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MODO FONTEVECCHIA
Editorial de Jorge Fontevecchia

Día 1039: El impasse de la política y la oposición Hamlet

Ante la incertidumbre global y el ajuste libertario, la oposición argentina se hunde en una encrucijada hamletiana: ¿enfrentar a Milei, asociarse por conveniencia o esperar a que la sociedad se fatigue?

Día 1039 Editorial de Jorge Fontevecchia
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La política argentina se encuentra en un impasse. Las razones son la incertidumbre de los vientos históricos. ¿Para dónde soplan? ¿Estamos viviendo un hartazgo contra todos los oficialismos o simplemente un auge de la extrema derecha? Para eso habrá que ver las elecciones de medio término de Estados Unidos y las de Israel. También, el impacto de la visita del Papa, que ahora con su operación deja un escenario favorable al Gobierno. Es casi seguro que el Papa no visitará el país.

Es decir, si se le pregunta a cualquier político por fuera de Milei si sabe exactamente en qué lista irá el año que viene, siguiendo a qué candidato y con qué propuestas, la respuesta es que es demasiado pronto para saberlo. Si se le pregunta a buena parte de la oposición si el año que viene estará más cerca de apoyar al Gobierno o de intentar construir una alternativa para ganarle las elecciones, por lo bajo, muchos también confesarán que aún no lo decidieron.

Los políticos son muchas cosas, pero ante todo son profesionales de la representación. No saben cómo reaccionará la sociedad a la que se le está aplicando un ajuste brutal por parte de la extrema derecha, pero que sigue muy enojada con las experiencias de los gobiernos anteriores. Tampoco saben cómo reaccionará la propia economía. El mercado financiero mira las fluctuaciones de la política local y mundial y está viendo si sigue ganando intereses en el país o mueve su dinero a mercados más seguros.

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De respirarse un clima de derrota o inestabilidad, podría haber corridas cambiarias preelectorales. Pero, en el fondo, lo que todo el mundo mira es la respuesta popular. ¿Acompañará a Milei o ya no le cree más? ¿Esperará a votar o, como sucedió con Macri, se verán jornadas de protestas violentas en la calle que terminarán por enterrar al Gobierno?

Por eso los políticos miran las elecciones y los estallidos de otros países, para saber cómo reaccionaron otras sociedades ante eventos similares. Por eso esperaban la reacción popular ante la visita del Papa, un líder espiritual de valores antagónicos a Milei que, como dijimos, lo más probable es que no visite el país. Los políticos miran porque no quieren jugarse a representar ideas que los argentinos no tienen.

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En ese escenario, la oposición enfrenta un conjunto de dilemas. ¿Mantener el perfil o mantener el poder? ¿Ser ideológicos o ser pragmáticos? En definitiva, la oposición, al igual que Hamlet —el célebre personaje de Shakespeare—, tiene una pregunta existencial. ¿Ser verdaderamente una oposición y trabajar por un proyecto que supere a Milei o defender de diferentes maneras la cuota de poder que se tiene?

Hamlet se preguntaba “ser o no ser, esa es la cuestión”. Es decir, ¿vale la pena aguantar las desventuras de la vida y seguir adelante o es demasiado sufrimiento y había que terminar con todo? Hamlet descubrió que su tío Claudio había matado a su padre para casarse con su madre y ser rey. El fantasma de su padre le ordenó vengarlo, pero él no sabía si efectivamente era el fantasma de su padre o un demonio que intentaba engañarlo. Además, sentía enojo con su madre por haberse casado tan rápido con el asesino de su esposo y sentía enojo consigo mismo por su parálisis y falta de arrojo.

La oposición se atribuye mayor o menor culpa de que Milei haya ganado, siente pena por sí misma y, a su vez, no parece terminar de entender a la sociedad que le dio la espalda. Está envuelta en peleas internas que no la ayudan y teme quedar barrida de la historia, pero no sabe exactamente qué hacer. A diferencia de Hamlet, que no duda de su odio a Claudio, la oposición cree que tal vez pueda convivir con Milei y esperar a que la sociedad se canse de él. Es la teoría del yogur vencido de Cristina, quien plantea que hay que esperar en la góndola hasta que el comprador la vuelva a elegir después de intoxicarse con el yogur libertario vencido.

Los gobernadores son quienes más encarnan este dilema hamletiano. Su proyecto político no es el de Milei. Ellos quieren industria, educación pública, Estado presente y son más proclives a un pragmatismo internacional, en vez del alineamiento total a Estados Unidos. Pero necesitan negociar con Milei para pagar los sueldos y que cierren los números de sus provincias. Además, negocian con Milei que el libertario no les ponga candidatos propios e intente sacarles sus provincias. Si todo se encamina hacia una reelección de Milei, probablemente lo acompañen en la eliminación de las PASO, porque de cualquier manera ganaría. El Gobierno, al revés, quiere que lo ayuden a eliminar las PASO para poder reelegir. En ese minué se encuentran todos.

A su vez, acompañar a Milei para eliminar las PASO presupone una ruptura con Unión por la Patria. Las diferentes tribus peronistas plantearon que las PASO son una línea roja que quien la cruza no formará parte de ningún frente opositor con el peronismo, principal sector de quienes están en la vereda de enfrente de Milei.

Por otro lado, los gobernadores saben que Milei los puede traicionar y pueden quedarse sin perfil opositor y perder el poder al mismo tiempo. El peor de los mundos.

Cristina sabe que si simplemente va detrás de Massa o Kicillof, continúa su lento declive, pero si se lanza con una campaña propia también puede perder. Si todo se encamina hacia un triunfo de Milei, tal vez prefieran dejar que gane el libertario y mandar a perder a los demás, para volver ellos en 2031.

Probablemente la provincia de Buenos Aires sea el triunfo más seguro al que pueda aspirar el kirchnerismo. Axel Kicillof no puede volver a ser gobernador y no hay ningún candidato natural al puesto. Sin embargo, Sergio Massa también tiene intención de disputar el territorio bonaerense si no es el candidato presidencial del peronismo.

Además, detrás de aquel problema está el drama de los intendentes, que también tienen sus propios problemas. A muchos se les vencen los mandatos para seguir reeligiendo. Por eso necesitan una ley en la Legislatura bonaerense para extender la reelección indefinidamente. Kicillof los apoya, pero La Cámpora y Sergio Massa se muestran lejanos a esa postura, aunque manifiestan poder conversarla siempre y cuando se los apoye a ellos para ser gobernadores. Y ahí estamos de nuevo en el mismo lugar.

Si no resuelven esta rosca, pueden quedarse sin nada. Porque el aparato de los intendentes fue clave para mantener la provincia y el suelo bonaerense es clave para disputar la presidencia. En el fondo, jugarse a ganarle a Milei implica ceder poder a adversarios internos que luego utilizarán a su favor en futuras peleas internas. Si la sociedad mayoritariamente sigue con Milei, ¿por qué hacerlo? ¿No prefieren que los intendentes axelistas sean barridos y que La Cámpora sea la tribu que resista del peronismo? En política, gran parte de la inteligencia está en saber elegir qué batallas librar y cuándo.

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Lo que no se sabe es si la batalla por la presidencia puede librarse o si es un período histórico en el que la extrema derecha es imbatible. Si es así, la pelea es con quien está al lado por una cuota parte del poder residual que le queda al peronismo. El verdadero adversario es aquel con quien hay una disputa real.

Bregman está en el centro de las miradas por cosechar una importante centralidad al ser la política con mejor imagen del país. Enfrenta la disyuntiva entre ser parte de un frente que derrote a Milei e ingresar en las primeras ligas de la política —corriendo el riesgo de ser alcanzada por el hartazgo hacia los políticos— o, por el contrario, mantener viva su perspectiva revolucionaria y crecer gradualmente hacia el futuro.

Esto, en el fondo, también es un dilema hamletiano sobre ser un opositor realmente o no. Es decir, la política es la respuesta de un conjunto de valores y un programa, pero en una situación concreta. Trotsky planteaba el siguiente escenario para entender cómo, a su manera de entender la política, debían actuar las corrientes revolucionarias como el Frente de Izquierda:

"Si un hombre te persigue con una pistola y otro te persigue con un veneno, tu prioridad absoluta debe ser desarmar al hombre de la pistola, porque su peligro es inmediato. El veneno solo será un problema si sobrevives a los disparos."

Es decir, se puede pensar que los disparos y el veneno son igualmente malos en última instancia. Pero la inmediatez de los disparos genera que primero haya que desarmar al hombre que tiene el arma. Inclusive, podemos agregar, si esto requiere una alianza con el hombre del veneno. Quedarse denunciando a ambos por igual porque los dos tienen malas intenciones —después de todo, los dos están en posesión de un arma y de veneno— terminará, de seguro, en un final fatal.

Hoy, la amenaza de la extrema derecha libertaria frente a los trabajadores que Myriam Bregman se esfuerza por representar y defender es mayor a la que le plantea el peronismo. Bregman dice algo cierto: la política del peronismo a mediano plazo desilusiona a la sociedad y esto hace que vuelva la extrema derecha. Finalmente, los dos son igualmente malos en última instancia, siguiendo el planteo de Bregman. Sin embargo, al igual que en la parábola de Trotsky, hay un peligro inminente y otro a mediano plazo.

Denunciar a los dos por igual solo busca preservar el capital político acumulado. Es decir, el argumento de que siempre dijo la verdad y nunca se alió con los que tienen veneno ni con los que tienen armas. Pero en política conviene separar el análisis de la praxis. Una cosa es tener razón sobre lo que sucede y otra muy distinta es tener el poder para cambiar las cosas. Tener un buen análisis es muy importante, pero luego hay que actuar dentro de las posibilidades que el escenario ofrece para efectivamente tener el poder.

El cordobesismo puede perder la provincia frente a una alianza opositora y, a la vez, enfrenta la disyuntiva de aliarse al resto del peronismo, con los kirchneristas incluidos. Todo esto en el marco de ser, quizás, la provincia más antikirchnerista de todas.

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¿Seguirán dentro de su provincia y alejados del kirchnerismo para ser más competitivos o se jugarán a un frente opositor para que todo el arco contrario al Gobierno defienda a Córdoba? En ese escenario, arreglar con Milei parece ser lo más sensato, siempre y cuando los vientos históricos soplen hacia la extrema derecha.

El PRO, si quiere mantener su perfil, debe tener candidatura propia; pero si quiere mantener la Capital, debe cerrar con Milei. También a la espera de saber para dónde sopla el viento. Bullrich misma, expresidenta del partido, se encuentra indecisa en su caso, porque si Macri arregla con Milei, Bullrich se queda sin la jefatura de la Ciudad de Buenos Aires. Milei deberá darle la vicepresidencia, pero no debe cometer nuevamente el mismo error que con Villarruel de darle más poder a alguien que eventualmente lo traicionará.

Los votantes se alinearán por la economía, pero la economía está mal y no hay nadie que pueda garantizar que estará mejor. Es como si se estuviese eligiendo entre un modelo inflacionario con actividad económica o un modelo de baja inflación con recesión, con la esperanza de que mejore. Esperanza en cada vez menor cantidad de argentinos.

Finalmente, solo hay dos políticos que tienen certezas y avanzan, probablemente porque ambos pueden perder todo el poder y terminar en el llano. Javier Milei, si pierde, ya avisó que dejará la política y vivirá de viajar y dar conferencias por el mundo. Milei sabe que será candidato y parece haber optado por redoblar su narrativa de confrontación y su política de motosierra. Su respuesta son más insultos y más ajuste. Kicillof no puede ser reelecto como gobernador, está totalmente enfrentado con Cristina Kirchner, Massa es su adversario y su base política —los intendentes y sindicalistas— son jugadores independientes que hoy están con él y mañana con otro dirigente. Por eso, Kicillof solo puede avanzar e intentar ir por la presidencia.

Cara y contracara de la política nacional. El topo que quiere destruir el Estado desde adentro y el keynesiano que quiere un Estado interventor. El que dice que vino a renovar la política desde la honestidad y contra la casta y se ve envuelto en casos de corrupción junto a los operadores políticos con menos escrúpulos, y quien realmente es honesto y convive con las expresiones del PJ más cuestionadas.

Mientras tanto, el resto de la política, como decía Perón, está desensillando hasta que aclare.

Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi

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