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MODO FONTEVECCHIA
Salud pública y cambios sociales

Fernán Quirós: "La pandemia y las redes sociales como causas de enfermedades actuales"

El ministro de Salud porteño analizó el impacto de la pandemia y las redes sociales en la salud mental. Advirtió sobre el aumento de la angustia, el estrés y planteó la necesidad de atender no solo a los pacientes, sino también a las condiciones de la época.

Fernán Quirós, ministro de Salud de la Ciudad de Buenos Aire
Fernán Quirós, ministro de Salud de la Ciudad de Buenos Aire | NA

La pandemia dejó consecuencias que exceden el impacto inmediato sobre la salud física y aceleraron transformaciones que ya estaban en marcha. El aumento de los problemas de salud mental, la pérdida de sentido de vida, el estrés crónico y las dificultades de concentración aparecen vinculados con nuevas formas de relacionarse, atravesadas por las redes sociales y el uso permanente de la tecnología. Sobre estos cambios y sobre las enfermedades que caracterizan a esta época reflexionó Fernán Quirós, médico y actual ministro de Salud de la Ciudad de Buenos Aires.

Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), abordó junto a Quirós las causas sociales y culturales detrás de estos fenómenos y el modo en que la pandemia actuó como un catalizador de problemas que ya mostraban una tendencia previa. El especialista también analizó el impacto de las redes sociales en niños, adolescentes y adultos, la relación entre estrés y burnout y la necesidad de comprender la salud más allá de la biología, atendiendo también al contexto en el que viven las personas.

Fernán Quirós es un médico graduado con diploma de honor por la Universidad de Buenos Aires, especializándose en Medicina Interna. Posee una maestría en Gobierno y Dirección de Sistemas de Salud otorgada por la Universidad Abierta de Cataluña. Es el actual Ministro de Salud de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, cargo que ejerce desde el 10 de diciembre de 2019. Desarrolló gran parte de su carrera en el Hospital Italiano de Buenos Aires, donde se desempeñó como Vice-Director Médico de Planeamiento Estratégico y fundó el Departamento de Informática en Salud. A finales de 2025 fue incorporado como miembro titular de la Academia Nacional de Medicina.

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Yo diría además que Fernán es un caso realmente particular, porque es obvio que la pandemia, administrar la pandemia, le generó a la mayoría de las personas en el mundo situaciones negativas, porque se asocia algo negativo con la persona que es la cara, y todo por el contrario, o sea, la persona que puso más la cara salió más valorada por la sociedad, podría decir así, que Fernán cruza la grieta. De unas pocas personas, que evidentemente eso habla de una inteligencia emocional que pocas personas tienen, pero vamos a hablar ahora de la salud pública de la Ciudad de Buenos Aires. Intentos de suicidio aumentaron 44% entre enero y mayo de este año. Es un fenómeno, no de la ciudad, sino de todo el país. Es un fenómeno también mundial, que hace unos años la curva empezó a caer porque muchos países expusieron normas para tratar de combatirlo, pero bueno, en la Argentina, el aumento de suicidios en los últimos años es enorme. Hay múltiples causas, desde la soledad que plantean las redes sociales, la pandemia misma. Me gustaría tu propia visión sobre a qué se atribuye y cómo combatirlo.

Bueno, primero, gracias por la invitación. Un gusto siempre estar aquí contigo y con toda tu audiencia. Yo creo que hiciste una descripción bastante completa en el sentido de que son fenómenos sociales, yo digo genéricamente, epocales, digamos, de la época, de la forma en que vivimos y transcurrimos en estos años, sobre todo muy potenciado por la pandemia, porque hay un conjunto de causas que facilitan. Lo primero es un poco la pérdida de sentido de vida, que es un poco lo que subyace: personas que van perdiendo el sentido de vida, que no conectan con la vida, que no conectan con su interior y con su contexto de vida. Y luego, por supuesto, aparecen disparadores. Entonces, en términos de sentido de vida, hay aspectos que tienen que ver con cómo transitamos la niñez y la adolescencia. Vos sabés que el proceso o el período de la adolescencia es uno de los períodos más críticos de la vida del ser humano, porque en un cuerpito de niño, el desarrollo hormonal, el desarrollo intelectual, el desarrollo social, a lo largo de tres o cuatro años, vos pasás a ser una persona absolutamente dependiente y, sobre todo, lo que decimos siempre es en la búsqueda de tu lugar seguro: en tu hogar, tu contexto, tu madre, tu padre, tus hermanos. Un lugar seguro de vida. Tenés que transitar de ese lugar donde todo es perfecto y no hay nadie que te pueda arriesgar la vida en ningún sentido, a un modelo de vida adulto diez años después, a los 18, 19, 20 años. Ese tránsito entre el lugar seguro del niño y el ámbito abierto, violento, difícil, complejo de la vida adulta, históricamente lo transitamos a lo largo de un conjunto de años con nuestra pequeña tribu. Es el período de la amistad, de la asociatividad, de la pareja, el período donde vos, de alguna manera, te vinculás con el exterior muy protegido por un conjunto de personas que viven como vos, que sienten como vos, que charlan sobre las cosas que te pasan. El tránsito que te estoy contando de la niñez y el lugar seguro, la adolescencia y la tribu que te protege y te cuida, a aprender a vincularte con el mundo adulto en forma directa y desprotegida, hoy se termina con un clic a los 9, 10 años con un teléfono celular. Entonces hoy el ser humano está expuesto a una transición de niño a adulto de una manera muy violenta, muy violenta y, por supuesto, para lo cual no estamos preparados. Entonces ahí hay un primer motivo sociológico, si querés, epocal, que tiene que ver con que los niños y los adolescentes han perdido su proceso de formación de la personalidad del yo y su capacidad de vincularse con otros diferentes y con las dificultades del mundo adulto. Después, lo segundo importante, en ese período, pero en todos los períodos, es el nivel de angustia y, sobre todo, nos hemos ido acostumbrando con las redes de que todo es un clic y ya. De que no tenemos paciencia, que no podemos escribir más de 36 caracteres, de que las cosas hay que decirlas claras, concisas y precisas, sin análisis multicausal o de dimensiones. Y esa vida nos pone un nivel de desarrollo mental que vivimos en un formato de angustia permanente. Ese, yo diría, que es un segundo componente que tiene que ver con la vida diaria. El tercer componente es el nivel de violencia. Es una pérdida de concepto de comunidad que se ha ido generando a lo largo de las décadas, que al día de hoy hay una mirada de un nivel de desarrollo individual, sobre todo un individuo que viene con esa dificultad de formación de la personalidad del niño que hace que depende estrictamente, depende muchísimo de lo que le viene de las validaciones exteriores, los reconocimientos exteriores. Entonces hay un nivel de insatisfacción de que el exterior no me ayuda o es el culpable. Esa es la razón por la cual yo no puedo ser quien soy. Y, por supuesto, un nivel de violencia que viene después de la insatisfacción, donde entonces te echo la culpa, personalizo la relación culpándote. Bueno, todo eso, la violencia intrafamiliar, la violencia social, la violencia de la calle, la violencia política, la violencia en la comunicación pública, yo voy transitando algunos campos para ir describiéndote un panorama.

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Mientras te voy escuchando me pregunto las dos cosas conectadas. Redes sociales y pandemia. Al mismo tiempo la pandemia fue el gran disparador, duplicó la audiencia de las redes sociales. O sea, cuánto una cosa y la otra están imbricadas en un cambio de la perspectiva de la salud hoy en día.

Decididamente. Yo por eso siempre digo que la pandemia no es la causa de estas epidemias post-pandemia, por llamarla de una manera, sino que fue un gran catalizador. En biología llamamos acción enzimática a una acción que acelera procesos. Porque vos ves casi todos los datos que han impactado negativamente la pandemia, venían con una tendencia de empeoramiento previo y aceleraron tremendamente en la salida. Y eso tiene mucho que ver con parte de lo que vos traías: que las formas de vida, las formas de comunicación y el uso de las tecnologías, que tienen unos fenómenos positivos muy significativos, tienen un costado con el tema del neurodesarrollo, el desarrollo de la personalidad y el crecimiento y socialización del niño, que son muy problemáticos. Y en los adultos nos han puesto una forma de vivir y de sentir las cosas que verdaderamente nos han sacado del ser humanos y pasamos a ser personas que corremos atrás de algo todo el tiempo. Y eso nos desestabiliza mucho y trae una problemática que tiene que ver con el burnout, que alguna vez hemos charlado juntos, que es cuando las personas dejan de ciclar. Y yo lo digo de esta manera: tu cuerpo está acostumbrado a ciclar cotidianamente el día y la noche, el trabajo y el descanso.

¿Eso es el verbo de ciclos? O sea, ciclos como un verbo.

Efectivamente. El ciclo del día, el ciclo de la semana y el fin de semana y el descanso, el ciclo de los períodos de trabajo y el período de vacaciones. Bueno, esos ciclos tienen un componente biológico muy importante porque las hormonas y, sobre todo, el cortisol, que es un elemento muy importante en la enfermedad de la diabetes, de la obesidad, de la angustia y del burnout. Esta hormona, que es el cortisol, es una hormona del estrés. Está muy acostumbrada a subir y bajar y las personas, hace miles de años, que tenemos estrés agudo cuando teníamos una amenaza de vida, y luego bajaba. Bueno, lamentablemente, estos fenómenos de esta forma en que estamos viviendo han hecho que el cortisol se sostenga en muchas personas durante mucho tiempo, sin ciclar, sin hacer el ciclo circadiano que hace habitualmente en el cuerpo.

Te escucho y me siento totalmente identificado.

Bueno, pero eso es tremendo porque está muy estudiado y muy descripto por algunos autores sobre la diferencia entre el estrés y el estrés crónico sostenido. El estrés hasta es parte de la salud del ciudadano y del sujeto. Ahora, el estrés crónico y sostenido genera un conjunto de condiciones, algunas de la salud mental y otras de la salud física, pero sobre todo te conduce a largo plazo a que ya le perdés sentido a las cosas que hacés y, sobre todo, te lleva a esta cosa del burnout, donde ya no podés contigo mismo. Llevado al extremo, por supuesto. Pero es parte un poco de lo mismo. Estamos transitando una época donde se combinan innovaciones muy importantes para el ser humano con cambios de forma de vida que son muy problemáticos para la salud, las condiciones de salud y enfermedad. Y obviamente que muchas de ellas se atienden después con drogas, con moléculas que pueden mejorar la condición. Pero lo más inteligente es entender cuáles son los drivers que generan en todos nosotros esa condición para poder, yo digo siempre, darle tratamiento a la época, además del paciente.

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Un tema que a nosotros nos toca tiene que ver con las pruebas PISA, que en todo el mundo se asocia la pérdida de los resultados, también ha heredado a partir de la pandemia, pero fundamentalmente con la pérdida de capacidad de concentración de los alumnos, casualmente por el uso continuo del celular y las redes sociales. Entre 6 y 8 horas diarias de conexión es el promedio piso para los estudiantes de colegio primario. Ya no estoy hablando de secundario. Y en ese sentido, la tendencia a decir que el uso de las redes sociales y el celular va a ser algo parecido al tabaquismo en los años 70 y 80. ¿Es una descripción exagerada o finalmente va a producir condiciones de mejoramiento de la salud equivalentes a lo que fue el tabaquismo, ya erradicado después de 40, 50 años de lucha?

Yo te diría que no es exagerada la comparación. Tiene una dificultad: que las esferas de la enfermedad que traen las redes son distintas a las esferas de la enfermedad que trae el tabaquismo, pero decididamente hoy ya hay evidencias muy contundentes. Hay un trabajo muy reciente, una publicación en la revista pediátrica más prestigiosa del mundo, que es Pediatrics, donde se revisan todos los estudios que han evaluado el impacto de las redes en los niños, adolescentes y adultos. Y ahí se demuestra con toda claridad estas cosas que estamos hablando. Los trastornos de la salud mental, por un lado, la reconfiguración neuronal de los cerebros de las personas que usan muchas redes, en términos de que se activan otras áreas y se dejan de activar y pierden relevancia algunas áreas críticas del uso de la cotidianeidad. Por ejemplo, la capacidad de atender, la capacidad de sostener una atención. Y como vos tenés dificultades para atender y sostener una atención, tenés dificultades para aprender, porque entonces la lectura te cuesta comprenderla porque no podés sostener. Porque todo aprendizaje empieza con la intención y la decisión de observar y de concentrarte en algo. Y luego, por supuesto, algunas problemáticas que yacen a la esfera de la salud mental. En la revisión se pone un término muy técnico, pero básicamente lo que dice es que el uso permanente de las redes, de salud mental y la activación de algunos circuitos neuronales que tienen que ver con la recompensa y demás, hace que las personas en algún momento pierdan un poco el sentido de la vida. Un aburrimiento de manera sostenida que facilita, digamos, las tendencias a la pérdida de sentido.

Ese nihilismo. Vos hablabas de enfermedades epocales. Como estudioso de la salud pública a lo largo de las épocas, ¿cómo se fueron dando? ¿Qué otras enfermedades epocales, para que la audiencia pueda tomar dimensión, qué otras se dieron en el siglo XX, por ejemplo, o en el siglo XIX?

Bueno, vos fijate, yo, en una de las charlas que doy, a veces en algunos congresos, trato de poner esa marca que vos tomaste tan rápidamente, que hay enfermedades que no son de las personas, que son de la época, porque el ejemplo que yo pongo es: si vos, nosotros, cuando éramos niños, en nuestra época no veías a nadie con obesidad y los diabéticos eran muy pocos. Entonces, si esa misma persona en aquella época no era diabético y no tenía sobrepeso, y hoy viviendo lo tiene, la enfermedad no es del sujeto, es del entorno y la época donde vive. Yo tengo una imagen muy linda, que es un pescado en una pecera con el agua muy sucia y muy contaminada, a la cual le tiramos medicamentos al pescado, y del otro lado una pecera donde limpiaste el agua. Entonces, ese concepto de cuidado, muchas de las condiciones que estamos tratando y tratando eficazmente, en realidad no deberíamos tener que tratarlas. Entonces, vamos a tu pregunta, vamos un poco para atrás. Digamos, por supuesto que la principal problemática histórica del ser humano había sido la mortalidad infantil, la mortalidad materna, las problemáticas que tenían que ver con las infecciones no diagnosticadas y no tratadas. Vos tenías, a lo mejor, un problema en una muela o una apendicitis y era el final de tu vida, ¿no es cierto? Después de ese período, vinieron las épocas donde el ser humano empezó a viajar por el mundo, 1400, 1500, 1600, donde aparecieron todas las pestes. Empezaron a llevarse de Asia hasta Europa, de Europa hacia América. Digamos, el ser humano, los grandes temas de la época eran las pestes. Siempre hablando de personas que tenían una expectativa de vida al nacer de 30 años, 35 años. Con la aparición del higienismo, cuando aprendimos que lo que nos mataba eran gérmenes y luego, posteriormente, varias décadas después, con la aparición de la penicilina y algunos antibióticos, naturalmente, y con el acceso distribuido de la comida, porque no hay que olvidarse de los determinantes sociales de la salud. Con la urbanización que trajo algunos problemas, pero por otro lado trajo acceso cotidiano a la comida, entramos en una nueva época. Y en la época que estamos transitando ahora es la época de la angustia, del estrés, de la insatisfacción de lo que te pasa y de lo que te valoran. Yo diría como raíz principal, es la construcción de un ciudadano que todavía no se conoce a sí mismo, pero sabe a quién culpar de todo lo que pasa.

¿Cuánto hay de filósofo en un médico? Yo te escucho y hay una omnicomprensión donde no es solo el cuerpo, es el cuerpo y sus circunstancias, el cuerpo y su contexto. ¿Cuánto hay de ciencias sociales, de filosofía, en un médico y cuánto te transformó a vos tener la responsabilidad, primero como médico, de ver la salud en su conjunto?

Bueno, lo primero que tendría para decirte es que la salud es demasiado integral y trascendente como para ser comprendida solo desde la biología. Y te voy a contar una anécdota muy graciosa de un profesor mío, del Hospital de Clínicas, cuando yo me formé, ya por la década del 80, que una vez me dijo una frase. Me dijo: “Fernán, el que solo medicina sabe, ni siquiera medicina sabe”. Y yo, en ese momento, que era un erudito que leía muchos papers de biología y demás, pensé: “Este señor no entiende nada de lo que es el conocimiento científico-técnico de la modernidad”. Bueno, le fui a pedir varias veces disculpas con el paso de la década, digamos. Y eso tiene que ver, en realidad, con el proceso de aprendizaje de la vida. Si vos sos una persona que se dedica al cuidado de la salud y empatizás con las personas que tenés que atender, la vida te enseña que la biología es un componente y, a veces, es la parte de lo que el sujeto transita a lo largo de su vida. Así que tomás mucho más respeto por la integralidad del ser humano y decididamente la pandemia fue tal vez el proceso de aprendizaje más profundo que tuve, así también por proceso, el momento de la vida más duro que tuve. No sé, ese período me enseñó muchísimo. Como siempre me gusta decir a mí, en los profesionales hay casi como dos categorías muy organizadoras: los profesionales que tienen la actividad y la voluntad de aprender y los que no. Entonces, si vos sos un médico que tenés voluntad y actitud de aprender, naturalmente el acto de la actividad de cuidar te lleva rápidamente a entender la dimensión de la salud.

Qué gusto que gustó conversar. No sé si te dejo para este médico que te decía que el que sabe solo de medicina ni de medicina sabe. Jorge Fernández Díaz repite siempre que para ser un buen periodista no hay que ser solo periodista.

El mismo concepto, porque los espacios o, si querés, las profesiones que tienen que ver con conectar con las personas, el sujeto, la persona, es algo tan complejo que hoy en la comunicación a veces se quiere simplificar de una manera.

Muy agradecido por esta hermosa conversación, Fernán. Gracias por todo.

Es un gusto. Gracias por invitarme. Muchísimas gracias.

LMM