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Día 795: Molotovs, show y mayorías circunstanciales

Durante las manifestaciones en el Congreso en contra de la reforma laboral, el Gobierno obtuvo las imágenes que necesitaba para generar el caos que le da a cada audiencia exactamente lo que necesita para creer y confirmar sus propios sesgos.

Día 795: Molotovs, show y mayorías circunstanciales
Día 795: Molotovs, show y mayorías circunstanciales | CEDOC

La media sanción de la reforma laboral y de la Ley Penal Juvenil expuso dos puntos fuertes en el método de poder de Javier Milei: el comunicacional, amplificando mediante las redes escenas de la violencia callejera y ganando relato, algo similar al mecanismo de amplificación mediante las redes de los casos de inseguridad perpetrados por menores de edad, y otra cara, la de la rosca política clásica, negociaciones y mayorías circunstanciales en el parlamento.

Esa combinación le da aire al oficialismo aún en un contexto económico adverso, con promesas incumplidas, como la de sepultar la inflación, y en medio de una recesión que ataca el empleo. El equilibrio es frágil: si el Gobierno confunde impulso coyuntural con hegemonía y rompe puentes con sus aliados, el capital político acumulado puede evaporarse tan rápido como llegó. Esto ya le ocurrió en la primera mitad de su mandato.

La administración de Milei consiguió esta semana una victoria legislativa decisiva en el Senado al aprobar una reforma laboral, siempre un tema espinoso en el país de Juan Domingo Perón. Si bien los pormenores de la aprobación del proyecto fueron bastante interesantes, en una hazaña capitalizada finalmente por la flamante senadora y ex ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, lo que ocurrió en las calles fuera del edificio del Senado fue un poco más bizarro y también responde a la “nueva forma” en la que se juega la política.

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La violencia y los enfrentamientos entre manifestantes y la policía fueron captados por la televisión en vivo en una transmisión que duró varias horas, no sólo atrayendo a grandes audiencias sino también generando cientos, si no miles de clips cortos que luego se viralizaron en las redes sociales. La política como espectáculo, pero papoteada con los anabólicos de los algoritmos del ecosistema digital diseñados para optimizar y maximizar la atención de la audiencia.

Mientras la sesión en el recinto se extendía durante horas, las calles, que inicialmente estaban relativamente tranquilas, se convirtieron en un campo de batalla. El número de manifestantes era relativamente pequeño, pero el nivel de violencia que fue documentado por cámaras de televisión y drones fue elevado. Luego de que las principales columnas de los partidos de izquierda que se movilizaron hacia la Plaza de los Dos Congresos se fueran replegando, grupos más chicos tomaron la posta, organizando focos de vandalismo y violencia.

Una pequeña “unidad” con cascos, máscaras antigás y los rostros cubiertos utilizó planchas de cartón para montar una pequeña línea de ensamblaje de bombas molotov cerca de la primera línea de defensa policial. Mientras armaban los explosivos caseros a la vista de cientos de policías que observaban, un camión hidrante blindado apuntó tímidamente en su dirección, siempre errando. Una vez lista la bomba, cayó apenas detrás de las líneas policiales, afortunadamente sin prender fuego a ningún policía.

El grupo se retiró rápidamente mientras otro manifestante utilizaba un martillo para arrancar baldosas de la vereda y atacar a la policía. Otro más se bajó los pantalones y se quedó desnudo frente a los efectivos. Un festín para las cientos de cámaras que disparaban y filmaban in situ.

Lo ocurrido alrededor del Congreso y su viralización en redes y a través de todo el ecosistema mediático puede leerse a la luz de “La sociedad del espectáculo”, el ensayo clásico de Guy Debord, que advertía que en las sociedades modernas la realidad se sustituye por su representación y la política se transforma en una puesta en escena permanente. En el ecosistema digital actual está dominado por algoritmos que premian la emoción, el shock y la violencia. Esa lógica se acelera y se vuelve exponencial: no importa tanto qué ocurrió específica y rigurosamente, sino qué imágenes quedaron y a quién benefician. El resultado es una polarización funcional, donde cada audiencia ve exactamente lo que necesita ver para confirmar su propio relato. De un lado, un grupo de inadaptados violentos que buscan desestabilizar al Gobierno. Del otro, teorías conspirativas sobre infiltrados que buscan victimizar la protesta social.

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Los fotógrafos y periodistas de Perfil estuvieron en el lugar y describieron el comportamiento de las fuerzas de seguridad como extraño. En particular, dada su pasividad durante los primeros momentos de las protestas y la escalada de su propio nivel de agresividad unas horas más tarde, cuando aparentemente grupos no organizados de individuos comenzaban a llenar la plaza. El hecho de observar mientras grupos muy pequeños o individuos cometían actos “terroristas” es, como mínimo, llamativo. “Estaban cazando perpetradores”, explicó uno de los cronistas de Perfil, decidiendo específicamente a quién cargarle la culpa por las protestas.

Algunos sugirieron que los vándalos eran agentes encubiertos, ya sea de la agencia de inteligencia SIDE o de la Policía de la Ciudad, a cargo del operativo de seguridad. Otros indicaron que eran individuos “ultras” radicalizados que se desbordaron, buscando tomar las cosas en sus propias manos, para luego ser autorizados a cometer sus actos por las fuerzas de seguridad con el fin de atraparlos con las manos en la masa. Finalmente, desde el Ministerio de Seguridad difundieron la identidad de algunos de los individuos más violentos, y confirmaron al menos 43 detenidos.

Quienquiera que haya decidido escalar la violencia, y por el motivo que fuera, el Gobierno obtuvo las imágenes que necesitaba para intentar presentar a su gobierno, y a la reforma laboral, como un paso necesario para dejar atrás el pasado reciente retrógrado, marcado por piquetes, protestas callejeras y pobreza, que hace recordar a lo peor del kirchnerismo. Muchos que miraban canales de televisión afines al Gobierno compraron ese relato, mientras que quienes estaban en el lado opuesto del espectro político vieron teorías conspirativas. Un caos que le da a cada audiencia exactamente lo que necesita para creer y confirmar sus propios sesgos. No hay puntos medios.

En paralelo, Bullrich consolidó una victoria política en base a una mayoría legislativa sustancial que da aire al gobierno de Milei. Tras haber aprobado el Presupuesto 2026, el primero durante la gestión del Presidente, los libertarios sumaron otra victoria legislativa con el apoyo de aliados circunstanciales, entre ellos el PRO, un número importante de radicales de la UCR, gobernadores provinciales y peronistas centristas.

Volvió a quedar claro que, más allá del discurso antipolítica, la política clásica sigue plenamente vigente. La aprobación de la reforma laboral fue posible gracias a negociaciones, alianzas circunstanciales y manejo de tiempos, una lógica que remite más a Nicolás Maquiavelo que al ideario anarco-capitalista libertario que pregona el presidente. Dicho sea de paso, Milei nos recordó que estaba muerto.

El ala política del Gobierno, con Bullrich, Martín Menem y los operadores legislativos, mostró eficacia, pero el riesgo es conocido: ya ocurrió durante el primer año, cuando el oficialismo se envalentonó tras la Ley Bases, rompió puentes con aliados clave y terminó aislado y contra las cuerdas. La lección es clara: sin esa muñeca política que Milei suele despreciar, las mayorías circunstanciales se evaporan rápido, y el poder que hoy fluye puede convertirse mañana en un problema de gobernabilidad.

Una vez más, el brazo político de Milei logró reunir votos mediante negociaciones y concesiones. No solo celebró Bullrich, sino también el ministro del Interior, Diego Santilli, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, “Lule” y Martín Menem, y la jefa de Gabinete presidencial, la hermana Karina Milei. Miraron con desdén a la vicepresidenta Victoria Villarruel, desterrada del Edén libertario por su propia ambición y falta de sumisión al líder. Las artes de la política que el Presidente desprecia vuelven a darle impulso político a su gobierno, como ocurrió durante su primer año. Una vez más, tienen la chance de aprovechar el envión, pero el secreto es mantener la boca del presidente (relativamente) cerrada para no hacer estallar estas alianzas funcionales.

Además, la Cámara de Diputados de la Nación dio media sanción este jueves al proyecto del Gobierno para reformar el régimen penal juvenil y bajar la edad de imputabilidad de 16 a 14 años, con 149 votos afirmativos y 100 negativos, tras introducir cambios sustanciales para sumar apoyos. Otro triunfo del ala política, que logró el respaldo de bloques aliados como el PRO, sectores de la UCR y fuerzas provinciales, aunque el debate dejó fuertes cuestionamientos sobre el financiamiento del nuevo sistema, considerado insuficiente y sin garantías claras para las provincias.

Mientras el oficialismo defendió la iniciativa como una respuesta a la inseguridad, gran parte de la oposición, incluidos Unión por la Patria, la izquierda y algunos aliados, advirtió que la reforma criminaliza a los sectores más pobres, no previene el delito y carece de inversión en educación e infraestructura, lo que sembró dudas sobre su aplicación real aun cuando el proyecto ahora pasó al Senado.

La Cámara de Diputados dió media sanción a la Ley Penal Juvenil

Volviendo a la reforma laboral, es una parte importante de la trifecta de reformas estructurales que Milei y el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, acordaron con el Fondo Monetario Internacional, pero también la menos urgente. El FMI está esperando que los libertarios avancen con las reformas previsional y tributaria, que tendrían un impacto real en la sostenibilidad del programa económico. Aun así, la reforma laboral incluye una flexibilización de las negociaciones colectivas y una reducción de los costos asociados a las indemnizaciones por despido, junto con otras medidas, que el Gobierno espera que incentiven la creación de empleo en el sector privado.

Si bien el mercado reaccionó de manera positiva inicialmente a la noticia, no está claro si la reforma laboral genera incentivos lo suficientemente fuertes como para impulsar el crecimiento del empleo privado. En particular, en un contexto de fuerte contracción de múltiples sectores empleo-intensivos de la economía, el más importante de los cuales es el sector industrial.

Milei ya explicó que no cree en la política industrial, es decir, impulsar a la industria argentina a través de políticas estatales favorables, porque lo considerar contrario al libre mercado. El Presidente confrontó con el sector desde sus primeros días en la Casa Rosada, cuando Milei dio cátedra a empresarios industriales pidiéndoles que sean competitivos sin la ayuda del Estado, mientras aplaudía al agro. Sus ataques contra Paolo Rocca, dueño de Techint y el mayor empleador del país, van en línea con la concepción ideológica de una economía totalmente abierta para permitir que la mano invisible de Adam Smith haga su trabajo.

En un mundo cada vez más inclinado al proteccionismo, liderado por los Estados Unidos de Donald Trump, con quien Argentina firmó un acuerdo de libre comercio que tiene varias cláusulas controvertidas, resulta difícil imaginar cómo el sector industrial argentino puede competir de igual a igual, y una de las principales causas es la elevada carga impositiva, junto con los costos laborales, que podrían reducirse con la reforma laboral.

La UIA, el grupo industrial que representa al sector y es encabezado por Martín Rapallini pero siempre con una fuerte influencia de Techint, le está pidiendo a la administración Milei que reduzca costos para “nivelar la cancha”. Es difícil imaginar que sus pedidos sean escuchados.

Ya sea a través de la política industrial o de un crecimiento económico genuino que impulse el empleo formal en el sector de servicios, como indicó varias veces Milei, la economía argentina enfrenta un cuello de botella dado que los salarios quedan muy por detrás de la inflación, hay estancamiento en la oferta de empleo privado y un sector informal que crece de manera constante.

La UIA le lleva a Luis Caputo un plan para reactivar la economía y frenar la crisis industrial

Volviendo a las protestas violentas en las puertas del Congreso, muchos han venido prediciendo el colapso de la presidencia de Milei, especialmente los sectores más duros de la oposición cercanos al kirchnerismo. Eso parece poco probable, pero es válido cuestionar el nivel de tolerancia social al ajuste económico que un gran número de argentinos está experimentando al no llegar a fin de mes, hace meses. Pero existe una pregunta real sobre cómo el rumbo de la política económica del Gobierno generará un mayor bienestar para una mayoría de la población.

Hay comparaciones posibles con los estallidos de 2001 que terminaron con el gobierno de Fernando De la Rúa y llevaron a la Argentina a una profunda crisis socioeconómica y política. O con las protestas de 2017 fuera del Congreso, cuando Mauricio Macri, con el pecho inflado luego de un potente triunfo en las elecciones legislativas, aprobó una reforma previsional que una gran parte de la sociedad consideró injusta para los jubilados. Esta vez las cosas parecen diferentes.

Milei validó su mandato social en las legislativas del año pasado y ahora ha utilizado de manera efectiva su nueva fuerza legislativa para pasar leyes importantes. Las encuestas indican que Milei mantiene altos niveles de aprobación y que una porción importante de la población coincide con la necesidad de avanzar en reformas estructurales. Eso no quiere decir que sean incondicionales de Milei, pero sí que frente a las alternativas, apoyan al Gobierno.

El analista político Manuel Zunino explicó en una entrevista en este mismo programa este jueves que los principales atributos detrás del apoyo a Milei son la percepción de su determinación y la esperanza en el futuro. Incluso frente a escándalos de corrupción persistentes, desde los audios de Diego Spagnuolo y la causa Andis, pasando por el cripto-escándalo Libra, las sospechas sobre Demian Reidel y Nucleoeléctrica, y otros.

Para el analista, buena parte de la sociedad apoya iniciativas como la reforma laboral no porque crea que generarán empleo, sino porque confía en el Gobierno. “Mucha gente que cree en la reforma laboral porque lo plantea Milei, solamente por eso. Cualquiera, haciendo un análisis empírico, realista, ve que flexibilizando las condiciones de trabajo no se generan puestos de trabajo y no mejora la calidad del empleo existente", explicó.

Zunino advirtió además que después del escándalo de Libra, los audios de Spagnuolo y el 3% de Karina el año pasado, la honestidad y la transparencia son atributos que dejaron de estar presentes en el Gobierno. A su juicio, la clave está en que hoy prima la demanda de estabilidad y orden.

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Sin embargo, y a pesar de que las últimas votaciones en el Senado le dan aire, Milei viene con dificultades en el terreno de la economía. “Domar la inflación”, que podríamos decir que fue su principal promesa de campaña, está lejos de ser una batalla ganada, aunque no se puede negar un avance. Dicho eso, van ocho meses consecutivos de incrementos y el índice de enero volvió a subir, con un 2,9%.

Pese a un fuerte ajuste fiscal y monetario, con tendencias recesivas en varios sectores, caída del consumo y salarios deteriorados, los precios no terminan de contenerse y los sectores de la economía que mayor empleo generan quedaron atrapados en tendencias de estanflación: caídas de actividad más inflación. Más allá de la polémica por la metodología del INDEC, el diagnóstico de fondo no cambia: la desaceleración inflacionaria es más lenta de lo esperado, pesa la inercia, la puja distributiva y los costos estructurales, y el Gobierno responde reforzando su relato, lo que puede erosionar su credibilidad política en el terreno donde había prometido ser fuerte.

Volviendo a la incógnita por los contrastes entre el momento actual y diciembre del 2001 o del 2017, cuando Macri enfrentó una “lluvia de piedras” en el Congreso tras impulsar una reforma previsional. Hay un concepto del pensador francés Alexis de Tocqueville, que observó que en los contextos de crisis profunda no siempre crecen las demandas sociales, sino que muchas veces ocurre lo contrario: las expectativas se moderan y la sociedad baja el umbral de lo que espera del poder político.

Cuando la situación es peor, también caen las expectativas, lo que funciona como un amortiguador del conflicto y le da más aire a los gobiernos en momentos críticos y explica el contraste con otros momentos críticos. Aunque claro que esta ley no es absoluta, y si las expectativas no se cumplen, podrían volver los fantasmas.

Ayuda al Gobierno la fragmentación del peronismo y sus disputas internas, la insignificación de la UCR, la canibalización del PRO y el poco peso a nivel nacional que tienen los gobernadores provinciales. ¿Aparecerá un outsider que pueda enfrentar a Milei? Por ahora, la Casa Rosada puede seguir soñando con la hegemonía. Pero, necesita que en algún momento se despierten esos misteriosos “instintos animales” de la economía, o la situación va a ponerse más tensa todavía.

TV/fl