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MODO FONTEVECCHIA
Efecto Brasil

"El triunfo de Lula puede ser el comienzo de un cambio de ciclo en toda América e, incluso, España"

El estratega y consultor político Antoni Gutiérrez-Rubí desglosó las 10 claves de la histórica remontada de Lula da Silva en Brasil, la movilización frente a la injerencia de las plataformas digitales y las repercusiones del resultado en la geopolítica continental y europea.

Antoni Gutiérrez Rubí
Antoni Gutiérrez Rubí | Prensa

En una entrevista con Jorge Fontevecchia para Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), el reconocido estratega político y director de Ideograma, Antoni Gutiérrez-Rubí, analizó el histórico triunfo de Lula da Silva en la segunda vuelta presidencial de Brasil.

Asesor de campañas clave en la región como las de Gustavo Petro en Colombia y Sergio Massa en Argentina, Gutiérrez-Rubí detalló las 10 lecciones que dejó la remontada del líder del PT, la innovadora estrategia de "judo digital" desplegada por los militantes frente al sesgo de las grandes plataformas tecnológicas como Meta, y el posible impacto de este resultado en la geopolítica global, desde la política de los Estados Unidos hasta el escenario electoral en España.

Antoni Gutiérrez-Rubí es un importante comunicador y estratega político español, es el fundador y director de Ideograma, una consultora de comunicación estratégica pública e institucional que opera desde el año 1985 en España y Latinoamérica. Dirigió la campaña de Gustavo Petro en Colombia y Claudia Sheinbaum en México, fue asesor de la campaña presidencial de Sergio Massa y del PRO en la ciudad de Buenos Aires.

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Antoni, gran gusto escucharte acá a la distancia, vos en mi patria y yo en Brasil. Y leí con mucho interés y voy a compartir con la audiencia las 10 lecciones de la remontada de Lula. Lula consiguió: uno, una remontada histórica e impensada; dos, la participación aumentó de forma significativa, algo poco habitual en Brasil; tres, Lula ganó la batalla por el voto huérfano; cuatro, Lula mejoró los resultados en todo el territorio con un voto más urbano y menos rural que en 2022; cinco, hubo un cambio de estrategia en la campaña; seis, la creación del Ejército de Lula; siete, la injerencia de Meta; ocho, medidas y anuncios durante la campaña; nueve, Flávio Bolsonaro cometió errores no forzados durante la última semana y, finalmente, Bolsonaro no reconoció la victoria de Lula. Me quiero quedar con otro texto tuyo que leí que tiene que ver con Meta y con la injerencia de las plataformas. De hecho, Lula ayer en su discurso del triunfo anunció que va a regular las plataformas y la injerencia que estas tienen en las elecciones de los países. Pero bueno, muero por escucharte, así que te paso el micrófono, contanos tu impresión.

Gracias por contactarme. Hay un elemento que me parece central de la victoria de Lula, que es la dimensión histórica. Nunca, desde la recuperación de la democracia en los 50, ningún candidato que había ganado la primera vuelta pierde en segunda. Nunca. Por lo tanto, estamos hablando de un hecho que tiene significación histórica. Hace más de 50 años que esto no había pasado nunca. Y eso solo se explica. Estamos hablando de 10 millones más de votos para Lula frente a los casi cuatro de Bolsonaro, y estamos hablando también de un incremento de la participación. No solamente de la recuperación de votos en blanco, votos nulos o votos posibles de terceras, cuartas y quintas fuerzas de la primera vuelta, sino también un aumento de la participación de casi tres puntos, que es significativo. Por lo tanto, estamos frente a un éxito rotundo de carácter histórico, con un presidente que por tercera vez va a ser presidente electo y con 80 años, demostrando en esta campaña electoral una enorme vitalidad personal, física, emocional, especialmente emocional, y política. Entonces, me gustaría primero significar la condición histórica de esa victoria. Y para redondear esta idea de lo histórico, explicar también frente a qué se enfrentaba. No solo se enfrentaba a un competidor, a un opositor como Flávio Bolsonaro, sino se enfrentaba a un contexto internacional, perjudicial para sus intereses, que recordar las victorias recientes en Bolivia, Perú y Colombia, que anticipaban también una victoria en Brasil, según algunos analistas. Y también a un contexto, digamos, de acoso y derribo por parte de la administración de Donald Trump frente a lo que significaba Lula y su proyecto político, y la hostilidad también importante de otros vecinos de la región. Por lo tanto, se enfrenta también a este contexto histórico, le da la vuelta, y un contexto histórico que va acompañado, como tú decías por el artículo este que mencionaba sobre Meta, también por una complicidad, digamos, descarada por parte de las aplicaciones y de las plataformas de comunicación tecnológica y, sobre todo, de redes sociales, que no han dudado en inclinar la cancha, en condicionar las lecturas y visualizaciones de los contenidos de Lula y de los apoyos de Lula y favorecer los de Bolsonaro. Por lo tanto, es una victoria histórica por el resultado, por el contexto y porque es la primera gran victoria contra la coalición de plataformas digitales y candidatos políticos, ¿no? Es una victoria que tiene esta dimensión histórica por estas tres razones.

Tu condición de europeo te permite mirar Latinoamérica con cercanía y distancia simultáneamente. Entonces, te da una perspectiva que enriquece la visión. ¿Qué significa que los dos más grandes países en territorio y población de Latinoamérica, como México y como Brasil resisten la ola que los países más chicos de Sudamérica no resisten?

Bueno, lo que significa es que quizás lo que hemos estado viendo en los últimos dos años es que siempre han ganado las oposiciones y, en particular, han ganado los aliados de Donald Trump. En el caso de Brasil se rompe. En el 25 y el 26, en todas las elecciones que se han producido en América Latina, todas han ganado candidatos opositores que además eran aliados de Donald Trump. En este caso no ha sido así. Por lo tanto, eso podría ser una inflexión que veremos cómo se comporta también a nivel geopolítico con mañana las elecciones en Israel y en muy pocos días las elecciones de medio término en los Estados Unidos. No sabemos si es una inflexión o no, pero por el alcance, como yo comentaba, histórico de esta elección, podría ser que fuera una inflexión, al menos a la luz de las primeras reacciones, tanto de Bolsonaro como de Donald Trump, al resultado electoral: de enojo, de sorpresa, de estupefacción y de irritación por lo que significaba una victoria más para ir añadiendo a la lista de victorias imparables de los aliados de Donald Trump. Eso no sucede. Puede ser una inflexión. Y una inflexión que además toca de lleno el nervio de la política exterior norteamericana, que está considerando el conjunto del continente americano —el norte, el sur y el centro— como parte de un solo espacio geopolítico que no tolera o que no permite que haya otros contrapesos u otras, digamos, identidades políticas nacionales diferentes o no alineadas a los intereses de los Estados Unidos. Por lo tanto, es quizás un cambio, y un cambio que toca el nervio central de la pretensión de los Estados Unidos de alinear el conjunto del continente. Veremos cuál es el resultado. Y en el horizonte aparecen las elecciones españolas que, aunque ahora parecen lejanas el 29 de noviembre, quizás podrían acabar de culminar, aunque las encuestas así no lo confirman de momento, culminar lo que podría ser un giro o un inicio de un nuevo ciclo político. Lo veremos. Es un poco prematuro para decirlo, pero la victoria es muy clara y muy contundente, y podría anticipar el inicio de un nuevo ciclo político.

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Bueno, entonces eso todavía es más grande, porque yo estaba poniendo foco solo en que México y Brasil tienen territorios grandes y sistema federal. Vos lo que estás planteando es que lo de Brasil puede ser el comienzo de un dominó en el que pierda luego Trump las elecciones de medio término también en el Senado, que pierda Netanyahu en Israel, pero más aún, que también, si te entiendo bien, gane el socialismo y no el PP en España. Lo que sí sería una sorpresa.

No es descartable. Las encuesta en España dan una clara mayoría para las dos opciones de centro, PP y Vox, pero también apuntan a que Pedro Sánchez está remontando y recortando la distancia con el Partido Popular, y podría producirse la paradoja que también sucede en los sistemas parlamentarios: que el que gana las elecciones puede no ser el presidente, porque quien elige el presidente es el Parlamento. Por lo tanto, el PP se enfrenta a una situación por la cual, sumando con Vox, pueda gobernar con mayoría suficiente, mayoría absoluta las dos fuerzas, pero reduciendo el impacto electoral del PP o la contribución del PP, incluso perdiendo frente a Pedro Sánchez. Eso hoy no es descartable. Está lejos, pero no es descartable. Y empezando una legislatura con una debilidad presidencial, aunque no del bloque de las derechas. En cualquier caso, sí que me parece que hay un elemento importante a destacar de la victoria de Lula, y es que Lula ha decidido politizar a fondo esta elección, politizarla y hablar de modelos contrapuestos, de enfrentar los desafíos que tiene para la democracia la injerencia de otros Estados, pero también la injerencia tecnopolític. De desafiar, digamos, algunas de las ideas de la agenda conservadora, y desafiarla con mucha fuerza y apelar a lo central de una democracia, que es la soberanía popular: apelar a la movilización, apelar a los votos. Es decir, frente a fuerzas externas, políticas y tecnopolíticas, la fuerza interna de los electores. Entonces, es una victoria que además tiene esta connotación: que se construye sobre la base de una movilización democrática inimaginable en la primera vuelta y con una vitalidad y con una energía que yo creo que va a iluminar y va a proyectarse en el conjunto de la región y en el conjunto de las próximas citas electorales en todo el mundo.

Antoni, y respecto de Meta y las redes sociales, que el propio Lula ayer dijo que hay que regularlas, ¿qué enseñanza deja esta elección y si es también un punto de inflexión respecto de regulaciones políticas, de las intervenciones políticas de las plataformas en las elecciones de otros países?

Deja varias lecciones. La primera es la enorme potencia que tienen las decisiones de empresas propietarias de las plataformas de comunicación y sus intereses. Sus intereses ya no son solo los de sus clientes, que somos la inmensa mayoría de los ciudadanos usuarios de plataformas, o de los anunciantes, sino los intereses geopolíticos de las compañías. Y ponen al servicio de sus intereses —también geopolíticos, económicos y comerciales, pero geopolíticos— esa complicidad geopolítica. La fuerza de la plataforma. Pero también tienen un talón de Aquiles, y es que, a pesar de su enorme potencia y la posibilidad de discriminar, direccionar, orientar y censurar —uso incluso esa palabra, que es un poco fuerte, censurar— algunas conversaciones o algunas identidades digitales, tienen un talón de Aquiles. Y el talón de Aquiles es los propios usuarios, que en una enorme movilización, aprovechando las propias herramientas —en este caso un canal de WhatsApp alrededor del concepto del Ejército de Lula— han sido capaces de agrupar una fuerza extra de la campaña electoral, una fuerza adicional, una fuerza más allá del comité de campaña y de la campaña misma, que es el Ejército de Lula.

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El Ejército de Lula: los activistas y militantes que apoyaban a Lula, fundamentalmente a Lula y no tanto al PT, sino a Lula, con más de 10 millones de personas y que han intentado censurar, cerrar, bloquear y no lo han conseguido, porque toda tecnología tiene su punto débil y se han hecho muchas plataformas espejo frente a la que querían censurar o, digamos, limitar u opacar. Por lo tanto, nos da una lección importante respecto al enorme poder que tienen estas plataformas, sus intereses geopolíticos, pero también la vulnerabilidad que tienen desde el punto de vista de que cuando se concentra una movilización democrática, popular, ciudadana tan importante, pues pasan cosas. Lo hemos visto en Serbia —lo digo porque a veces desde América Latina no prestamos quizás la suficiente atención a otros fenómenos que pasan en el mundo y que, aunque nos parezcan lejanos, tienen también que ver con nuestras sociedades—. En Serbia, una movilización ciudadana también conectada a través de redes ha conseguido presentarse a las elecciones y derrotar al oficialismo que desde hace mucho tiempo ostentaba el poder de una manera que parecía imbatible. Por lo tanto, hay elementos, si quieres, ambivalentes, ¿no? Pero que frente a la fuerza, a la decisión y a la determinación de los propietarios de las plataformas y sus intereses económicos, comerciales y geopolíticos, pues también la fuerza de los ciudadanos, que usando las propias plataformas han hecho como una especie de judo. Es como agarrarse el kimono del contrincante, del adversario, y aprovechar su fuerza para tumbarlo en el tatami. Por lo tanto, es como una especie de judo digital muy bien construido, muy bien trabajado, muy bien implementado por parte, digamos, de los equipos de apoyo, en particular del Ejército de Lula. Enseñanzas importantes que creo que van a marcar, y no exagero, creo, el futuro de la comunicación política y electoral en los próximos años.

Antoni, muchísimas gracias por este tiempo a las apuradas que te arrancamos. Te mandamos un fuerte abrazo y esperamos verte pronto.

Un abrazo. Gracias.

MEG