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La economía pierde impulso y la crisis del empleo contradice el relato de la recuperación del Gobierno

El PBI cayó 0,6% en el segundo trimestre y cortó la expansión de los primeros meses del año. La inversión y el consumo muestran debilidad. El desempleo subió al 7,9% y la informalidad alcanzó el 45%.

Actividad económica
Marcos Cohen Arazi: “La economía todavía no encuentra motores para un crecimiento significativo” | Cedoc Perfil

La economía argentina perdió impulso y quedó frente a una combinación que empieza a encender señales de alerta de cara a los próximos meses. El INDEC informó que el PBI cayó 0,6% en el segundo trimestre, el mercado laboral mostró un aumento de la desocupación y una fuerte expansión de la informalidad, y un indicador adelantado de la Universidad Torcuato Di Tella llevó al 82% la probabilidad de que la actividad ingrese en una fase recesiva durante los próximos seis meses.

La economía cayó 0,6% en el segundo trimestre del año, según el INDEC

La contracción todavía no alcanza para hablar de una recesión técnica, pero confirma que el ritmo de crecimiento se debilitó y que las metas oficiales comienzan a quedar más exigentes.

La economía cayó en el segundo trimestre y se aleja de la pauta original

El dato del INDEC confirmó una caída de 0,6% del Producto Bruto Interno durante el segundo trimestre respecto del primero. Así, después de un crecimiento de 0,7% en los primeros tres meses del año, la actividad pasó a terreno negativo en términos trimestrales.

El resultado no alcanza todavía para definir una recesión técnica, ya que para eso debería registrarse una nueva contracción en el tercer trimestre. Sin embargo, el cambio de tendencia aparece en un momento en el que distintos indicadores comienzan a mostrar una pérdida de dinamismo.

La debilidad se vuelve más visible cuando se mira qué componentes están detrás de la actividad. Nicolás Parreira, economista y director de Grupo Sigma, había advertido para este medio antes de conocerse el dato oficial que algunos de los principales motores del crecimiento ya estaban perdiendo fuerza.

En el primer trimestre, según los datos que tomó como referencia, el consumo privado había crecido 0,8% trimestral, mientras que la inversión había caído 1,7% frente al trimestre anterior y 11,6% interanual. A su vez, las exportaciones habían retrocedido 3,1% trimestral.

La película parece no haber cambiado mucho durante el segundo trimestre en términos de inversión y consumo privado. Y es que en términos desestacionalizados, con respecto al primer trimestre de 2026, el consumo privado registró una caída del 2,4%, el consumo público bajó 2,3% y la formación bruta de capital fijo (Inversión) tuvo una variación negativa de 0,8%. Por otra parte, las importaciones cayeron 3,5% mientras que las exportaciones crecieron 2,5%

Gráfico de Indec

Para Parreira, la inversión constituye una de las principales señales a seguir porque responde con rapidez a las expectativas, al costo del financiamiento y al nivel de incertidumbre. Una postergación de proyectos no sólo tiene impacto sobre la actividad inmediata, sino también sobre la capacidad productiva futura.

Bautista Santamarina, de Empiria, puso el foco en el mismo punto: con cinco trimestres en caída advirtió para PERFIL que "resulta difícil pensar en una recuperación significativa". Y agregó: "Con las elecciones del año próximo en frente, dudo que haya un boom de inversiones de acá a fin de 2027"

La lectura de Diego Piccardo, economista jefe de la Fundación Libertad y Progreso, fue algo diferente respecto de los motores del crecimiento. Señaló que los sectores exportadores continúan mostrando perspectivas favorables y mencionó el avance de las inversiones en infraestructura vinculadas al RIGI, la expansión de Vaca Muerta y el potencial de la minería. También destacó el aporte que puede realizar el agro si las condiciones climáticas acompañan.

El punto de coincidencia aparece en que ese dinamismo consiga trasladarse al conjunto de la economía y no quede concentrado en actividades o regiones determinadas.

El Gobierno minimiza el dato y festeja el avance interanual

Tras conocerse el dato del INDEC, el ministro de Economía, Luis Caputo, quiso desviar el ruido por el mal dato de actividad y puso el foco en la evolución interanual de la economía, al destacar que acumuló un crecimiento de 2,2% durante el primer semestre de 2026 frente al mismo período del año pasado.

A través de una publicación en X, Caputo remarcó que el Producto Interno Bruto (PIB) registró un crecimiento de 2% interanual en el segundo trimestre y resaltó que el indicador tendencia-ciclo avanzó 0,8% respecto del trimestre anterior, hasta alcanzar un nuevo máximo histórico.

El mensaje del ministro, sin embargo, dejó en un segundo plano el dato de corto plazo: en la serie desestacionalizada, el PIB cayó 0,6% durante el segundo trimestre frente a los tres meses anteriores.

Desde el Gobierno también destacaron la composición de la actividad. Según Caputo, las exportaciones y el consumo privado crecieron 13,7% y 0,4% interanual, respectivamente. En sentido contrario, la inversión cayó 11,1%, las importaciones retrocedieron 8,6% y el consumo público disminuyó 4,1%.

Luis Caputo y Javier Milei

Además, el ministro señaló que 13 de los 16 sectores que componen la medición del PIB registraron crecimiento interanual durante el trimestre, otro de los datos utilizados por el Gobierno para subrayar la expansión de la economía frente a igual período de 2025.

La diferencia entre ambos indicadores expone no solo la distancia entre la comparación interanual (que todavía muestra una economía en expansión) y la evolución más reciente de la actividad, que registró una contracción trimestral, sino que deja en evidencia el uso del relato por parte del Gobierno para suavizar los números oficiales.

La pauta del Presupuesto quedó atrás y ahora el Gobierno apunta al 3%

La caída trimestral también vuelve a poner el foco sobre las proyecciones oficiales. En el Presupuesto 2026, el Gobierno había planteado una expansión de 5% para este año, además de una previsión de crecimiento de 5% para 2027 y 2028.

La realidad obligó a revisar esas estimaciones. En las pautas del proyecto de Presupuesto 2027, el Gobierno pasó a proyectar un crecimiento de 3% para 2026 y de 4% para 2027, 2028 y 2029.

La diferencia entre la pauta original y el resultado esperado para este año expone la distancia que se abrió entre las primeras previsiones oficiales y la evolución efectiva de la actividad.

Pero el problema no está solamente en el número que termina mostrando el año. También aparece en la velocidad que debería tomar la economía durante los próximos meses para acercarse a las metas oficiales.

El análisis del CEPA sobre las pautas presupuestarias plantea que el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central proyectaba en agosto un crecimiento de apenas 2,1% para 2026, al tiempo que las estimaciones para 2027 se habían reducido progresivamente hasta 2,9%.

Además, el organismo calculó qué tendría que suceder durante el segundo semestre para alcanzar el objetivo oficial de 3% en 2026. Según esa proyección, la actividad debería registrar un crecimiento interanual promedio de 4,3% en cada uno de los meses restantes del año.

En cambio, si la evolución hasta diciembre siguiera un comportamiento similar al observado en años anteriores, el incremento de la actividad durante 2026 sería de apenas 1,7%.

La advertencia sobre el tercer trimestre y los riesgos de recesión

Aunque todavía no existe una recesión técnica, los indicadores adelantados muestran un escenario de mayor riesgo. El Índice Líder de la Universidad Torcuato Di Tella ubicó en agosto en 82% la probabilidad de que la economía entre en una fase recesiva durante los próximos seis meses.

Parreira remarcó que la caída durante el segundo se trata de una señal de alerta y no de una confirmación de que la economía ya esté en recesión. De hecho, señaló que todavía hay datos en sentido contrario, ya que el EMAE de junio había crecido 0,8% desestacionalizado y el REM proyectaba una recuperación del PBI de 1,1% en el tercer trimestre y de 1,3% en el cuarto.

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Piccardo coincidió en que julio presentó resultados débiles, aunque señaló que agosto había mostrado algunas señales de recuperación. En septiembre, mencionó como dato disponible el aumento de 2,4% en la confianza del consumidor de la Universidad Torcuato Di Tella, aunque aclaró que una mejora en las expectativas no necesariamente se traduce en forma inmediata en mayor actividad.

El mercado laboral empieza a mostrar otra cara del enfriamiento

El deterioro de la actividad ocurre en paralelo con un mercado laboral que también muestra señales de tensión. La tasa de desocupación se ubicó en 7,9% en el segundo trimestre, frente al 7,6% del mismo período del año pasado y al 7,8% del primer trimestre.

Este dato resulta interesante ya que en términos absolutos la cantidad de gente con empleo aumentó, el problema es que del mismo modo aumento la Población Económicamente Activa (PEA), oséa la cantidad de gente que busca trabajo pero no consigue. En concreto son unas 73.000 personas más buscando trabajo sin conseguirlo respecto del mismo período de 2025.

Según Piccardo, durante el trimestre se incorporaron 338.000 personas al mercado laboral y 265.000 consiguieron una ocupación. La diferencia, de unas 73.000 personas, explica el incremento de la desocupación.

Es decir, el aumento del desempleo no implica necesariamente que haya habido una destrucción equivalente de puestos de trabajo. Una parte importante del movimiento se explica por el crecimiento de la cantidad de personas que salieron a buscar empleo.

Desocupación

El problema aparece al analizar qué tipo de puestos se generaron. La tasa de informalidad subió 1,8 puntos porcentuales hasta alcanzar 45%, lo que, según la lectura de Piccardo, equivale a unos 348.000 empleos informales nuevos. Frente a los 265.000 ocupados adicionales, su análisis plantea que las demás categorías ocupacionales se contrajeron en torno a 83.000 puestos.

Los números muestran así que el mercado laboral no está ampliando de manera homogénea el empleo, sino que está recomponiendo su estructura hacia una mayor informalidad. Para Santamarina, justamente por eso la tasa de desempleo no alcanza para medir por sí sola el deterioro laboral. La informalidad funciona desde hace años como un amortiguador y permite que personas que pierden empleos formales pasen a otras formas de ocupación antes de quedar directamente fuera del mercado.

Por eso, sostuvo que el deterioro se observa mejor en la calidad y el tipo de empleo que únicamente en la tasa de desocupación.

Más personas salen a buscar trabajo para complementar los ingresos

Piccardo planteó que, en un contexto de retroceso del empleo privado registrado, compensado en parte por monotributistas y empleo informal, y con salarios estancados, más integrantes de una familia pueden verse obligados a salir a buscar trabajo para complementar los ingresos.

En ese contexto, la tasa de actividad puede subir al mismo tiempo que aumenta la desocupación. Sobre esa misma línea, Parreira advirtió que no alcanza con observar el desempleo: sino que también hay que seguir la tasa de actividad, la tasa de empleo, la informalidad y el empleo privado registrado.

El riesgo está en que ambas variables (actividad y empleo) comiencen a retroalimentarse. Una menor actividad reduce la demanda de trabajo, una menor generación de empleo afecta los ingresos y el consumo y, a su vez, un consumo más débil vuelve a presionar sobre la actividad.

Santamarina considera que el mercado laboral enfrenta además una dificultad particular porque algunos de los sectores que más empleo concentran —industria, construcción y comercio— están atravesando una contracción.

El desafío de 2027: el Gobierno apuesta al 4%, pero las estimaciones privadas son menores

El panorama también condiciona la discusión sobre el crecimiento previsto para 2027. Como se menciono más arriba en esta nota, el Gobierno plantea una expansión de 4%, pero las estimaciones que aportaron los economistas consultados se ubican por debajo de esa cifra.

Santamarina sostuvo que desde Empiria tienen estimado que la economía crezca algo bastante menos que 4% para el año próximo, algo más cercano a 2%. No obstante, mencionó que las proyecciones de los presupuestos siempre son optimistas, dado que alinean expectativas (sobre todo en términos de inflación y Tipo de cambio). "Este Presupuesto en particular me parece que tiene supuestos optimistas pero no exorbitantes, están bastante bien. Mejores que los del Presupuesto anterior (de 2026)", resaltó.

Piccardo proyectó un crecimiento cercano al 2,5% y consideró que el 4% es posible, aunque aparece como una meta exigente para un año electoral. Para alcanzar ese ritmo, planteó que el impulso exportador debería complementarse con una recuperación más sostenida del consumo y la inversión, acompañada por mejores ingresos reales, mayor acceso al crédito y estabilidad macroeconómica.

Parreira, en tanto, sostuvo que el 4% no es imposible, pero que exige una recuperación importante de la inversión, una mejora del consumo apoyada en salario real y crédito y la continuidad de la expansión de sectores como energía, minería y agro.

También señaló que será importante el desempeño del segundo semestre de 2026. Una recuperación en el tercer y cuarto trimestre permitiría llegar a 2027 con un arrastre estadístico más favorable, aunque eso no alcanzaría por sí solo para explicar una expansión de 4%.

Desde LCG mencionaron que siguen proyectando un crecimiento débil en el agregado, con altas y bajas sucesivas, y concentrado en un puñado de sectores beneficiados por el precios altos y beneficios fiscales.

El Presupuesto 2027 proyecta cerrar el año con un crecimiento del 3% anual (recortado desde 5% previsto en el Presupuesto 2026). "Con un arrastre 1,2% medido a junio, llegar al 3% anual implica asumir un crecimiento mensual del 3,5% en el segundo semestre, algo que luce muy optimista". "Para 2026 proyectamos un crecimiento rozando el 2% anual y para 2027 apenas 2,5% anual (la proyección oficial es del 4% anual)", destacaron.

FN/MSS