En diálogo con Modo Fontevecchia, por +Perfil, Radio Perfil (AM 1190), el director de Analytica, Ricardo Delgado, desglosa las proyecciones macroeconómicas presentadas por el Gobierno y contrasta el optimismo oficial con los datos de la economía real. Entre la construcción de expectativas para el próximo año electoral y los desafíos que plantea un abultado perfil de vencimientos, el especialista analiza el freno en el consumo masivo y la inversión, al tiempo que rescata la firmeza en el superávit fiscal y la compra de reservas como las principales anclas para contener la volatilidad del dólar.
Ricardo Delgado es un economista graduado en la Universidad de Buenos Aires con una extensa trayectoria en la consultoría macroeconómica, la gestión pública y el sector privado. En 2008 creó la consultora económica Analytica, de la cual es el actual presidente. Se ha desempeñado como consultor para entidades globales de relevancia como el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. En la gestión pública ocupó el cargo de subsecretario de Coordinación de Obra Pública Federal durante la gestión de Mauricio Macri.
Ricardo, muy buenos días. Jorge Fontevecchia lo saluda. Obviamente el tema es el presupuesto. El ministro de Economía, Luis Caputo, presentó los lineamientos del presupuesto: un crecimiento de inflación por debajo del 20%, un crecimiento alto, inflación baja, un dólar contenido, exportaciones récord por arriba del 20% del récord anterior. Cuando hablo con colegas suyos, todos me dicen: "Bueno, tomemos al presupuesto como una declaración de deseos, no como era en otras épocas, que el presupuesto realmente era algo que tenía muchas posibilidades de ser cumplido". Me gustaría su propia opinión: ¿cuál de los criterios utilizamos para analizar este presupuesto y luego su opinión sobre cada uno de estos ítems?
Bueno, efectivamente, en realidad el presupuesto es una autorización de gasto para el sector público nacional que contiene, obviamente, proyecciones macroeconómicas que son estas que usted estaba comentando con detalle recién, que en general en los últimos años —yo diría ya más de una década— no se han cumplido y que le han permitido al Gobierno, a este gobierno y a todos los anteriores, tener ciertos márgenes de maniobra. Por ejemplo, las estimaciones de recaudación y maneras de generar condiciones para, sobreestimando el crecimiento y por supuesto la recaudación, de alguna manera tener mayor flexibilidad para el uso en las partidas de gasto. Dicho esto, me parece que lo más relevante es alguna mayor cuota de realismo en relación a la tasa de inflación proyectada el año próximo. El Gobierno claramente, durante 2026, en el proyecto que envió el año pasado, subestimó la tasa de inflación —recordemos que era del 10% para este año...
Perdón, Ricardo, perdóneme. El hecho de que subestime la tasa de inflación y al mismo tiempo la tasa de crecimiento hace que luego tenga más recursos que pueda usar discrecionalmente. Ahora, en este caso, si sobreestima el crecimiento, ¿va en contra de eso o entiendo mal?
Exactamente. En general los gobiernos lo que hacían era subestimar el crecimiento para justamente generarse más recursos. Ahora es exactamente a la inversa, porque este 4% que está planteado para el crecimiento del producto el año próximo, a mi juicio, suena bastante optimista, por decirlo de alguna manera. De hecho, el Gobierno había hablado de 5% para este año y ahora con suerte vamos a llegar al 2%. Nosotros en Analytica tenemos una proyección del 1,8% de crecimiento, que de alguna manera es un crecimiento que en un año electoral difícilmente se pueda superar también.
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Entonces, en este caso parecería que más que un objetivo de subestimar el crecimiento para conseguir tener más discrecionalidad en el manejo del exceso de recaudación, es —podríamos decir— performativo como un deseo y electoral hacia 2027, más que con el objetivo de más discrecionalidad. No sé si lo interpreto bien.
Sí, me parece que ese es el punto. Yo creo que tiene que ver más con una construcción de relato de que la economía va a volver a crecer en términos de señal, de balizar un camino hacia un mayor crecimiento del producto, que con un afán meramente fiscal, si se quiere. Lo que está claro es que el superávit primario en torno al 1,3% del producto está en línea con lo que, por ejemplo, pide o exige el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Eso probablemente se vuelva a cumplir. Es parte constitutiva, la columna vertebral del programa económico del Gobierno. Cuatro años seguidos de superávit primario y financiero es un dato no menor para la economía argentina, que ha tenido históricamente un déficit crónico. Y ese me parece que es el dato positivo. Ahora, tenemos que analizar con mayor detalle todo lo que tiene que ver con las necesidades de financiamiento, con la posibilidad de que el Gobierno el año que viene vence casi 30.000 millones de dólares que obviamente va a tener que afrontar en términos de financiamiento. Y bueno, en un año electoral en donde siempre las decisiones financieras se tensan en mayor o menor medida.
Cuénteme cómo se imagina, más allá del presupuesto, qué va a ser la economía real de 2027. Cómo imagina que va a impactar, desde el punto de vista primero de la cotización del dólar y luego de la inflación, el proceso electoral que, de haber PASO, se iniciara en agosto. Cómo se imagina, más allá de lo que el ministro Caputo proyecta, ¿cómo imagina usted que será ese escenario el año próximo?
Uno puede ver el proceso de crecimiento de dos maneras: por el lado de la oferta o por el lado de la demanda. Por el lado de la oferta, el producto crece si crece el empleo, si crece la inversión y/o aumenta la productividad. Parece que ninguna de esas tres variables muestra demasiada posibilidad, demasiado vigor ni demasiado músculo. Por el otro lado, lo más clásico es verlo por el lado de la demanda, que es básicamente el gasto público, el consumo privado, principalmente la inversión y las exportaciones. Lo único que por ese lado está traccionando, y creo que el año que viene va a seguir haciéndolo, es el crecimiento de las exportaciones, que representan algo menos del 20% del PBI en la Argentina hoy. Con lo cual, el resto —estamos hablando de que el consumo representa entre el 65% y el 70% del producto, según el año—, el consumo público y privado está con muchas dificultades. Hay una decisión política de ajustar el gasto y esto obviamente comprime la posibilidad de que el consumo público sea un driver importante de crecimiento; y ni el consumo privado ni la inversión tampoco muestran demasiadas señales positivas. Tenemos algunos temas vinculados claramente al ingreso disponible de las familias, ya tan remanido como tema, y además tenemos todavía el tema de la mora, que va a seguir siendo —si el Gobierno insiste en esta lógica— un proceso digestivo de digestión muy lenta. Eso obviamente complica también la posibilidad de que el consumo privado se vigorice.
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O sea, ¿usted imagina un año próximo sin ese crecimiento del 4%, más parecido al 2% de este año?
Sí, estamos todavía cerrando escenarios, pero creo que va a ser muy complejo que la economía crezca más de lo que el dato estadístico muestre para el 2026. Digámoslo con total claridad: hoy, si uno tiene en cuenta algunas proyecciones —las nuestras, por ejemplo— de una nueva caída de la actividad económica en el mes de julio e indicadores no muy buenos para el mes de agosto, la economía ya está técnicamente en una suerte de recesión, porque tuvimos un segundo trimestre malo, tenemos los dos primeros meses del tercer trimestre también negativos y probablemente septiembre no muestre demasiado cambio en ese sentido. Con lo cual, es probable que pensemos en una economía que hoy está entre 1% y 1,5% por debajo de los niveles que tenía en diciembre del año pasado.
Y Ricardo, respecto a la eventual turbulencia cambiaria que pueda existir el año próximo y, al mismo tiempo, las consecuencias inflacionarias que pudiera tener, ¿cuál es su pronóstico?
Siempre un año electoral genera tensiones financieras. Yo creo que el Gobierno hoy busca minimizar esas tensiones. Por eso, a mi juicio de manera sana, este año cambió su lógica respecto del 2025 en relación a la compra de reservas. Es un dato importante, un dato no menor: este año el Gobierno compra reservas, es un jugador activo en el mercado de divisas, y lo va a sostener, según ha dicho en las últimas semanas, a lo largo del 2027. Ese es un dato importante. El otro dato importante es si vamos a tener o no al prestamista de última instancia, Estados Unidos, jugando un rol preponderante en esto —en esto usted, Jorge, sabe más que yo—. En noviembre, las elecciones de medio término dirán cuál es el límite político, práctico y concreto que tiene Estados Unidos para seguir asistiendo a sus aliados en la región, y veremos cómo juega eso en la elección del 2027. Y una economía planchada, una economía con poco músculo, demanda menos importaciones, con lo cual eso en términos electorales es una buena noticia para la demanda de dólares.
O sea que le asigna la posibilidad de que pueda cruzar con un dólar como prevé el Gobierno, sin que se vaya al techo de la banda, y que pueda llegar a fin del año que viene. Usted dice: "Soy menos optimista respecto del crecimiento, pero le asigno verosimilitud a la posibilidad de que pueda llegar con el dólar que planea a fin de año".
Es más probable que en el 2025 que el Gobierno llegue con turbulencias más acotadas a las distintas instancias. Porque, para decirlo en términos claros, los mercados empiezan a votar antes. No votan en agosto y en octubre. Los mercados empiezan a votar ahora, yo diría desde ahora. Con lo cual, me parece que sí, uno no ve todavía señales de alerta. Nosotros seguimos las indicaciones financieras y, si bien se ha moderado la compra de reservas por parte del Banco Central en la última semana —diría desde agosto—, no vemos señales demasiado preocupantes. Además, teniendo en cuenta que van a sostener el superávit fiscal y que se va a cumplir, en particular con los bonos, los fuertes vencimientos de deuda que hay el año que viene.
Ricardo, muchísimas gracias. Le mandamos un abrazo y agradecemos siempre su predisposición para con nosotros.
Un gran abrazo, Jorge. Muchas gracias.
MEG