El vínculo entre la sociedad argentina y el presidente Javier Milei se apoya en una lógica menos romántica de lo que suele sugerir la épica libertaria. No se trata, mayoritariamente, de un acto de fe ni de un acompañamiento incondicional, sino de una relación reactiva, construida desde la comparación con un pasado que todavía genera rechazo y temor. Así lo describe el capítulo “El contrato por espanto: la gestión del temor al pasado” del último informe nacional de DC Consultores.
Según el estudio, la empatía con el presidente no surge tanto de la solución inmediata de los problemas económicos como de la memoria del trauma previo. Milei “enamora” a un sector de la sociedad, pero fundamentalmente “rescata” a otro que aún asocia al modelo anterior con fracaso, deterioro y frustración acumulada.
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Ese mecanismo explica por qué el respaldo social se mantiene incluso en un contexto de dificultades materiales. El informe señala que el 36% de los encuestados identifica al temor al pasado como el principal factor de unión con Milei, por encima de la expectativa económica positiva (27%) y de la percepción de que el presidente entiende el contexto y resuelve demandas (22%). El dato es contundente: el miedo funciona hoy como un seguro político.
El peronismo, oposición destructiva
La lectura se completa con un diagnóstico severo sobre la oposición. El trabajo recupera resultados de encuestas previas que muestran que el 69,77% de los consultados considera que el peronismo será una oposición destructiva en 2026, frente a apenas un 30,23% que le asigna un rol constructivo. No se trata de una evaluación coyuntural, advierte el informe, sino de un síntoma más profundo del momento político argentino.
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En ese escenario, el capital político del Gobierno no descansa tanto en la fortaleza de su programa como en la ausencia de una alternativa que no sea percibida como una amenaza. Mientras el pasado siga siendo visto como algo a evitar, Milei conserva margen de maniobra, incluso si la economía no ofrece resultados inmediatos.
El “contrato por espanto” describe así una relación singular: la sociedad no otorga un cheque en blanco, pero elige sostener al actual Gobierno por descarte, como una forma de autoprotección frente a lo conocido. La gestión del temor se convierte, entonces, en una herramienta central de gobernabilidad y también en un límite: si ese pasado deja de generar miedo, el vínculo deberá reconfigurarse sobre otras bases.