El economista Augusto de la Torre sostuvo que “no se le puede poner todo el peso de la reforma económica a la reforma fiscal” y advirtió que, mientras “la tasa de interés en Argentina genere retornos estresantes”, será “muy difícil que la moneda encuentre un equilibrio más depreciado”. En línea con las advertencias de Domingo Cavallo, el ex presidente del Banco Central de Ecuador señaló que Argentina necesita “arreglar su marco monetario” para permitir que el tipo de cambio y la inflación sigan trayectorias independientes y compatibles con el crecimiento. "Lo que parece ser una moneda sobrevalorada se está convirtiendo en un obstáculo", sostuvo en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190).
Augusto De La Torre es ecuatoriano, doctor y magíster en Economía por la Universidad de Notre Dame. Es profesor adjunto de la Escuela de Asuntos Públicos e Internacionales de la Universidad de Columbia y dirige el Centro de la Investigación Económica de la Universidad de las Américas, en Quito, Ecuador. Trabajó en el Banco Mundial, donde ocupó cargos como economista jefe para América Latina y el Caribe; además, fue presidente del Banco Central de Ecuador y trabajó como economista en el Fondo Monetario, secretario internacional.
¿Cómo vio la evolución de la economía argentina durante 2025, y cómo imagina que podría ser la de 2026?
Usted me pide algo que es un poquito difícil para mí porque no estoy al tanto de todos los detalles de Argentina, pero sí la he seguido con mucho interés, porque Argentina, a más de ser un país muy querido para todos los latinos, es un país que ha sido un verdadero laboratorio de experimentos económicos a lo largo de su historia. Y quizás, los más repetidos y más extraños experimentos.
Un modo de ver lo que está pasando en Argentina es que Argentina, me parece, que se está jugando a las cartas lo que podría ser el último intento de ordenar y estabilizar la economía. Para la mayor parte de economistas latinoamericanos, el desorden fiscal en el que entró Argentina después de la Segunda Guerra Mundial le trajo una serie de crisis repetidas, problemas de hiperinflación, desequilibrios enormes, y para Argentina ha sido muy difícil encontrar el camino político para ordenar y estabilizar la economía.En eso lleva mucho retraso.
Pensemos, por ejemplo, en países como Chile, Perú, Colombia, Uruguay, el mismo Brasil y México. Son países que, de una manera u otra, si bien no tienen las cosas perfectas, tomaron control de las instituciones fiscales y monetarias. Y pasaron algo que se conoce como un sistema de metas de inflación. Y esos países han conseguido algo que para Argentina todavía eso es desconocido. Han conseguido desacoplar lo que pasa con la moneda de lo que pasa con la inflación. La relación se desacopló: la trayectoria de la moneda. Y ahora usted ve, por ejemplo, en Chile o en Colombia, la moneda se deprecia, pero no hay inflación. Porque el sistema monetario de metas de inflación consigue separar las trayectorias de esas dos variables y así se empiezan a parecer a los países más avanzados.
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Argentina todavía vive con este trauma de que los movimientos de la moneda se traducen rápidamente en inflación. Los argentinos no han salido de esas memorias, y ahora Argentina está tratando de arreglar este problema. Ha ajustado la parte que era más difícil ajustar, y en eso hay que ver con admiración lo que ha pasado. El ajuste fiscal es tremendamente significativo, el reordenamiento del aparato público, la reducción del tamaño del Estado. Todas esas reformas me parece que son admirables. Y a mí me parecía difícil que eso pase, entonces yo admiro lo que está pasando en ese frente.
Pero quizás, hubo la impresión de que si arreglamos, agarramos bien los problemas fiscales, los arreglamos y empezamos a reformar el Estado, con eso basta y sobra para eliminar los problemas de inflación, de moneda y de competitividad. Y no es así. No se le puede poner todo el peso de la reforma económica a la reforma fiscal. Entonces, me parece que ahora Argentina está enfrentando esa segunda fase de su reforma, que es cómo compatibilizamos lo que estamos haciendo en la parte fiscal con mayor crecimiento. Mayor crecimiento en el empleo, mayor crecimiento en la producción, diversificación de la producción. Y ahí lo que parece ser una moneda sobrevalorada se está convirtiendo en un obstáculo.
Y me parece que ahí estamos como que engarzados en una especie de pantano, en donde, se teme que un ajuste en la moneda, que parece que se está volviendo necesario, golpee el costo de vida inmediatamente. Y eso creo que tiene mucho que ver con la historia del pasado, porque eso es lo que pasaba en Argentina en el pasado. Tengo la hipótesis de que no es así en el presente. Yo creo que Argentina puede arreglar su marco monetario y permitir una depreciación de la moneda sin inflación, o con muy poca inflación. Y me atrevo a decir eso porque veo que en Argentina no hay un recalentamiento económico, entonces uno no ve un canal por esa vía para que la corrección monetaria se convierta en inflación. Por otro lado, la parte fiscal está bastante bien amarrada. Eso también reduce esta transferencia del cambio en la moneda hacia la inflación.
Argentina no tiene los riesgos que tenía mi país, Ecuador. Cuando movía la moneda se desajustaban las finanzas porque el sistema financiero estaba muy dolarizado ya, de facto. Yo creo que Argentina tiene un sistema financiero muy chiquito. No veo efectos adversos por ese lado. Me parece que sí hay un camino ahí para ajustar la competitividad externa y el tipo de cambio sin sufrir la inflación, pero me imagino que esa es la discusión más importante de Argentina al momento.
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Entiendo que así como usted dice que Argentina fue un laboratorio, de hecho, parte de la dolarización en su país contó con algunos proyectos de argentinos que intervinieron en su momento para llevar adelante aquella dolarización, cuando nosotros teníamos la convertibilidad. Exactamente es lo que se está discutiendo hoy. Es decir, si un dólar un 20% real más alto, que tendría probablemente un correlato de 10% más de inflación anual, no terminaría siendo beneficioso, inclusive para las personas que tienen ingresos fijos, porque habría más empleo, habría más creación de empresas y finalmente los salarios terminarían mejorando y no empeorando respecto de la inflación. Recién hablábamos con un colega suyo argentino que decía textualmente eso: un 20% más de apreciación real de la moneda extranjera, del dólar con un 10% más de inflación sería beneficioso para todos. ¿Usted comparte esta idea?
Sí, en efecto, lo que Argentina necesita es una depreciación del tipo de cambio real. Eso quiere decir que la depreciación nominal exceda a la inflación. Eso es lo que necesitamos y yo creo que eso no es imposible, creo que eso es posible. Me parece que eso también es necesario. Ahora, el tema es que para que eso funcione hay que tener un marco de política monetaria bien armado. Porque, mientras la tasa de interés en Argentina genere retornos interesantes, va a ser muy difícil que la moneda encuentre un equilibrio más depreciado. Porque lo que pasa cuando hay retornos interesantes en el país es que tenemos estos flujos, esos ingresos de capital de corto plazo, que siguen haciendo que la moneda se aprecie en lugar de ir a donde tiene que ir.
Entonces, por eso el marco monetario tiene que combinar no solo este ajuste fiscal tan importante que se ha hecho, sino también tener un marco de tasas de interés que no genere estas brechas de retorno que hacen estresante para la gente traer dólares de afuera, invertir localmente, y para los locales endeudarse en dólares, porque es más barato en dólares, en dólares. Entonces, la peor opción se vuelve: hay un incentivo para endeudarse en dólares y traer dólares de afuera para invertir en moneda local. Ese marco puede mantener a la moneda apreciada incluso si se quiere que encuentre un equilibrio más depreciado. Por eso no es solo una cuestión de decir “depreciemos”, es una cuestión de hacerlo dentro de un marco monetario que haga que esto sea factible y duradero. La ventaja que ustedes tienen es que la parte fiscal no está en contra de eso. La parte fiscal va a ayudar a que eso pase.
¿Es sustentable eso? Es lo que nosotros llamamos carry trade. Vienen fondos del exterior, venden dólares, pasan a pesos para luego volver a dólares. O sea, no es una historia en la que finalmente, en algún momento, todo lo que no se fue apreciando de manera homeopática termina haciéndolo de manera lopática.
Es una buena descripción. Sí, la verdad es que es un dolor de cabeza para todos los banqueros centrales de los países emergentes vivir con estos ingresos de capital de corto plazo, con estos carry trade inflows. Es un gran dolor de cabeza porque sabemos que eso no es perdurable, eso no es sostenible. Es por ello que, típicamente, en países emergentes no se puede tener flotación de la moneda completamente libre. Los sistemas que funcionan, incluso en Chile, tienen intervenciones importantes del Banco Central, intervenciones incluso preanunciadas, o algunos tipos de controles o encajes a los ingresos de capital de corto plazo. Esas muletillas me parece que son necesarias para poder caminar hacia algo más razonable. Y por eso la intervención de los bancos centrales es, en gran medida, el otro lado del carry trade.
O sea, ¿tú me vas a traer flujos de corto plazo? Pues yo los voy a comprar, porque algún rato te los vas a llevar. Entonces, los bancos centrales intervienen en esos casos, comprando esos dólares para que la moneda no sea la que tenga que hacer el ajuste y se vuelva incluso menos competitiva. Para mí es un problema de retornos. Por eso es que el marco monetario importa mucho, porque mientras yo tenga retornos locales muy atractivos voy a tener este problema de carry trade.
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O sea, ¿usted coincidiría con Domingo Cavallo, quien este fin de semana, publicó un paper en el que lo que él planteaba es que es esencial bajar la tasa de interés? Lo que usted dice es que lo primero es lo primero: si se bajara la tasa de interés, se lograría no solamente dinamizar la economía interna, sino que la moneda encuentre su verdadero valor.
Exacto. Pero para que la tasa de interés, se baje de manera sana, el público argentino necesita saber el marco monetario en el que está viviendo. Y me parece que eso en Argentina es difícil de definir por toda la historia. Pero, digamos, si uno vive en Chile o en Colombia, uno sabe cuál es ese marco monetario. Ese marco monetario es un marco donde hay bastante flotación cambiaria, pero hay intervención del Banco Central, y hay un sistema de fijar la tasa de interés no a la luz de lo que pasa con la moneda, sino a la luz de lo que está pasando con la inflación y con la actividad económica.
Eso es una especie de cambio de chip mental que hace que, digamos, el chileno no se asuste cuando la moneda se deprecia, porque sabe que hay un Banco Central que, a través de la tasa de interés y su credibilidad, está controlando la inflación. Eso requiere un banco central con un marco monetario bien armado y con la razonable capacidad para intervenir. Y me parece que esa es, para mí es la pieza que Argentina necesita armar.
Si tuviéramos un nivel en el análisis de las ciencias sociales, podríamos decir que entonces el problema, la causa irreductible de la Argentina, es que las continuas crisis macroeconómicas que sufrió el país generaron en la población —usted usa la palabra chip— una especie de paranoia, miedo, que cualquier mínimo detalle produce una corrida, y que lo que hay que curar es el miedo al desastre.
Bueno, la memoria nos persigue. Entonces yo entiendo: si uno ha vivido en un país en el cual cada movimiento cambiario se traduce inmediatamente en mayor costo de vida, y si esa ha sido mi historia, va a ser difícil ir creyéndole al presidente del Banco Central que me dice que vamos a entrar en un nuevo régimen. Lo mismo pasó en Perú. O sea, Perú tenía hiperinflaciones horribles y los peruanos se acostumbraban a que cada vez que se movía la moneda había inflación. Pero ahora ya se dan cuenta que están en un nuevo mundo. La transición no es fácil.
Esa transición a este mundo más moderno, en el cual la moneda y la inflación tienen trayectorias independientes, son ampliamente independientes. Llegar a ese mundo es como llegar a la tierra prometida. O sea, cuando el argentino vea que la moneda se vuelve un mecanismo de ajuste macroeconómico sano y que sus movimientos no se traducen en inflación, el argentino va a sentir que vive en un nuevo país. Y hacia allá necesita Argentina caminar. Creo que hay bastantes ejemplos. Ya le mencioné los claves: México, Brasil, Colombia, Chile, Perú, incluso Uruguay. Son países que han transitado a esta cosa que se conoce como metas de inflación, un sistema monetario basado en metas de inflación.