OPINIóN
Análisis

Argentina como caso de estudio: anatomía de una desconfianza crónica

La Argentina se ha convertido, desde hace décadas, en un caso de estudio global sobre cómo la erosión sistemática de la confianza puede condicionar el desarrollo económico, debilitar las instituciones y moldear el comportamiento social más que cualquier ideología.

INDEC
INDEC | Noticias Argentinas

La Argentina se ha convertido, desde hace décadas, en un caso de estudio global sobre cómo la erosión sistemática de la confianza puede condicionar el desarrollo económico, debilitar las instituciones y moldear el comportamiento social más que cualquier ideología.

No se trata de una falla cultural ni de una inclinación especulativa del ciudadano. La desconfianza argentina es una respuesta racional a una experiencia histórica reiterada.

El primer síntoma aparece en el corazón del sistema estadístico. Las protestas que reaparecen en el INDEC no son solo un conflicto laboral o metodológico. Son la expresión de una herida abierta: cuando el organismo que debe medir la realidad pierde credibilidad, toda la arquitectura económica queda en entredicho. Sin datos confiables no hay diagnóstico, y sin diagnóstico no hay política pública sostenible.

INDEC publica el IPC de enero 2026: la inflación arranca el año sin poder perforar el 2%

Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
Hoy más que nunca Suscribite

La desconfianza se profundiza cuando el Estado deja de ser árbitro para convertirse en botín apetecible. El hallazgo de cientos de miles de dólares, euros y millones de pesos en un vestidor, incorporado como prueba en un fallo judicial, y el procesamiento dictado por el juez Sebastián Casanello, quien acreditó la existencia de una organización criminal dentro y fuera de la Agencia Nacional de Discapacidad, no son episodios aislados. Son señales estructurales del proceder institucional.

Y si sumamos la crisis en empresas estratégicas, como la renuncia del presidente de Nucleoeléctrica Argentina en medio de denuncias por sobreprecios y contratos inflados, se golpea un sector sensible no solo por su dimensión económica, sino por su carácter estratégico. (La noticia recorre los principales periódicos del mundo). La salida de un funcionario estrechamente ligado al presidente Javier Milei refuerza una percepción peligrosa: la promesa de eficiencia debería sostenerse con gente proba y controles eficaces.

En este contexto, el llamado del ministro Toto Caputo a “llevar los ahorros al banco” adquiere una densidad histórica singular. En la Argentina, pedir confianza financiera no es un gesto técnico, sino una interpelación a la memoria colectiva.

Esa memoria está marcada por frases que se volvieron hitos traumáticos:

“Les hablé con el corazón y me respondieron con el bolsillo”, cuando el ahorro fue convertido en reproche moral.
“El que apueste al dólar pierde”, como intento de disciplinamiento de expectativas.
“El que apostó al dólar tendrá dólares”, antesala del colapso de 2001.

Cada consigna buscó ordenar conductas. Todas terminaron reforzando la misma enseñanza: las reglas pueden cambiar cuando el Estado entra en crisis. Por eso, el ciudadano argentino internalizó una lógica defensiva que condiciona cualquier política económica, independientemente del signo ideológico del gobierno de turno.

La desconfianza argentina no es oposición política. Es biografía social.

A este cuadro interno se suma una apuesta externa igualmente reveladora. El alineamiento estratégico del gobierno de Milei con Donald Trump ofrece beneficios comerciales y financieros inmediatos e inesperados, pero también ata el destino del país a la volatilidad de un liderazgo estadounidense que mantiene una base fiel mientras enfrenta una desaprobación creciente y una polarización extrema en los Estados Unidos. La Argentina, en este esquema, no debe olvidar que importa capital junto con una permanente importación de inestabilidad.

El caso argentino muestra con crudeza una lección que trasciende fronteras: no hay plan económico que sobreviva a la ruptura de la confianza social. Sin credibilidad, los bancos no intermedian, los datos no convencen, las alianzas internacionales se vuelven frágiles y el futuro se convierte en otra apuesta.

La confianza es un activo invisible, pero no intangible. Se construye lentamente y se puede pulverizar en minutos, y eso no se recupera con discursos.
Ya lo aprendimos por las malas. Por eso hoy mostramos al mundo la incomodidad que genera lo que ocurre cuando el contrato entre el Estado y la sociedad se rompe demasiadas veces.

En la Argentina, el problema no es que la gente saque el dinero del sistema, sino que el sistema lleva décadas sacándole la confianza a la gente.