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MODO FONTEVECCHIA
Debate económico

Carlos Quenan advirtió: "Europa tiene la misma debilidad que Latinoamérica frente a Trump"

Las decisiones de Donald Trump vuelven a poner en evidencia fragilidades económicas y relaciones desiguales, atravesadas por aranceles y presiones migratorias. Aun así, no todos negocian igual y esas diferencias explican por qué algunos tienen más margen que otros.

Carlos Quenan
Es director del Instituto de Altos Estudios de América Latina (IHEAL) de la Universidad Sorbonne Nouvelle | X

La llegada de Donald Trump al centro de la escena global volvió a exponer fragilidades económicas y márgenes de dependencia frente a sus políticas de presión, desde los aranceles hasta las exigencias en comercio, defensa y migración.

En una entrevista en el programa Modo Fontevecchia, por Net TV, Radio Perfil (AM 1190) al economista Carlos Quenan, recorrió cómo estas tensiones reconfiguran el tablero geopolítico y ponen en cuestión alianzas históricas, bajo una idea que atraviesa todo el diagnóstico: “Europa tiene la misma debilidad que Latinoamérica frente a Trump”.

El economista argentino Carlos Quenan está especializado en economía internacional, desarrollo y América Latina. Se desempeña como director del Instituto de Altos Estudios de América Latina (IHEAL) de la Universidad Sorbonne Nouvelle – París 3, uno de los centros académicos más relevantes de Europa dedicados al estudio de la región. Además, en la Argentina, mantiene un vínculo con la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde se formó, y participa de manera habitual en debates académicos y públicos sobre política económica, relaciones internacionales y modelos de desarrollo.

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Acá tenemos dos componentes. Por un lado, lo que sería el canciller de Estados Unidos, que lo que desea es el fin de Cuba y el realineamiento de toda América del Sur, además del Caribe, con las políticas norteamericanas, inclusive la anexión de Groenlandia. Y, por otro lado, el vicepresidente J. D. Vance, a quien le interesa que la economía norteamericana mejore y produzca ventajas concretas para los ciudadanos de ese país. Desde esta segunda perspectiva, ¿cómo se percibe desde Europa lo que está sucediendo en Venezuela, si finalmente las cuestiones geopolíticas van teniendo ventajas económicas concretas para los ciudadanos norteamericanos?

Yo también tengo algunos problemas de garganta ligados al frío que predomina aquí. Lo que se percibe de lo que está pasando, a partir de la acción de Estados Unidos y de la captura del presidente Maduro, es bastante preocupación en Europa. En relación al punto que estás evocando, es decir, los impactos internos, predomina en ámbitos públicos, como en think tanks y entre observadores informados, una idea de efectos muy dudosos en términos positivos de lo que está pasando en el corto plazo, sobre todo porque ya se vio con el alza de las tarifas que eso podía implicar problemas de inflación, no necesariamente graves, pero que no traen ningún resultado particularmente bueno o positivo.

En el mediano y largo plazo, asegurar el aprovisionamiento de petróleo y otros productos minerales, como las tierras raras que también tiene Venezuela y de las que se habla poco, es indudablemente un factor que podría reforzar a Estados Unidos en una disputa geoeconómica y geopolítica global. Desde Europa también se percibe una preocupación muy clara en relación al planteamiento de la nueva estrategia de defensa y de seguridad de Estados Unidos, porque implica un regreso a la doctrina Monroe, ahora con el corolario Trump, donde se excluye no solo a rivales estratégicos.

En ese marco, predomina una gran preocupación, sin dejar de lado que lo mencionado respecto de Groenlandia es un ingrediente novedoso del que se habló en los medios. Estuve en España y regresé a Francia anoche, y el tema aparece también en medios de Alemania e Inglaterra. Hay que tomar en serio a Trump. Predomina la idea de que hay que tomarlo en serio. Se trata de una visión audaz en términos geopolíticos y geoestratégicos, que incluye no solo tensiones con China o Rusia, sino una mirada particularmente despectiva hacia Europa.

Respecto del viceministro del gobierno norteamericano que dijo que Groenlandia debe ser parte de Estados Unidos. ¿Cuál sería el argumento que se toma en serio en Europa: que Groenlandia fue robada por Dinamarca a los pueblos originarios y que esos pueblos originarios pertenecen al continente norteamericano y no al europeo?

Se habla de ese argumento, pero no se puede esgrimir sin replantear la cuestión de la soberanía de los Estados nacionales, puesto que Groenlandia es reconocida por la comunidad como una dependencia de Dinamarca, con estatuto autónomo y cuyos ciudadanos son ciudadanos daneses. En definitiva, se toma en serio no tanto por un argumento legal o histórico, sino porque Trump implica una ruptura muy grande, incluso una posible fractura a nivel de Occidente, donde más que las reglas importan las decisiones, las relaciones de fuerza y los acuerdos que puedan generarse.

Europa actúa con prudencia porque necesita clarificar su relación con Estados Unidos en torno a Ucrania. En ese sentido, hay una similitud entre Europa y América Latina: es muy difícil decirle no frontalmente a Trump, porque hay que tomar con seriedad su decisión de ser agresivo y audaz. Ayer hubo una reunión convocada por el presidente Macron, con las fuerzas voluntarias que apoyan una salida pacífica y el final de la guerra en Ucrania. Se habló de las garantías de seguridad posteriores a un cese al fuego y a un acuerdo de paz, y participaron dos delegados del gobierno de Estados Unidos. El objetivo es avanzar y evitar la percepción de que solo le interesa restablecer relaciones con Rusia por factores geopolíticos y geoeconómicos vinculados a tierras, recursos minerales y rutas comerciales del Atlántico Norte y del Ártico.

En este escenario, podría implicarse un sacrificio mayor de territorios ucranianos, y también existe un objetivo estratégico de la administración Trump: intentar desvincular a Rusia de China, cuyos vínculos se fortalecieron notablemente.

¿Podríamos sintetizarlo diciendo que a Europa le pasa lo mismo que a Latinoamérica con Trump?

Hay una gran similitud entre Europa y América Latina. No existe capacidad de oponerse claramente a las posiciones de Trump, aunque sí de intentar moderarlas. En ese sentido, ocurre algo similar a lo que vive la oposición en Venezuela, encabezada por María Corina Machado, que ganó las elecciones de 2024 y busca congraciarse con Trump, incluso planteando compartir un Premio Nobel, al considerar que sigue siendo el principal apoyo para una salida política, más allá de que pesen más factores energéticos y geoestratégicos que la democracia.

Todo esto genera una situación en la que distintos actores quedan prisioneros de las decisiones de Trump. Cualquier intento de involucrar a organismos internacionales, como la OEA o las Naciones Unidas, en una transición pacífica.

En su doble condición de argentino y residente en Europa, uno de los argumentos por los cuales Europa y Estados Unidos se alinearon con Inglaterra durante la guerra de Malvinas fue que todos formaban parte de la OTAN. El argumento opuesto sería ahora si Estados Unidos decidiera tomar Groenlandia por la fuerza.

En este contexto, Europa enfrenta la necesidad de replantear su defensa como una problemática propia. No solo por Groenlandia, sino por la inversión de alianzas generada con la administración Trump. La aspiración a una autonomía estratégica convive con el riesgo de marginalización tecnológica y geopolítica. Aunque debe descartarse una ocupación militar de Groenlandia, el planteo de Trump busca generar una relación de fuerzas para obtener beneficios en materia militar y de recursos naturales, en un territorio vasto, de más de dos millones de kilómetros cuadrados.

Sobregiro mileísta por Trump en Venezuela

Todo esto marca el inicio de un proceso caracterizado por equilibrios inestables, múltiples interacciones e intereses cruzados, tanto en Europa como en América Latina.

MV