La imagen del presidente Javier Milei atraviesa su momento más delicado desde el inicio de la gestión, según el último relevamiento de Opina Argentina. En Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), Facundo Nejamkis afirmó que el Gobierno alcanzó "el punto más bajo de la serie histórica" y precisó que registra 31 puntos de apoyo frente a 62 puntos de rechazo. En ese contexto, sostuvo que "con la estabilidad no alcanza", advirtió que "hoy, cuando nosotros medimos las hipótesis de balotaje, el Presidente pierde en todos los casos" y señaló que, si no aparecen mejoras económicas perceptibles para la población, "a Milei se le viene un escenario muy cuesta arriba".
Facundo Nejamkis es licenciado en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, realizó estudios en Maestría en Administración y Políticas Públicas en la Universidad de San Andrés. Es el director de Opina Argentina, una de las consultoras de opinión pública más consultadas por medios y dirigentes, destacada por su análisis electorales y de imagen de gobierno.
— Tiene una capacidad expositiva que cada vez que lo entrevistamos no hace reflexionar y abrir los ojo. Tu último estudio dio que Milei perdió 15 puntos de imagen positiva. En línea general, la mayoría de los análisis de opinión pública vienen marcando esto, después de un sorpresivo repunte que algunos marcaron hace un par de meses. Pero, en línea general, si uno traza una línea desde octubre, cuando gana las elecciones, hasta aquí, viene un proceso declinante. Me gustaría un balance tuyo. ¿A qué lo atribuís? ¿Y considerás que, al mismo tiempo, puede ser modificable o no?
—Sí. Lo primero que quiero decir es que, en los últimos 90 días, porque cuando uno falla también hay que reconocerlo, me fallaron las hipótesis ¿En qué sentido? Yo creí que la principal razón por la cual Milei l en los últimos 10 meses venía cayendo en las encuestas, con la sola excepción del período poselectoral, en la que hubo una especie de exitabilidad postriunfo...
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Exactamente. Pero a partir de enero / febrero la imagen del presidente empezó a caer, llegó alrededor de 34, 35 puntos en el mes de marzo / abril y nosotros creíamos que revirtiendo la tendencia ascendente en los números de la inflación mensuales el gobierno iba a lograr, también al mismo tiempo, recuperar la imagen que había perdido en esos meses. La realidad nos mostró que no, que eso duró solamente unos 30, 45 días, que es cierto que hubo una recuperación tanto de la imagen del Gobierno como de la imagen presidencial en esos 30, 45 días en los que la inflación cayó de 3,4 a 2,6 y después a 1,9. Pero la realidad es que en los últimos 30 días nuevamente la imagen del gobierno vuelve a caer. Nosotros, en este momento, tenemos el punto más bajo de la serie histórica desde que asumió Milei. La imagen del gobierno, en la última medición nuestra, nos da 31 puntos de apoyo. Cuando vos lo dividís por zona geográfica, en el área metropolitana de Buenos Aires, es decir, Ciudad de Buenos Aires más todo el conurbano, nos da 27 puntos de imagen positiva, nada más, y 62 puntos de imagen negativa.
Es decir, es una situación bastante compleja en términos de la imagen. Y digo, nos falló la hipótesis porque nosotros creíamos que quizás con la estabilidad alcanzaba para que una parte de los votantes de esa coalición amplia entre La Libertad Avanza y Juntos por el Cambio, que le permitió en un balotaje llegar al presidente Milei al poder, con la estabilidad estaban conformes y satisfechos.
Y, sin embargo, ahora la nueva hipótesis con la que estamos trabajando es: con la estabilidad no alcanza. Puede alcanzar para que el gobierno quizás, en una primera vuelta incluso, pueda liderar la competencia electoral. Puede incluso quizás hasta llegar a 40 puntos en términos de votos. Pero nos da la sensación de que, para que el gobierno pueda construir una coalición similar a la que le permitió ganar en el 2023, tiene que agregarle algo en términos de desarrollo de su programa económico que impacte en la vida positiva de los ciudadanos, que por el momento no se logra visualizar.
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Hay una situación que se explica en los medios de comunicación de manera bastante confusa, según me dicen mis amigos economistas, a los cuales yo confío, que es la diferencia entre la macro y la micro ¿Cuál es el argumento que se señala? La macro está bien, la micro está mal. Mis amigos economistas me dicen que eso es imposible, que eso no pasa, que no hay macro bien y micro mal, que en realidad puede haber variables de la macro que estén bien en este momento: una inflación a la baja, un dólar estable pero si evidentemente en la vida cotidiana de los argentinos el programa económico no impacta positivamente, quiere decir que hay cosas de la macro que tampoco están bien. Bueno, eso sería lo que nosotros estamos visualizando en términos de expectativa lo que estaría fallando en la relación del Gobierno con la sociedad, y lo que explicaría esta nueva caída que tiró por la borda la hipótesis con la que llegamos a esta altura del año.
¿Y el hecho de la salida de Adorni pudo haber obrado para generar esa idea de que en realidad era la baja de inflación pero que la mejora de imagen tiene que haber tenido que ver con parar el empeoramiento por lo menos que generaba Adorni?
—Bueno, lo de Adorni pudo haber funcionado como cunado descomprimís una situación no creo que haya tenido un impacto positivo en términos de mejora o de incremento real del apoyo al Gobierno o al presidente. Sí, es cierto que te saca y te corre de la agenda pública un tema en el cual el Gobierno no tenía nada para ganar, daba la sensación en término de metáfora de un auto o una camioneta que está enterrada, una situación de la cual no puede salir aún con doble tracción. Entonces, correr el tema Adorni de la agenda pública le permite al Gobierno hablar de otros temas, instalar otras cuestiones, discutir otros aspectos, pero de ninguna manera creo que le mejore su credibilidad ante la sociedad.
—Es una vieja discusión que tenemos en el periodismo cuando la corrupción empieza a importar si es porque la economía no da resultado, mientras la economía da resultado se disculpa la corrupción, la discusión comparable con la década del 90, el menemismo en la crísis máxima de corrupción Menem fue reelecto con una enorme cantidad de votos, ahora en algún momento cuando la convertibilidd empezó a mostrar fatiga y no le resolvía los problemas a la gente dejó de alcanzar. ¿Encontrás algún paralelismo en que la baja de la inflación o el fin de la inflación ya no es suficiente como en los 90 cuando tuvimos incluso hubo deflación y el oficialismo perdió las elecciones y ganó De la Rúa. O no, porque en ese caso De la Rúa prometía mantener la convertibilidad?
—Bueno, a ver, sin la parte buena. Porque en los 90 el proceso de estabilidad y convertibilidad tuvo unos años de fiesta. Yo era joven en ese momento, pero recuerdo a mis padres, que eran profesionales, que viajaban al exterior, se podían, con un crédito quizás, cambiar la casa, cambiar el auto. Nosotros no tuvimos, en estos tres años de mileísmo, por decirlo de alguna manera, esos años dulces que ha tenido la convertibilidad, que también tuvo el kirchnerismo, donde la economía crece al 7, al 8, al 9% y la sociedad, en todos sus niveles, siente algún tipo de impacto. El más pobre puede pintar su casa, el menos pobre hace una reforma y el de clase alta cambia la casa.
Esa situación no se vivió... Cuando nosotros preguntamos por los principales problemas de preocupación de los argentinos, la inflación va al cuarto, al quinto, al sexto lugar. Quiere decir que ahí Milei cumplió una parte de su contrato electoral. El problema es que la sociedad siente que esa cuenta ya se la pagó a Milei y que Milei ahora le tiene que dar otra cosa. Y es esa otra cosa la que está esperando y que no aparece.
Cuando vos hablás con gente cercana al gobierno, te señalan que eso ya va a llegar. En lo bajo te señalan una especie así como de plan platita, versión economistas ortodoxos, que si el gobierno quizás deja ir un poquito el dólar y a eso le agrega quizás un poco de mayor libertad en el uso de los recursos públicos, más lo que vendría en términos de obra pública por la explotación del nuevo sistema de concesión de rutas, más alguna otra cosita, más una expansión del crédito, eso permitiría que la sensación de la sociedad durante los últimos seis meses, en la previa de las elecciones, sea mucho mejor de la que estamos viviendo en este momento.
Yo no soy economista y eso no te lo puedo pronosticar ni te lo puedo garantizar que vaya a suceder. Por supuesto, si el gobierno tuviese esa flexibilidad y esa plasticidad, que en principio pareciera no tener, pero que quizás la adquiere, las condiciones de competitividad electoral del presidente mejorarían. Y ahí empezarían a jugar otros aspectos, que dejame que te los agregue para el análisis electoral.
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Uno: ¿qué va a pasar en la oposición? ¿El gobierno va a lograr que no haya PASO? Si el gobierno logra que no haya PASO, ¿eso garantiza una oposición fragmentada? Punto número dos: si esa oposición está fragmentada, ¿el gobierno puede lograr sacar más de 40 puntos y sacarle más de 10 de diferencia al que le sigue inmediatamente? Nosotros, los argentinos, estamos acostumbrados, pero la reforma del 94 habilitó que un partido político, con 40 puntos y sacándole 10 puntos de diferencia al segundo, se convierta en presidente. Nosotros creemos que, si no gana nadie, se compite en una segunda vuelta...
—¿Más del 45 o más del 51?
—Hay una regla adicional que nunca se usó, nunca se tuvo que utilizar desde que se reformó la Constitución del 94 para acá, que es que si vos sacás más de 40 y el que te sigue saca 29, te convertís en presidente automáticamente. Yo creo que hay mucha especulación en el gobierno alrededor de esa chance y de esa posibilidad. Entonces, lo más importante es la eliminación de las PASO. Nadie entiende muy bien por qué es tan relevante y tan significativo para un país eliminar la posibilidad de que haya Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias.
Dos: que la oposición se fragmente, que la oposición se divida. La insistencia de que la oposición está desorganizada y no tiene chances de competir. Bueno, uno ahí podría decir: ojo, el gobierno tiene un plan. Un plan platita ortodoxo, que no haya PASO y que la oposición se fragmente y se divida. Eso podría aumentar las chances de que Milei sea eventualmente presidente nuevamente.
¿Por qué? Y acá viene lo importante de los números que vos señalabas al principio de esta charla. Porque cuando vos vas a los números del gobierno, la imagen del gobierno y la imagen de Milei, más que los números positivos, hay que mirar lo que sucede con los números negativos. Y ahí la tasa de rechazo es muy alta y, para mí, por lo que yo veo en comparación con otros presidentes a esta altura de su gestión, más alta de la que tenía, por ejemplo, Mauricio Macri a esta altura. Estamos hablando de 63, 62, 64 puntos de rechazo. Es muy alto. Y eso, para un escenario de segunda vuelta, donde el presidente tiene que alcanzar el 50% más uno de los votos...
—O sea, concretamente pierde un balotaje.
—Hoy, cuando nosotros medimos las hipótesis de balotaje, el presidente pierde en todos los casos. Después hay que esperar la campaña electoral. El presidente es bueno en campaña electoral, es habilidoso. Es un espectáculo en sí mismo. Lo hablábamos antes de salir al aire. Es decir, es una persona que tiene habilidades comunicacionales por fuera de lo normal para un político tradicional. Y que sintonizan bien con el clima de época, con las redes sociales, con cómo hoy se fragmenta la comunicación, con la economía de la atención, con cómo la gente está saturada por los niveles de información que hay.
Entonces, tenés que ser demasiado atractivo en términos comunicacionales para que la gente te mire y te preste atención, aunque para nosotros pueda parecer ridículo. En ese escenario, las chances de Milei aumentan. Ahora, en un escenario de segunda vuelta, donde toda la sociedad está prestando atención a eso, los exacerbados, los moderados, los inteligentes, los no inteligentes... Para mí, ahí el presidente hoy tiene un escenario de muchísima complicación.
—En la pregunta anterior había implícito un tema que es: algunas veces no fue la economía, o quizás pareció que no fue, y lo fue, pero por lo menos pareció que no fue la economía el elemento decisor, sino la corrupción. Uno podría decir que esto se dio en el 99 con la Alianza y se dio con Macri en el 2015. La Alianza, que prometía mantener la convertibilidad; Macri, que prometía mantener todo lo bueno, los subsidios. ¿En qué momento hay una relación entre economía y corrupción? ¿En qué momento la corrupción, los aspectos éticos, los aspectos estéticos, pasan a tener valor? ¿O siempre son una manera de expresar desacuerdo económico de manera inconsciente?
—Primero, no es posible englobar a todos los votantes en las mismas motivaciones, en las mismas causales de voto. Porque vos tenés los famosos núcleos duros que apoyan a cada uno de los espacios políticos: el núcleo duro que apoya al peronismo-kirchnerista, por decirlo de alguna manera, y el núcleo duro que en su momento apoyó a Juntos por el Cambio y que hoy se ha transformado y evolucionado en este núcleo duro más fuerte todavía y más consistente que apoya a Milei.
Esos, yo te diría que su adhesión a esos espacios es ideológico-cultural. Ahí sí funciona la batalla cultural de la que habla Milei. Porque cuando vos ganás un votante, un adherente en términos culturales, no lo perdés más. Ese tipo es un convencido. Está en una iglesia prácticamente, no está en un lugar del cual se aleja fácilmente. Vos creés en eso y es muy difícil que cambies eso, porque tu sistema de información, tu sistema de creencias, los referentes que tenés en términos de mirar hacia dónde va el mundo, parte todo de ese mismo sistema de pensamiento y es difícil, desde ese lugar, que vos te escapes de ese espacio al que pertenecés.
Entonces, la corrupción es un problema si la comete el otro. Si sos kirchnerista, el problema es si Milei es corrupto. Y si sos antiperonista, el problema es cuando el peronismo es corrupto. Entonces, la tendencia a prestarle poca atención...
—Doble vara.
—Doble vara, exactamente. Ahora, en el medio están los votantes flotantes, en suspenso, los ni-ni, como los llaman muchos, que fluctúan entre un polo y el otro. A veces esos votantes encuentran una representación. Por ejemplo, los votantes flotantes entre Juntos por el Cambio y el peronismo, en el 2023, encontraron un polo nuevo, que era Milei. Y ese le ganó a los otros dos polos. Construyó un nuevo polo sacando adherentes de los otros dos.
Hoy esos votantes no parecen tener una identidad o un líder que aparezca con probabilidad de constituir una identidad. Entonces, ¿qué es lo más probable? Que se terminen inclinando por uno de los dos polos, aunque sea por el menos malo o aunque sea por el que menos rechazo les cause. En ese combo, la alquimia entre situación económica y sospecha de corrupción es letal.
¿Qué sucede? En el 95, a mí no me gusta juzgar ningún proceso político por sus calidades institucionales, porque eso lo hace la Justicia. Pero la sospecha de corrupción sobre el menemismo en el 95 era la misma que en el 99. En el 95 ganó, en el 99 perdió. En el kirchnerismo, la sospecha de corrupción era la misma en el 2011 que en el 2015. En el 2011 ganó con el 54%; en el 2015 perdió.
Por lo tanto, en mi opinión, lo que hay es una combinación. Cuando la situación económica empieza a declinar, cuando el modelo da signos de agotamiento e imposibilidades de dar nuevas respuestas y de reciclarse, como hizo, por ejemplo, el kirchnerismo en el 2011 o como tuvo la posibilidad de hacer el menemismo en el 95, lo institucional pasa a ser una variable de ajuste. Cuando no, pasa a formar parte de la agenda pública y es letal para los gobiernos.
—Todo parece indicar, por el análisis que vos venís haciendo, que no hay, salvo que le encuentren la vuelta a ese plan platita ortodoxo, no parece haber muchas posibilidades de que la sociedad encuentre mejoras concretas, como sí las encontró económicamente los primeros años de la convertibilidad y los primeros años del kirchnerismo. Asumiendo como hipótesis que se produzca eso, o sea, que no haya un plan platita que genere esa modificación en la sociedad, que, dicho sea de paso, ningún plan platita ha demostrado en el pasado solucionar nada. Estos cambios que hablamos para mejor son procesos largos, de tres, cuatro, cinco años; no que en seis meses distribuyen y por eso ganan las elecciones.
Pero, asumiendo que si hubiera un plan platita no lograse conseguir esos resultados, entonces ahí la combinación con el tema de corrupción, con la estética, entra en un combo letal. Por ejemplo, las declaraciones del presidente en Brasil este sábado y luego el domingo en La Rural parecieran haber generado en una cantidad de personas, de esos ni-ni, un escozor que yo no le escuchaba hace un par de meses. ¿Puede ser que sea también un componente negativo para el presidente eso que electoralmente lo hace atractivo por la economía de la atención que vos marcabas, que, bueno, se pasa de raya y empieza a ser negativo?
—Me gustaría probar una idea de Pablo Knopoff, un colega al que respeto y que siempre aporta ideas interesantes. Acá la pregunta es: ¿cuál va a ser la pregunta de la elección? En el 2018-2019 Macri apostaba a que la pregunta de la elección era si volvía o no Cristina. Y él decía: "Si la pregunta es esa, la mayoría no quiere que vuelva Cristina y entonces va a votar en contra". Y la mayoría votó en contra de que el kirchnerismo volviera al poder.
No se dio cuenta de que la pregunta de la elección era otra: era si tenía que seguir o no Macri. Y, como la mayoría no quería que siguiera Macri, lo terminó cambiando por Alberto Fernández. Entonces, la pregunta que yo me hago es: ¿cuál va a ser la pregunta de la elección? La que apuesta el gobierno, que me da la sensación en este momento que es: ¿la gente no quiere más kirchnerismo? ¿Es tan así eso o eso es un consenso entre una mezcla de círculo rojo, periodismo e intelectuales de determinada orientación?
—O sea, vos lo que estás diciendo es que la pregunta podría ser: ¿tiene que seguir o no Milei?
—Exactamente. Y si la pregunta es: ¿tiene que seguir o no Milei?... eso queda como el foco de la historia en términos de su eficiencia, en términos de gobierno. Entonces, ese fracaso del peronismo, esa debilidad estructural que tiene hoy el peronismo, esa pelea interna por el liderazgo que aparece hoy tan difícil y compleja de resolver, aunque no digo que sea imposible resolverla, puede ser una oportunidad para que un gobierno, aun con una tasa alta de rechazo, con esta regla especial que tiene la Constitución argentina, que con el 40% te habilita a seguir en el poder o a convertirte en presidente, Milei pueda ganar aun con una tasa de rechazo alta. De todas maneras, tiendo a pensar que, si la pregunta es sobre la continuidad de Milei, para Milei se viene un escenario muy cuesta arriba, si esto que estamos diciendo en términos de mejora del programa económico, no tiene el impacto que se espera.
—Vos hablabas de la oposición. Circuló la hipótesis hace unos días, por parte de sectores cercanos al kirchnerismo clásico, a la expresidenta, de que estarían dispuestos a romper la unidad del peronismo, que haya dos peronismos compitiendo porque suponen, más bien aseguran desde su creencia, que si el peronismo fuera dividido, el campo no peronista también iría dividido; que al campo no peronista solo lo une que el peronismo pueda ganar; que, en la medida en que vean que el peronismo no puede ganar, entonces se van a incentivar sus ambiciones personales y, además, no se van a sentir criticados por los votantes que les dicen "únanse para que el peronismo no vuelva". Es una apuesta arriesgada porque plantea que el otro va a hacer algo en función de lo que vos vas a hacer, independientemente de eso.
Luego, uno de los secretarios de Mauricio Macri en la Presidencia nos dijo la semana pasada, en este programa, que él creía que finalmente el PRO iba a acordar con La Libertad Avanza, salvo que el peronismo vaya dividido, porque, si el peronismo va dividido, entonces no estarían con la obligación de juntarse para derrotar al peor de los males. ¿Le asignás alguna chance a que este tipo de razonamiento tenga alguna lógica y pueda convertirse en realidad?
—En política no hay ningún evento con probabilidad igual a cero. Entonces, puede haber. ¿Qué veo yo? ¿De dónde provienen las amenazas, los entusiasmos y las motivaciones por la fragmentación? De los dos espacios, dentro de cada uno de los hemisferios, que más debilidad tienen en la negociación: el espacio del PRO en relación con Milei y el kirchnerismo más clásico en relación con el kirchnerismo de Kicillof, por decirlo de alguna manera.
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¿Por qué son los dos más débiles? En el caso del oficialismo está claro: tiene al presidente. Es muy difícil discutirle a un presidente la reelección. Y la verdad es que, si bien es cierto que el PRO ha mejorado sus chances en las encuestas y que podría debilitar las chances electorales del oficialismo, la realidad es que en ninguna hipótesis el PRO le gana, o Mauricio Macri le gana a Milei, en una elección de candidatos presidenciales.
Y, por el otro lado, el espacio del kirchnerismo. Si bien Cristina mantiene niveles de imagen positiva muy altos, que la verdad son sorprendentes para una líder que está condenada no solo a seis años de prisión, sino que tiene también la cláusula que le prohíbe presentarse como candidata por tiempo indeterminado. Entonces, con esas condiciones, mantiene niveles de imagen positiva tan altos. También es sorprendente. Pero la realidad es que no puede ser candidata. Y ese espacio no tiene candidato, porque su candidato natural es Kicillof.
A ver, vos hacés cualquier estudio de focus y ningún estudio de focus diferencia a Kicillof de Cristina Kirchner... Un escenario 2003, de fragmentación de todos los espacios políticos, me suena difícil. Es cierto, y esto hay que decirlo, que es más probable la fragmentación en la oposición que en el oficialismo. Porque el oficialismo tiene un montón de recursos y la jefatura presidencial para ordenar ese espacio político, mientras que la oposición tiene menos incentivos para articularse y para unificarse, salvo que sienta que la llegada al poder es muy inminente.
Entonces, si la llegada al poder es muy inminente, eso suele oficiar como un principio ordenador, porque hay mucho para negociar. Pero pienso que, al final de la película, si las cosas se mantienen como hasta ahora, es decir, si Milei no sufre un colapso en su imagen que habilite nuevas candidaturas...
—O sea, ¿ves un balotaje entre Milei y Kicillof?
—Esa es la película que hoy se ve. Y si Kicillof continúa siendo el candidato más competitivo dentro del peronismo, por supuesto. Si en el peronismo aparece un candidato tanto más competitivo que Kicillof, ahí el escenario puede cambiar o modificarse.
—Y en tus últimas encuestas, si fuera hoy ese balotaje, ¿cómo le da Milei con Kicillof?
—A nosotros nos da 45 a 40, arriba Kicillof.
RM