencias Sociales en el Centro de Estudios Sociológicos del Colegio de México. Es investigador de CONICET y se desempeña como director del Programa Cambio Estructural y Desigualdad Social en el Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA. También se destaca por su labor como jefe del Observatorio de la Deuda Social en el Departamento de Investigaciones Institucionales de la UBA.

Escribiste un artículo en el diario Perfil este fin de semana, y viendo hoy el resultado de la ciudad de Buenos Aires, que da 3,1 % de la inflación con un método similar al que se dejó de implementar a nivel nacional, con la corrección del método antiguo, me genera más paradojas aún. ¿No es tapar el sol con la mano si finalmente tenés en la ciudad de Buenos Aires que se va a publicar el mismo índice, que, aunque no representativo de todo el país, es bastante representativo en general? Parece algo ingenuo y casi podríamos decir del orden de lo psicológico: una negación de la realidad.

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En términos del efecto inflacionario de no haber actualizado el método, quizás enero te daría un poquito más que lo que te acaba de dar la ciudad de Buenos Aires, a la luz de ajustes que hubieron en tarifas en el interior del país durante diciembre. Pero el mayor problema viene con la actualización de las tarifas, la quita de los subsidios que está planteada para febrero y eventualmente para marzo, que se viene dilatando, porque este proceso tenía que haberse aplicado durante el año 2025, pero en un año electoral no era prácticamente correcto hacerlo.

Y, bajo la promesa permanente de una baja de inflación que no logra alcanzarse, sin duda el gobierno, en este contexto, encontraba que el escenario hacia adelante se convertía en muy peligroso en cuanto a dar señales de aumentos importantes en materia inflacionaria, cuando viene insistiendo en que la tendencia va a ser a la baja y quiere manejar las variables macroeconómicas, pero también el discurso político-económico en términos de una caída de la inflación. Era completamente contradictorio.

No va a depender de que baje o suba la inflación porque no se actualice el índice, pero el índice iba a hacerle un ruido político y económico, y también financiero en términos fiscales, porque la actualización de las jubilaciones, de la AUH, las negociaciones salariales en puerta, las presiones vinculadas a los bonos indexados por inflación, obviamente que iban a tener un costo de desequilibrio macroeconómico, no extraordinario, pero sí va a tener un costo, afectando un relato que todavía se sostiene con alfileres, que no está claramente garantizado ni consolidado en términos de una política económica que garantice no solo la baja de la inflación, sino lo que está detrás, que sería mucho más importante: que se reactive el crecimiento, que haya una mayor oferta de bienes y servicios y esto permita absorber el excedente monetario.

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Como este crecimiento no está ocurriendo, el excedente monetario está generándose producto de varios factores, entre ellos la compra de dólares, pero no solamente por ello; obviamente tiene un impacto inflacionario que es negativo para el relato político. Y aquí creo que el mayor problema no va a estar en cuántos más o menos puntos puede tener la inflación, sino que hay dos problemas más serios. Uno es la intervención, una decisión política interviniendo sobre el aparato de construcción de estadísticas públicas, de manera mucho más deliberada, casi vergonzosa, o más explícita; también asumir esto como un ejercicio normal del campo político. Y, en segunda medida, el debilitamiento del propio INDEC como organismo público de estadística, en términos de su credibilidad, y la puesta en discusión de todas las estadísticas, no solamente la de la inflación.

Estos aumentos que vos mencionás, que en el resto del país, en los servicios, se dieron en mayor proporción que en la ciudad de Buenos Aires. Pero la quita de los subsidios va a afectar también a lo largo del año el de la ciudad de Buenos Aires. Es decir, tener uno de la ciudad de Buenos Aires que te va a estar marcando la diferencia de manera significativa, cuando vas a subir el precio de las tarifas por reducción de subsidios 10% por arriba de la inflación, me da la sensación de que esto es tapar el sol con las manos. Porque, si bien el otro de alguna manera afectaba el relato, este lo afecta doblemente. Como diría Freud, aquello prohibido hace que se lo mire con más interés, ¿no?

Coincido pero es un error político, que la única justificación en este sentido, es que oficialmente el índice no va a estar dando los valores que daría si se hubiese actualizado. Con lo cual, la responsabilidad pública de actualizar o indexar tanto jubilaciones y pensiones como programas sociales y algunas otras cuestiones financieras, como los bonos indexados por inflación, obviamente están fuera de la responsabilidad pública, porque se está basando fundamentalmente en un índice que está legalizado o formalizad en la nueva fórmula que habría sido desarrollada.

Pero, desde el punto de vista del relato político, sin duda es tapar el sol con las manos y es un error político estratégico. Te diría que no de coyuntura, sino estratégico, porque el proceso económico y social continúa y, por lo tanto, cuanto más se debilite un organismo de estadística como es el INDEC, que genera señales para la discusión en materia de negociación salarial o de decisiones de política de inversión, cuanto más se debilita, efectivamente el problema se agrava, porque quedan señales confusas dentro de los mercados y de las relaciones sociales.

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Y eso no favorece un proceso de estabilización, sino que lo agrava; es decir, o por lo menos mina ese proceso de estabilización con una situación más turbia y muy oscura, desde el punto de vista incluso como objetivo estratégico. Ahora, ¿qué se gana con esto? Lo que se gana con esto es la imposición de la autoridad política económica sobre las estadísticas. Creo que lo productivo de esta acción está en mostrar que hay una maquinaria del poder que indica que básicamente quién conduce la máquina detrás del proceso de producción de relato, de discursos, de construcción de sentido.

Y lo que creo que es una afirmación de esto es que no hay producción de sentido dentro del gobierno que contradiga la producción de sentido y la verdad que se quiere instalar desde el propio oficialismo. Es justamente garantizar que todas las condiciones del poder al interior del gobierno estén en coordenadas y alineadas alrededor de una perspectiva unívoca y una representación unívoca de lo que es verdad y de lo que es mentira.

Uno de los factores de la política argentina, desde la reforma constitucional de la segunda mitad de la última década de este siglo, es el ambacentrismo. O sea, es muy difícil para cualquier gobernador ser conocido para ser candidato presidencial fuera de su provincia y, en líneas generales, los personajes conocidos están todos viviendo en la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores, porque aquí se concentra toda la producción de sentido: los canales de televisión, los diarios, los sitios, la producción periodística, la producción cultural. Esta es la caja de resonancia de todo el país. Y hago toda esta vuelta para llegar nuevamente al índice de la ciudad de Buenos Aires. En Brasil, por ejemplo, no hay manera de que haya una ciudad que represente todo Brasil, porque están divididas las fuerzas entre distintas ciudades.

Acá, en la Argentina, como en Tokio con Japón o en Londres con Inglaterra, hay determinados países que tienen una ciudad que concentra: esa es la vidriera absoluta del país. Entonces, el índice de la ciudad de Buenos Aires tiene una importancia distinta al índice, con todo respeto, de La Rioja. Entonces, creo que el gobierno enfrenta, en su construcción de relato, el espejo de la ciudad de Buenos Aires, donde no solamente está el índice de inflación, que va a ser distinto, marcadamente distinto por esto que estamos diciendo a lo largo del año, sino también el tema de las personas en situación de calle.

Vos podés decir “la pobreza baja”, mostrar que las estadísticas indican que la pobreza baja; ahora, ves el doble de personas viviendo en la calle. Y eso es un indicador, diría no sistemático, pero sí palpable y a veces incluso más penetrante, de que algo está pasando con la pobreza. Si se triplica la cantidad de personas que viven en la calle en la principal ciudad del país, es también un grito contrastante frente a la narrativa oficial.

Y, al mismo tiempo, me pregunto qué hacer con la gente en situación de calle. Porque, por ejemplo, no se los podría obligar a ir a refugios si la ciudad o la Nación reconociese: bueno, tenemos una situación de pobreza que vamos a atravesar durante dos o tres años, hay que construir más lugares para albergar a esta gente, pero no habría manera de obligarlos a ir. ¿Qué reflexión tenés sobre qué significa el aumento amplio de las personas en situación de calle y si tenés alguna experiencia de otros países en tratamiento de conflictos similares?

Antes de llegar al último, dejame plantearte dos o tres cuestiones que creo que son relevantes. Una de ellas es: tengamos en cuenta que toda la alteración del IPC no modifica en nada el umbral de pobreza, la canasta básica total, muy poquito. Porque el problema que está detrás, en la medición de la pobreza en términos de medición por ingresos, es la actualización del valor de la canasta con base en el presupuesto de gastos que tienen los hogares y que está también completamente desactualizado con respecto al costo que hoy tiene la relación costo-ingresos que tienen para los hogares el gasto fijo en servicios versus los gastos corrientes en alimentos u otras cuestiones.

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Como esto no está bien representada en el actual contexto económico, después de una liberalización de precios y de la próxima quita de subsidios. Obviamente la pobreza tiende a bajar, pero a bajar estadísticamente y no a bajar genuinamente en términos de lo que la gente siente en el bolsillo. Su capacidad de consumo no mejora por mucho que la pobreza esté bajando. Entonces se marcan situaciones de deterioro en materia de capacidad económica para algunos segmentos más que para otros. Los procesos de caída de inflación han logrado que los sectores medios hayan tenido una importante recuperación en su capacidad de administrar sus recursos e incluso, a pesar de tener que pagar más tarifas, también en su capacidad de consumo, producto de que han logrado mejores negociaciones privadas o públicas en contexto de sus ingresos.

Creo que hay una franja de la sociedad, que son las clases medias bajas y los sectores populares, que eventualmente hoy por hoy siguen teniendo con mucho beneficio la caída de la inflación, pero con mucho perjuicio porque sus ingresos efectivamente no les alcanzan y no logran atravesar la línea de pobreza. Y algunos de ellos, justamente estos segmentos que hoy vemos que crecen en la principal ciudad, o incluso en el conurbano, en el primer cordón del conurbano bonaerense, muestran que hay un aumento de las personas en situación de calle, que son de sectores medios bajos, ya no solamente sectores populares.

Sectores medios bajos que efectivamente no pueden pagar el alquiler, que no pueden pagar los servicios, que eventualmente han perdido el trabajo, que en esta situación aparece como un incremento de esta población que no encuentra habitación o no logra asentarse en una residencia y tener un plan de vida, de garantizar su bienestar mínimo. Aclaremos otro punto de lo simbólico. En el país tenemos un tercio de sectores medios profesionales, un tercio de sectores medios intermedios y un tercio de sectores populares empobrecidos. La ciudad de Buenos Aires tiene dos tercios de sectores medios y un tercio de sectores medios bajos y de segmentos populares.

Obviamente la construcción de opinión pública está mucho más dominada por los dos tercios que por el tercio inferior dentro de la estructura social. Y los dos tercios populares y de clases medias bajas del conurbano están relativamente invisibilizados. Y la agenda la va construyendo el sector de clase media, la opinión pública. Esta agenda de construcción de opinión pública, que tiene su gran centro en la ciudad de Buenos Aires, obviamente va a ser muy ambiciosa para cualquier poder político tomar el poder político de la ciudad de Buenos Aires y administrar incluso sus estadísticas,y sus políticas. Creo que esto es también un punto importante en perspectiva a la estrategia política del gobierno y eventualmente de la oposición. Ganar la ciudad de Buenos Aires es marcar tener ahí al dos tercios de la ciudad que construye opinión pública, en términos de dentro de la misma ciudad.

Y los sectores que padecen esta situación de falta de vivienda propia y de capacidad de tener un proyecto de gestionar su presupuesto de vida de manera satisfactoria enfrentan una invisibilidad importante. No son temas de agenda central. Te digo, hay una estructura social que lo justifica. Ahora, ¿qué hacer con ellos? Sí, efectivamente hay problemas jurídicos, pero lo primero que se debería ver es detener la maquinaria que lo produce, lo cual significa que haya más trabajo y más capacidad de generar empleo en los adultos o los hijos o quienes sostengan a esos hogares, que les permitan alquilar o mantener o acceder a alguna vivienda y garantizar un sustento básico.

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Como eso no está ocurriendo, como lo que estamos teniendo es un proceso recesivo en materia de creación de empleo y de precarización -cuando se crea empleo se crea empleo más precario-, obviamente lo que está generándose es que esos segmentos medios bajos que van perdiendo empleo no van teniendo capacidad de pago para sus deudas correspondientes y quedan en la calle. Y este es el proceso que los está generando.

Hay otro proceso, de orden psicológico, afectivo. Para muchos hay una parte de esos segmentos de la población que están viviendo en la calle en situación de malestar psicológico, de exclusión psicológica y social, que requieren de políticas mucho más focalizadas. Y son para los cuales la ciudad ha venido desarrollando políticas que no es que son impropias o improcedentes, son correctas, pero obviamente no son suficientes cuando lo que te está ocurriendo es una demanda que supera esa oferta.

Es decir, estás generando más segmentos que reclaman algún tipo de asistencia y de apoyo, y tu capacidad para gestionar ese apoyo es muy baja. O por lo menos lo podés gestionar quizás en el campo psiquiátrico o de la salud mental, pero difícilmente lo puedas cubrir en el campo de las necesidades económicas y de las necesidades laborales, porque no tenés capacidad para crear empleo desde el punto de vista del Estado ni de la política económica. Ahí creo que hay una contradicción sustantiva.

Es decir, necesitamos que haya una sociedad capaz de crear empleo y tener movilidad social ascendente y, por lo tanto, que los hijos o los padres de quienes están afuera, o los hijos de quienes están en la calle, los recojan y los recuperen, o los parientes o los amigos los recuperen para su inclusión social. Eso en un contexto de crecimiento. Pero cuando no hay ese crecimiento y cuando la necesidad empieza a multiplicarse al interior de la familia y de las redes empobrecidas, obviamente hay muy poca capacidad de incorporar.