En un contexto signado por la caída del Producto Bruto Interno, la contracción del consumo y el freno en la inversión, la voz del ministro de Producción bonaerense, Augusto Costa, cobra un peso estratégico. Como el referente económico más cercano al gobernador Axel Kicillof, Costa no solo analiza la coyuntura del presente, sino que proyecta las bases de un modelo alternativo para la Argentina. En su visión, la búsqueda de la estabilidad monetaria mediante la parálisis productiva y la pérdida del poder adquisitivo resulta un camino fallido e innecesario.
Durante su diálogo con Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), Costa plantea que la reactivación de la actividad es una condición imprescindible para estabilizar los precios sin generar cuellos de botella, al tiempo que rebate la noción de que un Estado presente requiera un incremento de la presión fiscal. Asimismo, detalla la ingeniería económica con la que la Provincia de Buenos Aires logra sostener la salud, la educación y la cobertura social frente al recorte de 19 billones de pesos en transferencias nacionales, proponiendo un esquema federal que recupere la producción nacional y el trabajo formal.
Augusto Costa es economista, docente y servidor público. Desde 2019, se desempeña como Ministro de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica de la Provincia de Buenos Aires, bajo la administración del Gobernador Axel Kicillof. Previamente, fue Secretario de Comercio Interior de la Nación entre 2013 y 2015. Paralelamente a su labor en el servicio público, ocupó un cargo directivo en el ámbito deportivo como Vicepresidente del Club Atlético Vélez Sarsfield.
Augusto no es la única persona que simplemente ha decidido cuando lo presenta, pero también podríamos decidir, es la persona desde el punto de vista económico más cercana al Gobernador Kicillof. Así que escuchar a Augusto también podría permitirnos imaginar una futura política económica en caso de que Kicillof sea presidente. Recientemente comentamos que esta entrevista estaba combinada con cierta anticipación, pero acaba de llegar el día en que, para el Gobernador Kicillof, parecía haber una especie de indicación significativa de la evolución del modelo económico: tuvimos una caída en el Producto Bruto respecto del trimestre anterior —el segundo trimestre sobre el primero—, una caída más abrupta en el consumo y una caída en la inversión, porque la inversión siempre implica un futuro. Para decidir, tenemos una caída del pasado, una caída del presente y una caída del futuro, como una especie de combinación de datos que parecería indicar que a 35 meses de comenzar este plan económico, no solo es capaz de producir los frutos esperados, sino que parece que los está empeorando, ¿verdad? Entonces, Augusto, primero una reflexión general sobre estos datos de la economía general.
Bueno, ¿qué tal, Jorge? Buenos días, gracias por la invitación. Creo que la única reflexión que debemos tomar es la que hemos estado diciendo desde el primer momento: que este plan económico no puede tener otro resultado que estos indicadores. Esto se debe a que Milei perturbó la economía argentina. La rompió en muchos sentidos, particularmente en el aparato productivo, lo que condenó a gran parte de la producción argentina a condiciones de imposibilidad y dio lugar a situaciones generales en muchas provincias que tienen una estructura productiva que depende del mercado interno, el consumo y el desarrollo de la inversión; es decir, los determinantes típicos de la actividad productiva y la generación de empleo, que nos condenan a una situación de fracaso e inviabilidad. Entonces, los números que estamos viendo ahora tienen que ver con las consecuencias del modelo económico que básicamente beneficia a tres sectores: minería, energía, algunas ramas del sector agrícola e intermediación financiera. Y perjudica las principales actividades de las que vive gran parte de los argentinos, que son la industria, el comercio, la construcción y el turismo. Los indicadores de evolución de la actividad económica y el empleo lo demuestran: una economía partida donde solo algunos enclaves productivos presentan resultados positivos y el resto están con números en rojo. Hay provincias, como la de Buenos Aires, de la que soy responsable como Ministro de Producción, que sufren esta situación con especial intensidad, pues se trata de una provincia fundamentalmente industrial, donde la industria es la principal actividad de la matriz productiva bonaerense. Desde que asumió Milei, la industria ha caído al 10%, la construcción al 25%, el comercio al 10%, y entre estos tres sectores explican la mitad de lo que genera la economía y el empleo bonaerense. Hoy vemos cómo la política económica refleja en los indicadores lo que cualquier actor productivo y económico ha estado demostrando desde hace tiempo.
Junto con el intendente Alak presentaron un plan estratégico para reactivar el aeropuerto de La Plata. Al mismo tiempo, se llevó a cabo una reunión entre el intendente de La Plata y el intendente de Córdoba. El intendente de Córdoba declaró: “Nos están matando a todos por igual”. Y cuando escuchas el perfil de la provincia, que es industrial, pero a la vez tiene mucha importancia en el sector agropecuario, se parece mucho a Córdoba, podríamos decidir. ¿Qué punto de contacto se genera el ver qué le pasa a Córdoba y qué le pasa a la provincia de Buenos Aires?
La mayoría de las provincias del centro (Córdoba, Santa Fe, Provincia de Buenos Aires) tienen un perfil productivo donde la actividad industrial es muy importante y también tiene presencia el sector agropecuario. Cuando vos mirás cuánto explica del empleo cada una de las actividades o de la generación de valor, por ejemplo, en la provincia de Buenos Aires, el agro —siendo la principal provincia agropecuaria de la Argentina— explica menos del 9% del empleo y de la producción de la provincia. Y la industria, el 27%; o sea, tres veces más es lo que genera la industria que el sector agropecuario. Bueno, Córdoba también tiene una matriz productiva industrial muy fuerte y es lo que se está viniendo abajo. Nosotros la semana pasada hicimos un Congreso Productivo Bonaerense en la ciudad de La Plata donde estuvo el intendente Alak en la apertura, donde se reunieron durante dos jornadas entre 1.600 y 1.700 personas por día vinculadas al mundo del trabajo, y todos los testimonios iban en la misma dirección: no vemos cómo, con esta política económica y con este modelo, pueda revertirse esta situación de deterioro. Como también lo pensamos con carácter federal, tuvimos un encuentro con el ministro de Producción de Tierra del Fuego y con el secretario de Industria de La Rioja, y en ambos casos el diagnóstico era el mismo: todo lo que tiene que ver con actividades productivas tradicionales (industria, comercio, construcción) está en una situación de crisis absoluta. Eso es lo que está pasando en todo el país, salvo en un par de provincias. Además, cuando uno analiza el vínculo entre la actividad productiva que es parte de los ganadores del modelo —por ejemplo, la minería— y el empleo, la minería es la única actividad que está generando algo de empleo, muy poquito. Lo que está pasando en la economía argentina, que es un fenómeno contraintuitivo, es que incluso los sectores que crecen, crecen sin generar empleo. Ahí tenemos el gran problema hoy de la producción y el trabajo en la Argentina: se está adquiriendo un perfil que va en contra de los intereses de la mayoría de los argentinos.
Hoy entrevistamos a varios economistas, a partir casualmente de los datos conocidos ayer de la caída del Producto Bruto, del consumo y de la inversión, y había una coincidencia en que la causa irreductible, la causa de las causas, era la subvaluación del precio del dólar, la sobrevaluación del precio argentino, como única herramienta para bajar la inflación. ¿Compartís esa visión? ¿Crees que de ahí arrancan todos los problemas de este plan económico?
Es un conjunto de variables. Tenemos una sobrevaluación cambiaria que el proyecto de Presupuesto que manda el Ejecutivo sostiene como política angular de su esquema económico. Tenemos una pérdida del poder adquisitivo, lo que deprime el mercado interno, y una caída de salarios que, junto con el desempleo, genera un empeoramiento de las condiciones de vida de la mayoría de la población. Con lo cual tenés, como decimos los economistas, un ancla cambiaria y un ancla de ingresos, salariales o de haberes jubilatorios. Tenés una apertura de importaciones que genera un desplazamiento de la producción local, que también tiene como objetivo influir en el esquema de precios internos. Tenés tasas de interés que históricamente en estos años han generado un costo de financiamiento para las empresas enorme y, para las familias que se fueron endeudando, una situación de morosidad que hoy es uno de los principales temas de la agenda, donde nosotros en la Provincia estamos tomando medidas. A esto se suma, por supuesto, el incremento desproporcionado del peso de los servicios (luz, gas, agua) dentro de los presupuestos familiares, que también golpea en el ingreso disponible. Básicamente, la búsqueda de estabilidad del Gobierno tiene que ver con sostener la apreciación cambiaria y generar una situación de una economía paralizada para mostrar encima guarismos o indicadores de inflación que todavía están arriba del 30%. Entonces, ¿cuál es el sentido de un plan económico que se propone explícitamente resolver una de las variables que son relevantes para la economía, como la inflación, sacrificando todo lo demás?
A ver si puedo sintetizar todo eso. Todo lo que busca el Gobierno es tener un solo objetivo, que es bajar la inflación. Entonces, el ancla cambiaria, el ancla salarial o la reducción de las jubilaciones y del gasto público para reducir el déficit fiscal persiguen un objetivo inicial, único, yo diría casi monotemático, que es bajar la inflación. Allí reside el núcleo del problema: concebir la economía como un solo y único objetivo.
Sí, creo que haciendo...
Independientemente de que no lo logre, además.
No, además de que no lo logra, porque es una estabilidad ficticia por lo que estamos comentando. Pero si te puedo resumir muy simplificadamente y sin mucha rigurosidad, para que se entienda cómo creo que entiende el Gobierno que funciona la economía argentina, dicen: «Bueno, el principal problema es la inflación, lo viene siendo». Y hay que darle un punto, porque la inflación en 2023, en la última experiencia del gobierno peronista, estaba en niveles que realmente no son los que necesita una economía para funcionar de una manera razonable. No es aceptable tener una inflación arriba del 200%, eso lo reconocemos, lo sabemos y es un problema. La estabilidad hoy, en materia de inflación y de variables macroeconómicas, es un objetivo que nadie puede decir que no hay que perseguir. El tema es cómo se busca ese objetivo. Lo que entiendo que asume el Gobierno es: «Bueno, la inflación tiene una causa, que es el déficit fiscal que se financia con emisión». Entonces vino Milei con estas figuras muy gráficas de la motosierra, la licuadora, la dolarización, el cierre del Banco Central, la independencia y la reforma de la carta orgánica para decir que, cortando el origen del problema inflacionario —que lo repiten una y otra vez en todo tiempo y lugar dicicen que es un problema monetario—, se acaba el problema de la inflación. Al haber estabilidad, porque hay previsibilidad, llegan inversiones; al llegar inversiones, la economía crece; al crecer la economía, aumentan los ingresos de la gente; al aumentar los ingresos de la gente, todos vivimos mejor. Bueno, fíjate: hicieron todos los desastres posibles para bajar la inflación y no lo están logrando, porque tener una inflación arriba de 30 puntos después de tres años de gobierno no se puede considerar un logro, y tenemos inversión negativa. Es decir, la economía está desacumulando capital físico. La utilización de la capacidad instalada de la industria está en niveles similares a la pandemia y al 2002. ¿Cómo va a venir inversión a una economía que tiene capital ocioso? ¿Cómo pretenden que una economía paralizada genere incentivos para invertir? Los únicos sectores donde se están anunciando proyectos son los vinculados a Vaca Muerta o a algunos proyectos de minería. Y además les da condiciones excepcionales a través del RIGI, el super RIGI, para obtener rentabilidades que después no terminan derramando en la economía argentina. Entonces está mal el diagnóstico, están mal los instrumentos. En los objetivos podemos estar de acuerdo, pero lo que hay que pensar es una política económica con un tablero de comando que no centre todo en un solo objetivo pensando que, resolviendo eso, se resuelven todos los problemas argentinos, sino que considere un equilibrio entre objetivos que muchas veces también son contradictorios.
Imagínate: 10 de diciembre de 2027, les toca solucionar estos problemas. ¿Qué hipótesis contemplan? Independientemente de que obviamente hay que ver cómo se llega y que no es lo mismo llegar con un dólar de 1.800 que con uno de 2.500, o con una inflación de menos del 20% que con otra persistente del 30%, en líneas generales, las causas de los problemas son las mismas. ¿Qué remedio proponen y vos imaginás particularmente?
Lo que hay que establecer son los objetivos que planteamos: una economía estable que genere empleo y aumento de la producción. Para eso hay que buscar un set de instrumentos que vayan de manera armónica generando esos resultados. Con lo cual, lo primero que te tendría que decir es: pongámonos de acuerdo con esos dos objetivos. Ahí hay un contrapunto enorme con el gobierno de Milei. Si el gobierno de Milei dice que el único objetivo es la inflación, no estamos de acuerdo. El objetivo es crecimiento, estabilidad y mejora de las condiciones de vida. Para eso hay que tener un orden fiscal, un orden monetario y una política cambiaria que acompañe los objetivos que se buscan, pero de una manera virtuosa, no de esta manera donde no solo no se alcanza el resultado, sino que además se destruyen capacidades productivas y científico-tecnológicas acumuladas en la economía argentina durante décadas. Para lograr eso hay que revisar el esquema de ingresos y de gasto público, cómo se financia el Estado y cuál es el esquema tributario que debería tener la economía argentina para poder obtener los recursos genuinos con los que financiar un gasto público que tiene que apuntar y priorizar los sectores que generen más impacto en la economía argentina y mayores ingresos en la población. Eso debe ir acompañado de una política monetaria que no ponga las tasas de interés por las nubes ni a niveles impagables para las familias, pero que tampoco genere una situación donde el esquema de precios sufra presión. Es decir, es una ingeniería que hay que hacer en términos de política económica que excede las recetas simples que nos propone Milei. Por eso, con Axel, cuando planificamos o pensamos una alternativa para este modelo, lo que decimos es que los instrumentos existen y hay que aplicarlos de manera consistente, pero para eso tenemos que entender cuáles son las restricciones que va a dejar este gobierno. Si no, es venir con las promesas vacías que trajo Milei, quien en muchas oportunidades dijo «yo vengo a dolarizar la economía, acá tengo demostrado que tengo los dólares» y no lo hace porque era imposible, sonaba líndo para un sector de la sociedad pero en los hechos no iba a funcionar nunca. Bueno, no es por ahí es por una realmente respuesta seria a esta situación.
Aparecieron carteles de “Axel presidente” y “Cristina libre” en Recoleta
Permítime hacer una aún mayor simplificación, que generalmente es la tarea de los periodistas. Yo te escucho y vos lo que decís es: «Bueno, miren, vamos a suponer que lleguemos el año próximo a fin de año al 20% —que es lo que el Gobierno desearía, 19% u 18%— o que se mantenga en el 30%». Pero en cualquiera de los casos vamos a estar en un escalón de alrededor del 2% de inflación mensual, que es más o menos la que venimos teniendo en la Argentina, salvo picos, en los últimos 25 años. Muchos países que han logrado bajar la inflación... aquel 200% era 10% o 12% que fue un pico de inflación mensual, nosotros teníamos 6% o 7% de inflación mensual, la bajás a 2%, es más fácil bajarla de 6 a 2 que después de 2 a 0. El objetivo de Milei, si fuera reelecto, es querer el cero adelante. Ustedes dirían: «Miren, en lugar del cero adelante inmediatamente, estamos dispuestos a esperar dos años más para que haya un cero adelante, pero vamos a priorizar el crecimiento». Entonces la inflación no es que no nos importe, no es que queramos que suba, pero estamos dispuestos a que baje más lentamente, que lleve dos años más que tenga un cero adelante la inflación mensual, pero no queremos sacrificar el crecimiento y por lo tanto estamos dispuestos a pagar un costo de mayor tiempo en la baja de la inflación. Al mismo tiempo decís...
Perdón, Jorge. No lo estoy diciendo en esos términos. Estoy diciendo que el objetivo de bajar la inflación y mantener una estabilidad en la economía es prioritario. El tema es cómo lo lográs. Voy a ser muy simple y te dejo continuar con la reflexión: si vos tenés una capacidad ociosa como la que tenés hoy en la economía argentina, eso quiere decir que podés empezar a producir más en la medida en que el mercado interno empiece a recuperarse...
Jorge Fontevecchia: Sin generar inflación.
Augusto Costa: Sin generar cuellos de botella ni presiones...
Jorge Fontevecchia: Se podría aumentar el crecimiento aún bajando la inflación.
Augusto Costa: Y te digo más: eso tendría un efecto beneficioso en las cuentas fiscales porque, al recuperarse la economía, recaudás más. Eso te permite generar un mejor patrón de ingresos y gastos del Estado. La recuperación de la economía no solo es necesaria en términos de mejorar las condiciones de vida de sectores que la están pasando muy mal, pese a que el Gobierno lo niegue, sino que además, en términos de la dinámica económica, es necesaria e incluso se puede lograr sin tener un impacto en la inflación.
Jorge Fontevecchia: Ok, entonces se puede producir una continuidad con la baja de la inflación. Aún manteniendo esa prioridad, se puede crecer, pero el objetivo es crecer más que bajar la inflación.
El objetivo es crecer con estabilidad.
Con estabilidad, ok. Y el otro punto es: vos decís que hay que ver cómo se financia el Estado para el gasto público; o sea, entiendo que lo que plantean de diferente a este modelo es una mayor cantidad de gasto público manteniendo el equilibrio fiscal con mayores impuestos.
No, lo que estamos planteando es que hoy...
Te reís porque yo te la sintetizo.
No, me la llevás al título y la tengo que complejizar porque es mucho más difícil de lo que parece todo lo que tiene que ver con la política económica. ¿Qué estamos diciendo nosotros hoy? El régimen de coparticipación federal no es el ideal. Esto te lo reconoce cualquier economista, cualquiera que estudia el régimen de coparticipación federal y cómo es el sistema de federalismo fiscal en Argentina te dice que no es el mejor sistema. En la matriz de recaudación de la provincia de Buenos Aires, el 50% de los ingresos vienen de recaudación propia y el otro 50% de coparticipación, que es más baja de lo que correspondería; por eso decimos que hay que revisar la coparticipación. En los impuestos provinciales, tres de cada cuatro pesos vienen de Ingresos Brutos, un impuesto que genera distorsiones en toda la cadena de precios y no permite tener el grado de progresividad que a uno le gustaría al momento de recaudar, pero que explica tres cuartos de la recaudación provincial. Entonces, ¿qué estamos diciendo? Hay un problema con cómo se distribuye a nivel federal lo que recauda el Estado y cómo cada provincia recauda los recursos necesarios para funcionar. ¿Cuál es el problema? Si tomamos medidas respecto a Ingresos Brutos, cualquier medida que tomes tiene un impacto fiscal inmediato en una economía que está paralizada, donde tenemos un aumento de demanda en servicios de salud —porque la gente deja de pagar la prepaga o se queda sin obra social y viene al hospital público—, donde la gente deja de ir a escuelas privadas y viene al sistema público, donde aumenta la necesidad de asistencia alimentaria, y donde el Gobierno, paralizando la obra pública y cortando transferencias, se apropió de 19 billones de pesos de la provincia de Buenos Aires. 19 millones de millones de pesos, que es alrededor del 45% del presupuesto provincial de este año. Entonces, reconocemos un problema en la estructura de recaudación, cualquier medida que tomes tiene que ser seria, consistente y buscando cómo encontrar un equilibrio para recaudar mejor.
¿1.300 millones de dólares? Haciendo bien la cuenta, esos 19 billones son 1.300 millones de dólares.
No, 13.000.
13.000 millones de dólares.
Que casualmente... y acá hacemos un paréntesis, casualmente cuando el Gobierno nacional muestra el superávit que tiene en las cuentas nacionales más o menos, haciendo una cuenta rápida, es lo mismo...
Es lo mismo que le debe a las provincias.
Es lo mismo que le debe a las provincias. O sea, lo que las provincias por ley, por compromisos y por convenios firmados debían recibir y no reciben, explica lo que el Gobierno nacional presenta como un orden en las cuentas públicas. Entonces, acá tenemos de vuelta cómo se disfrazan resultados fiscales a expensas del incumplimiento de leyes y del sacrificio de gran parte de las provincias. Cierro esto: lo que hay que revisar es esto y otra cuestión,
Pero en su conjunto, sea menor en el Estado nacional y mayor en las provincias o viceversa, se reacomode de una manera de círculo virtuoso y no vicioso. Pero el total de la recaudación, independientemente de que creciera por aumento de la producción... Pero, ceteris paribus, ¿aumentaría la presión tributaria total?
El objetivo es encontrar un nuevo esquema de financiamiento sin tener que aumentar la presión fiscal. Porque hoy tenemos este problema: el Estado presiona a muchos sectores formales. Con el aumento de la informalidad derivado del modelo de Milei, hay sectores que no están aportando al financiamiento del Estado. Esto lo vemos cuando charlamos con empresarios y con todos los sectores productivos: hay actores productivos que están con una presión tributaria excesiva en términos de lo que debería ser en otras condiciones, y eso es lo que tenemos que corregir. Ahora, hay que hacerlo de una manera donde el resultado fiscal sea neutral. ¿Qué quiere decir esto? No aumentar la presión tributaria, reacomodando el esquema de financiamiento. Eso requiere un consenso también, porque en 1994, cuando se sancionó la Constitución vigente, se establecía que para 1996 tenía que haber un nuevo régimen de coparticipación federal de impuestos. Todavía no ocurrió porque es un tema conflictivo que genera debates y requiere un consenso que aún no alcanzamos.
Ahora fíjate, Augusto: en estos dos puntos creo que estamos llegando al núcleo de la discusión. Yo parto en mi síntesis de que no hay almuerzo gratis. Entonces digo: bueno, si hay que aumentar el gasto público y que no haya déficit, hay que aumentar los impuestos; y si hay que reactivar la economía, hay que sacrificar un poco más de inflación. Es decir no, no, ninguna de esas dos cosas. Esto no es suma cero. Se puede lograr bajar la inflación con crecimiento y se puede lograr aumentar el gasto público sin aumentar la cantidad de impuestos. Explicar eso y cómo lograrlo sería un mundo ideal. No lo hace Milei no porque no se pueda; no es que elijo una cosa o la otra. Vos me decís que no hace falta elegir más inflación ni más impuestos para lograr entrar en el círculo virtuoso.
Lo que hace Milei, Jorge, es partir de una teoría económica que para nosotros es totalmente errónea y decir: «Este es el único camino posible y este sufrimiento es necesario para que dentro de no sé cuántos años seamos un país normal». Nosotros decimos: este sufrimiento es totalmente innecesario, hay otros caminos posibles y es en lo que estamos trabajando. Lo primero que tenés que tener es un proyecto de país federal que incluya a todas las provincias y que no castigue a la mayoría de los argentinos solamente porque tuvieron a lo largo de su vida la fuente de sus ingresos en una determinada actividad que hoy está siendo muy castigada, sino que se priorice un proyecto de desarrollo nacional. En eso estamos trabajando con Axel. Mañana sábado va a haber un plenario federal del Movimiento Derecho al Futuro donde vamos a juntarnos con representantes de todas las provincias para dar esta discusión: cómo el país necesita recuperar una visión federal que hoy Milei no expresa, porque lo único que está haciendo es desmembrar el país, llevar a las provincias a una competencia entre ellas para disputarse recursos y actividades económicas, y extorsionar a los responsables de los ejecutivos provinciales con un ahogo financiero que las está supeditando a situaciones muy difíciles, lo cual es parte de la lógica de gestión del Gobierno nacional.
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Hablaba con economistas estos días. De hecho, creo que Luis Secco decía que creía que una candidatura de Kicillof iba a generar a su juicio más certidumbre al mercado que una de Sergio Massa. Otro nos decía que, en cualquiera de los casos, sea quien sea el candidato del peronismo, va a haber una corrida cambiaria porque el mercado es contrario a cualquier candidatura del peronismo: si es de Massa van a suponer que se devalúa 30%, si es de Kicillof van a suponer que devalúa 100%, es inmodificable. Independientemente de lo que ustedes plantean, de lo que sea justo, de que sea una imagen inadecuada ¿Cómo imaginás el escenario electoral desde el punto de vista cambiario el año próximo cuando, si hay PASO en agosto sino un poquito después, se empiece a percibir que por lo menos el Gobierno no tiene seguro ser reelecto?
La visión que tengo, y que lo charlamos mucho con Axel, es la siguiente: si este modelo económico fuera sólido y fuera percibido como sustentable para los principales actores económicos y para los mercados, no importaría quién fuera el candidato. Es decir, independientemente de quién sea el candidato opositor y de las chances del Gobierno actual de reelegir, debería seguir funcionando de la manera en que lo viene haciendo porque estarían las bases para que no haya sobresaltos. Lo que charlamos al principio fue que este modelo es inconsistente en sus propios términos, no porque nosotros desde afuera vengamos a decir que hacen todo mal. Lo que ellos plantean como objetivos no lo están cumpliendo, y los mercados lo ven. Entonces, ante la situación eventual que se genere en la economía argentina el año que viene, el responsable primario va a ser el Gobierno. Obviamente, lo que va a tratar de hacer es volver con el «riesgo Kuka»: que si no sigue el plan económico actual viene un desastre para la Argentina —que fue lo que hizo el año pasado—. La forma de resolver la situación de inestabilidad macro que tenía fue pedirle el salvataje a Estados Unidos a través de generar una situación de temor en la población respecto a lo que podría pasar si no le iba bien al Gobierno y a la garantía de que Estados Unidos saldría a apoyarlos —o la extorsión de que si no ganaba, iba a retirar el apoyo—. Eso le permitió, dentro de todo, llegar a este momento con una economía que no está funcionando bien, que está expulsando trabajadores del mercado formal, que está generando un empeoramiento en las condiciones de vida y que no crece en la mayoría de los sectores, pero en el marco de un modelo inconsistente. Entonces, lo que debería resolver el Gobierno es cómo alinear su política económica a un modelo que no dependa de si las encuestas dicen que va a ganar o va a perder.
Bueno, eso no va a suceder porque claramente vamos a llegar allí...
Augusto Costa: Pero lo repiten: «No vamos a cambiar nada». No están viendo la realidad, no están entendiendo lo que está pasando. Eso es lo más triste y preocupante, y sobre todo lo que más nos duele a nosotros, a quienes nos toca todos los días recorrer la provincia de Buenos Aires y ver cómo la gente está cada vez peor.
Te doy vuelta la pregunta. ¿Cómo elaboran ustedes el presupuesto 2027 de la Provincia, asumiendo qué variables macroeconómicas determinantes?
Los presupuestos provinciales se basan en las proyecciones macroeconómicas del Gobierno nacional, porque ningún gobierno provincial tiene resortes de la política macroeconómica. Si el Gobierno nacional dice que el año que viene la economía crece 4% y va a tener 18% de inflación, se supone que son los que tienen la información y el conocimiento respecto a cómo va a funcionar la economía.
¿Cómo planificás vos tu Presupuesto 2027 si al mismo tiempo decís: "No, pero esto que propone el Gobierno nacional, más allá de que sea el presupuesto nacional, es un disparate"?
Augusto Costa: Ahí tenemos un problema, porque todos sabemos que es absolutamente improbable que se verifique el escenario que planea el gobierno nacional. Por lo tanto, dentro de los parámetros que le da el gobierno nacional, hay que intentar encontrar cómo apoyar la lógica política. Llegamos a la provincia de Buenos Aires con una política decidida de aliviar la situación de los sectores productivos y laborales, apoyar a los sectores de menores ingresos y sostener la salud, la seguridad y la educación en el marco de un ahogo financiero. Hay proyecciones para la economía de 19 mil millones de pesos en transferencias y obras que el Gobierno nacional no ha realizado. Si sumamos este impacto de la macroeconomía en medidas tanto nacionales como provinciales, hay 8 mil millones más. Si la economía continúa así, te está llevando a una situación de dificultad de sostener una política que es la opuesta a la que queremos y tiene el gobierno de Milei. Pero nosotros, con Axel a la cabeza, estamos trabajando cada día para que suceda lo que entendemos que es mejor para la provincia ocurra y así estamos planificando el supuesto.
Cómo hacen en la provincia de Buenos Aires con esos 19 mil millones menos (13 mil millones de dólares), cuando normalmente los gobernadores o los gobiernos de la provincia han contado en su gran mayoría con presidentes del mismo signo económico y político que les planteaban, por arriba de la coparticipación, una compensación de esa diferencia y, aun así, en muchos casos tenían dificultades para llegar a pagar sueldos y aguinaldos? En el caso de ustedes, con todo en contra, no se perciben los problemas que se observaban, por ejemplo, en el gobierno de Scioli o en el de Vidal —sin llegar a los problemas de Scioli, pero contando con la ayuda del gobierno de Macri—. En el caso de Scioli, los problemas aparecían cuando se peleaba con Cristina. ¿Cómo pueden lograr mantener el equilibrio sin que se incendie la provincia?
Es un punto que se destaca poco: cómo, en un contexto económico y productivo muy hostil para la provincia de Buenos Aires y ante un ahogo financiero por parte del Gobierno nacional, Axel está generando las condiciones para que el Estado provincial pueda seguir funcionando, haciéndose cargo de sus responsabilidades y no muestre los problemas que en otras situaciones se observaban en el Estado provincial. En primera instancia, este contexto nos obliga a desarrollar un esquema de políticas que no es el que nos gustaría. Si comparamos con el período 2019-2023, la cantidad de programas... Te hablo de mi ministerio: teníamos programas de financiamiento para parques industriales, subsidio de tasas para el acompañamiento del crecimiento de las pymes y apoyo al turismo. Por ejemplo, hicimos un programa de viajes de fin de curso que movilizó a 300.000 estudiantes del último año de la secundaria entre 2022 y 2023 como una política de desarrollo de la actividad económica en temporada baja para los municipios de la provincia, generando más ingresos en la hotelería, la gastronomía y el comercio. Ese programa lo tuvimos que discontinuar en estas condiciones. ¿Lo hubiésemos continuado si el contexto macro y fiscal de la provincia fuera otro? Por supuesto.
¿Pero no estaba en el gobierno de Scioli, por ejemplo, y aun así no podía pagar los aguinaldos? ¿Había programas de ese tipo en la gestión de Scioli?
No de esa escala ni con la lógica con la cual Axel planteó el gobierno de la provincia de Buenos Aires. Cuando llegué y dialogué con los actores productivos, el gobierno provincial estaba desdibujado. Los empresarios e industriales nos decían: «Nosotros nunca le fuimos a pedir nada al gobierno provincial porque no hacía nada, no tenía nada para darnos». Eso pasaba en el gobierno de Macri, y ya venía de mucho tiempo de un Estado provincial sin ningún rol en la política pública, particularmente en la productiva. Axel lo primero que dijo fue: «Tenemos que volver a poner al Estado provincial en el lugar donde tiene que estar, que es ser uno de los estamentos que se ocupe de impulsar la actividad económica, la salud y la educación en la provincia de Buenos Aires». A partir de su gestión, se recuperó ese lugar que se sigue sosteniendo, aunque de una forma mucho más acotada. En el Congreso Productivo tuvimos una reunión con representantes de empresas PyMEs sobre todo y de diversos sectores, donde nos dijeron: «Venimos a hablar con ustedes porque sabemos que del Gobierno nacional no podemos esperar nada, y también sabemos que ustedes están muy limitados para ayudarnos porque no manejan ni el tipo de cambio, ni la tasa de interés, ni la política de ingresos; pero sabemos que están siempre». Eso no es menor, porque todo peso que podemos destinar a acompañar a los sectores que lo necesitan en la provincia lo estamos aplicando, que es lo que Axel nos pide. Ahora, respecto a tu pregunta de cómo lo hacemos: lo hacemos de una manera que no es la que más nos gusta, porque nos gustaría contar con otro escenario para tener un rol mucho más relevante en el acompañamiento de los sectores.
Pero la pregunta tenía una intención: eso es una demostración de que para ustedes el equilibrio fiscal es fundamental, más allá de lo que puedan o no puedan hacer. Esa disciplina, ¿es de alguna manera una señal de que, si llegan al Gobierno nacional, van a mantener la disciplina fiscal?
Volvemos a la máxima que te dije antes: hay que crecer con estabilidad, y eso es claramente con orden en las cuentas públicas. La provincia de Buenos Aires demostró que, pese a todo el contexto, se está haciendo cargo de las obligaciones que heredamos del gobierno de Vidal, está pagando los salarios y desarrollando dentro de sus responsabilidades todo lo que está a su alcance. Eso marca también una lógica que no es solo lo que haríamos en un eventual gobierno de Axel, sino lo que vino haciendo la provincia y lo que él hizo como ministro de Economía, donde también le tocó tomar decisiones muy difíciles en un contexto muy complicado.
Un ratito antes de hablar con vos, conversaba con un analista económico en Washington sobre el aumento de las tasas de la Fed. Le preguntaba si la visión que tenían de la Argentina —considerando que el último trimestre había dado negativo en tantos aspectos— se limitaba únicamente a la visión edulcorada oficial de que aquí hay una revolución económica y Milei era un héroe de la economía. Él me decía que desgraciadamente en Washington y en Nueva York existe la idea de que la Argentina está polarizada, de que si se va Milei viene literalmente el kirchnerismo; perciben eso como una especie de metonimia del caos, como un gobierno soviético o a la cubana. No hay manera de que comprendan que existen condiciones estructurales en la Argentina que van más allá de quién gobierne: Vaca Muerta, la minería, entre otras. En el caso de Lula, por ejemplo, no vino a decir que el programa estaba mal, sino que había que hacer correcciones, y aun así el riesgo país le pasó de 700 a 2.300 puntos y el dólar de 2 a 4 reales, por lo que tuvo que publicar la «Carta al pueblo brasileño». En el análisis que ustedes hacen sobre cuál va a ser el contexto del año próximo, ¿qué estrategia de comunicación piensan? No sé si la palabra es tranquilizar a los mercados o enviar una señal correcta de lo que van a hacer, tal vez una eventual carta a los argentinos. ¿Cómo planean una estrategia de comunicación para este problema que, independientemente de que sea injusto, existe?
Le pongo un cuestionamiento al concepto de que el gobierno de Milei es pro-mercado. Pongámosle que eso es lo que plantea que hay sectores que están haciendo muchísimos negocios en la Argentina, pero estamos hablando de una economía que destruyó el resto del mercado.
Pero lo creen.
Está bien, lo creen sectores vinculados a los mercados financieros o a las grandes empresas con proyección internacional. Pero fíjate que destruyó todo el resto del mercado. Nosotros estamos hablando con Axel, con empresarios y referentes de todo tipo de empresas y de todos los rubros: multinacionales, inversores, pymes, sectores cooperativos, porque la economía tiene diferentes actores con distintos intereses. Les damos el mismo mensaje que estamos dando acá: más allá de los prejuicios o de lo que se pueda interpretar sobre Milei o sobre lo que haría un gobierno peronista, lo que tiene que quedar claro es que nosotros no somos ni antimercado, ni antiempresa, ni antiinversión. Queremos que todo eso ocurra en una economía que crezca y permita que los frutos del crecimiento beneficien a la mayoría de la población. Esa es la verdadera estabilidad y es lo que estamos planteando. La semana que viene, Axel va a estar en Estados Unidos, en Nueva York, y ya tiene agendadas reuniones con bonistas de la provincia, inversores institucionales y empresas norteamericanas con operaciones en la Argentina, para despejar la idea de que no habla con los grandes jugadores, no tiene vínculo o no puede plantear de primera mano cuál es su visión de la economía. Que haya ciertos intereses que intenten generar esta situación de desconfianza es parte de las reglas del juego, pero no es la realidad. Axel nunca plantea generar condiciones para que la economía no crezca de manera estable ni para que no se respeten los equilibrios básicos en materia económica, que eso es lo que nosotros necesitamos.
El peronismo redobla la apuesta y desafía el plan oficialista sobre Malvinas
Augusto, entiendo que es inevitable que estos sectores financieros generen esas circunstancias y que hay que atravesarlo como lo tuvo que atravesar Lula. Porque lo que van a hacer, en la medida en que Axel Kicillof sea el candidato y el peronismo demuestre su potencial electoral, es crear esas circunstancias de aumento del riesgo país e inestabilidad cambiaria. Es algo que hay que atravesar.
No sé si es algo que va a ocurrir, necesariamente. En caso de que ocurra..
No estoy diciendo que sea responsabilidad de los candidatos. Vos decís que no hay una vacuna, no hay nada que hacer. Porque si hay una carta de Axel Kicillof a los mercados, tampoco va a cambiar nada, decís vos.
Lo de la carta de Lula quedó como un símbolo de señal de confianza a los mercados, etcétera.
Pero tampoco alcanzó.
Que no fue suficiente. Pero creo que la verdadera carta es la demostración de cómo Axel piensa la economía y la gestiona, y cómo, a través del vínculo directo con los actores más relevantes de la economía y de los mercados financieros, se establece una perspectiva clara de hacia dónde apuntamos. Después, las reacciones o lo que ocurra van a depender de qué haga este Gobierno con las inconsistencias que tiene.
Augusto, muchísimas gracias.
Gracias a vos, Jorge. Un placer conversar.
De la misma forma.
MEG