El politólogo y consultor Lucas Romero analizó el escenario político de cara a 2027 en diálogo con Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190). Según planteó, el oficialismo atraviesa un momento de creciente debilidad porque la sociedad comenzó a perder la expectativa de que el sacrificio económico tendrá como consecuencia el alivio prometido.
Durante la entrevista, Romero también analizó el reordenamiento de la oferta electoral y la unidad alcanzada por el peronismo. Consideró que la identidad peronista facilita la construcción de una propuesta común, mientras que el no peronismo enfrenta mayores dificultades para confluir. En ese escenario, sostuvo que si el Gobierno continúa deteriorándose en términos competitivos, Milei podría enfrentar dificultades para mantener su lugar como principal opción antiperonista.
Lucas Romero es politólogo, consultor, licenciado en Ciencia Política por la Universidad de El Salvador. Es el director asociado de Sinopsis Consultores, consultora especializada en el análisis de opinión pública, estrategia electoral y consultoría política.
Lucas, muy buenos días. Jorge Fontevecchia te saluda. Ayer fue el día cero de la campaña presidencial de 2027. La reunión que hizo el peronismo fue realmente gigantesca. Entrevistamos hace poquito al senador Mayans, uno de los participantes, y contaba lo que fue el acuerdo que hubo de unión: Kicillof, Máximo Kirchner, Sergio Massa, Uñac, hasta la posibilidad de sumar a los tucumanos, los salteños y los misioneros. ¿Se confirma el axioma de que el antiperonismo siempre se divide y el peronismo siempre se junta?
Bueno, yo digo, es un largo recorrido que vamos a transitar hacia el proceso electoral. Vos sabés, Jorge, que la politología no resuelve esta vieja discusión de si la oferta define la demanda o la demanda define la oferta. Pero, en todo caso, vamos a transitar un proceso de redefinición de la oferta electoral. Y yo creo que ese proceso, que van a protagonizar los actores políticos, sobre todo en el contexto donde los sistemas de representación son cada vez más líquidos, pero, en todo caso, son los actores los que terminan definiendo la oferta electoral. Bueno, ese tránsito, ese proceso, va a ser el que termine definiendo un poco lo que los argentinos vamos a tener en la góndola en el 2027. Ese proceso está construido sobre la base de una preconfiguración, podemos llamarlo, desde el lado de la demanda, que tiene que ver con que a todo sistema de representación lo subyacen ciertas dualidades. En la Argentina, esa dualidad es la dualidad peronismo-antiperonismo. Y creo que, yendo a tu pregunta en concreto, creo que la identidad peronista es una identidad mucho más positiva. Y eso favorece que el ordenamiento de la oferta para esa comunidad de votantes, para ese conjunto de electores, sea más fácil. Es decir, creo que el peronismo tiene más claro que, irremediablemente, tiene que concluir o confluir en la unidad para atender la demanda de su comunidad política. Esto no está tan claro por el lado del no peronismo, que es un electorado que tiene, por definición, una identidad negativa. Es decir, lo que lo define es lo que esa comunidad rechaza. Y eso hace más difícil satisfacer demandas de unidad por parte del electorado no peronista. No sé si eso explica un poco o intenta dar una respuesta a tu interrogante, pero creo que puede ser algo que ha sido característico a lo largo del tiempo. El peronismo parece pelearse, pero siempre termina unido porque su propia comunidad de votantes se lo exige. No ocurre lo mismo con el no peronismo.
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Bueno. Decía algo parecido también Mayans respecto del otro sector, el antiperonismo. Él decía que había un axioma también en las ciencias políticas de que si un candidato o un presidente bajaba de 30% de aprobación, no era candidato para presentarse a la elección. Y que él veía que Milei obtuvo en el balotaje 50... Creo que era 55, 56% de aprobación. En las elecciones del año pasado, en octubre, 41%, que hoy tendría 32% si tomamos como cierto que 68% está en contra de él, y que el día que perfore los 30% no sería el candidato de La Libertad Avanza para la elección, y él veía ahí muchas posibilidades a ocupar ese lugar a Patricia Bullrich. ¿Considerás un axioma imprescindible que un presidente que baja de 30 puntos su aprobación, tiene un 2 delante, deja de ser candidateable para presentarse a la elección? Como le pasó, por ejemplo, a Alberto Fernández.
Bueno, podríamos asumirlo. Es siempre arbitrario y relativo la definición de en qué momento, en qué punto, ese candidato deja de ser competitivo. Yo creo que, digamos, por el sistema de regla electoral que tenemos en la Argentina, que es el sistema de segunda vuelta, con este balotaje tan particular del 40 más 10 o el 45%, uno podría asumir que con un tercio de los votos estaría garantizándose la participación en una segunda vuelta. ¿Por qué? Por el simple motivo que, del otro lado, para dejarlo a uno fuera de un balotaje, debería haber una distribución perfecta, y que esos tres tercios en los que se divide el electorado te dejen a vos con un tercio afuera de una segunda vuelta. Matemáticamente, uno podría, digamos, incluirlo. Proyectar que un 33% parece ser el punto de quiebre para la competitividad de un oficialismo, que necesariamente tiene que pretender llegar a una segunda vuelta aun estando en debilidad competitiva, como fuera este el caso de un presidente que no logra acercarse al 40%. Todo lo que sea por debajo del 30% da la impresión que empieza a ser no solo un problema de competitividad electoral, sino un problema de orden de incentivos. Pareciera ser un oficialismo que empieza a tener un sistema de incentivos que conspira contra la posibilidad de su continuidad. Así que, de vuelta, es arbitraria esa definición, pero podríamos establecer que el 30% parece ser un nivel crítico de competitividad.
¿Ves la posibilidad de que perfore el 30% dentro de la escala de posibilidades? ¿Te parece un escenario en el que siempre todo es posible, pero probable?
Sí. Bueno, parece ser una barrera que el oficialismo todavía no ha atravesado, esa del 30%. De hecho, en nuestros registros, el registro más bajo que tenemos de aprobación del Gobierno es de abril de este año y todavía no había perforado el 30%: estaba en 30,1%. Es decir, estuvo al límite. Yo creo que estamos en un contexto en el que el Gobierno se ha quedado sin explicación de la realidad. Es decir, durante la primera mitad de mandato este Gobierno tomó decisiones que produjeron padecimientos en la opinión pública, en la sociedad, pero esa sociedad fue tolerante frente a esos padecimientos porque creo que se le había advertido que iban a haber decisiones que iban a producir padecimientos y, además, estaba la expectativa que el propio Gobierno había construido de que luego de esos padecimientos iba a venir el alivio. Este storytelling, esta historia que contó el Gobierno respecto de lo que iba a pasar, lo que iba a ocurrir, no se está verificando en la segunda mitad de mandato y eso tensionó mucho los dos aspectos. La tolerancia al dolor, que hoy aflora con mucha más facilidad en la opinión pública, y el derrumbe de las expectativas. Ya no puedo soportar el dolor porque tampoco creo que en el futuro ese dolor desaparezca o que venga el alivio. Esta combinación es lo que creo que está explicando un clima de la opinión pública y un humor social bastante adverso al Gobierno. Y lo que ha venido alimentando esta hipótesis de en qué niveles de competitividad va a llegar el Gobierno el año que viene y si va a llegar en niveles de competitividad mínimos necesarios para poder enfrentar ese desafío.
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Bueno, en ese marco se da esta discusión sobre la oferta electoral. Los actores empiezan a interactuar, a hablar y eventualmente a planificar la confección de esa oferta y creo que el hecho de que, después de haber lanzado un candidato propio, como fue el caso de Hernán Lacunza por parte del PRO, el propio Gobierno haya convocado al PRO formalmente, como conocimos esta semana con el diálogo entre Karina Milei y Mauricio Macri, a entablar un diálogo de acuerdo político, bueno, marca un poco que el propio Gobierno está viendo esa situación de debilidad y la necesidad de avanzar hacia un sistema de acuerdos que le dé otra contextura competitiva en este contexto tan particular. Creo que, de no mediar un cambio en los resultados ofrecidos por el proceso económico, bueno, nadie puede asegurar que el Gobierno no siga deteriorándose en términos competitivos y no llegue a un 2027 con muchas dificultades para explicar a quienes pueden ser sus potenciales aliados que Milei sigue siendo la principal opción para evitar lo que probablemente la comunidad de votantes disponible para él quiera evitar, que es que el peronismo gobierne. Y ahí es donde aparecen las hipótesis de los reemplazantes de Milei. Bueno, no estamos en esa situación, pero la verdad que la trayectoria parece preocupante para el Gobierno.
Me acabás de dar la idea para la columna que hacemos todos los días al comenzar este programa, la de mañana. O sea, el dolor duele más cuando además no hay esperanza.
Sí, porque, digamos, uno puede entender que el paciente esté sufriendo el tratamiento. Ahora, si el paciente cree que el tratamiento es el correcto, que el tratamiento va a ofrecer la solución a sus padecimientos, bueno, habrá mucha más predisposición para soportar ese dolor. Si el paciente pierde la credibilidad o la expectativa de que el tratamiento es el correcto, bueno, ya no hay fuente anímica a la cual acudir para tolerar el dolor o el sufrimiento. Así que me parece que algo de eso está pasando. La sociedad se quedó sin la expectativa o la creencia de que el tratamiento efectivamente va a traer inexorablemente la solución a los problemas demandados, que no son necesariamente económicos. Bueno, algo de eso creo que está operando hoy para que el clima sea tan pesimista y negativo en términos del proceso económico.
Bueno, en todos los estudios del dolor hay una subjetividad al umbral del dolor y, evidentemente, un analgésico, sin ninguna duda, psicosomático, muy potente, es la esperanza. Es decir, la fuerza que da el creer que hay futuro, incluso en esa discusión que se plantea siempre desde la etología, de que siempre al enemigo que huyo hay que darle una salida porque, si no, hasta el ratón más pequeño muestra los dientes. Son todas cuestiones que tienen que ver con perder la esperanza y cuál es el cambio de subjetividad que las personas todos tenemos frente a un cambio de esperanza. Frente a un cambio de esperanza, por ejemplo, sucedió en 2023: la sociedad estuvo dispuesta a votar a una persona que no conocía. O sea, la pérdida de la esperanza genera un desorden emocional fundamental en cualquier sociedad y en cualquier persona. Lucas, muchas, muchas gracias. Te mandamos un abrazo grande y gracias porque ya nos diste la idea para la columna de mañana. Vamos a analizar sobre el tema de la subjetividad del dolor. Muchísimas gracias.
No, por favor, Jorge. Un abrazo grande, un placer.
LMM