La primera pregunta o verdad incómoda, luego de más de dos años de gestión es: ¿cuál es la política ambiental del gobierno actual? Y no encuentro una respuesta, positiva al menos.
Sucede que la gestión ambiental del gobierno de LLA y asociados se viene caracterizando por acciones que, concatenadas, conforman un meditado decálogo para debilitar nuestra Casa Común. Seguramente especialistas en otras áreas de gobierno podrán descubrir paralelos.
El derrotero de decisiones planificadas vinculadas al ambiente puede presentarse así:
- Desjerarquizar las instituciones en el organigrama estatal y demorar excesivamente la designación de sus cúpulas de administración.
- Reducir personal sin análisis previo ni estudios de plantillas óptimas (hasta el gobierno de Macri hizo ese análisis).
- Congelar salarios del personal con el consiguiente desgano y éxodo.
- Abandonar espacios de relevancia mundial con sus correspondientes compromisos internacionales y metas globales.
- Desfinanciar fondos públicos y debilitar programas actuales relevantes.

- Congelar fondos de agencias de cooperación multilateral y promover reestructuraciones periódicas que ralentan y desalientan.
- Batallar culturalmente, sosteniendo desde las principales esferas del poder un innecesario negacionismo de las amenazas al ambiente.
- Flexibilizar en el sentido de avasallar normativa clave para la sostenibilidad de los ecosistemas, con fuerte impacto negativo socio ambiental (glaciares y bosque nativos por citar dos ejemplos).
- Decidir deliberadamente no impulsar ninguna iniciativa innovadora o proyectos originales. Cero ideas; mantenimiento básico, mínimo y pobre.
- Escatimar apoyos a temáticas emergentes y decidir no acompañar casos de emergencias hídricas o incendios forestales.
El plato que resulta de combinar estos ingredientes es una agenda ambiental nacional vacía. Eso nos obliga a que, en lugar de avanzar en consignas comunes y programáticas de desarrollo sostenible, nos aboquemos principalmente a defender con uñas y dientes las conquistas conseguidas con esfuerzo durante décadas y que pueden extinguirse de un plumazo. Como lo propuso la ley bases y ahora las leyes específicas recargadas.
Contra "los ecologistas embanderados en un falso lema noble", Milei celebró la Ley de Glaciares
Ese vaciamiento de agenda también genera una merma de interacción gobiernos-sociedad civil, que es clave para impulsar iniciativas territoriales, porque en las gestiones diarias no hay interlocutores autorizados para comprometer acciones públicas y ello desalienta el diálogo con los organismos, que están atados de pies y manos.
Áreas protegidas nacionales
Un ejemplo en números sobre una temática particular, que muestra a las claras el parate que implica el decálogo presentado.
Hace algo más de dos años publicamos en este medio que la creación de áreas protegidas nacionales puede aportar un indicador federal del interés de los gobiernos nacionales en la conservación de la biodiversidad.
El listado de áreas protegidas nacionales asociado al carrusel de gobiernos elegidos y dictaduras muestra a las claras que siempre validamos la creación de áreas protegidas.

Veamos la sucesión de presidentes y el número de áreas creadas en sus gestiones: Agustín P. Justo (7), Roberto Ortíz (1), Juan D. Perón (4), Arturo Frondizi (1), Arturo Illia (1), Juan C. Onganía (1), Alejandro Lanusse (1), Juan D. Perón (1), Jorge R. Videla (3), Carlos S. Menem (8), Fernando De la Rúa (1), Eduardo Duhalde (2), Néstor Kirchner (2), Cristina Fernández (9), Mauricio Macri (7) y Alberto Fernández (6). Y Milei (0).
Ni los periodos más oscuros de nuestra historia se animaron a tanto. Luego de 27 meses de gestión del actual gobierno, el panorama actual confirma nuestro pronóstico. Cero.
Sin dudas hay procesos de creación que fueron iniciados en periodos anteriores a la sanción de leyes y/o decretos. Y que la voluntad política de sus sucesores contribuyó a concluir las gestiones iniciadas.
En el caso del peor gobierno de la historia, ni eso. De hecho, áreas creadas en gobiernos anteriores no tienen apertura programática ni estructura oficial. Un mero trámite que impulsaría mayor conservación, turismo y economía en lugares recónditos. Cero.
Estos recortes de la realidad no son arbitrarios. Lo serían si hubiera iniciativas nacionales novedosas, originales, renovadoras, potentes, federales y superadoras y yo no las estuviera reconociendo. Pero no las hay. Cero.
El presidente de la Nación en distintos foros se ha expresado en contra del ambientalismo. Con una dialéctica enrevesada y en su habitual tono despectivo, mezclando teorías conspirativas, capitalismo puro y duro, valor estrictamente económico de los recursos naturales y culpando a quienes defienden los bienes comunes que toda la sociedad disfrutamos, incluyéndolo. Evidentemente no son temas que domine. Tampoco sus funcionarios subalternos en cabeza de la mayoría de las reparticiones enfocadas.
Futuro ambiental más incierto
Las decisiones erradas que involucran al ambiente afectan a todo el país mucho más rápido de lo que pensamos, con consecuencias sociales y económicas agudas y muchas veces irreversibles.
Lógicamente, si queremos aspirar a tener una política ambiental, para empezarhabría que hacer justamente lo opuesto al decálogo del comienzo. Asumiendo que no va a ocurrir, intento pensar al menos un quinteto posible.
- Que los agentes de conservación e investigadores nacionales, las fuerzas vivas del Estado enfocadas a temas ambientales, resistan con la pujanza de siempre, soñando un planeta mejor para todos y viendo el bosque más allá de los árboles que nos plantaron para tapar las geografías que nos apasionan y nos sostienen. Más trabajo directo con las provincias y municipios.
- Que todas las provincias, aun en sus limitaciones y ataduras por las asignaciones presupuestarias del tesoro nacional, no se contagiende esa indiferencia y desafíen ese decálogo desolador. Más trabajo directo con las provincias y municipios.
- Que el sector privado impulse ideas creativas que desde el poder central no están apareciendo o que estas cúpulas no dejan que aparezcan. Más trabajo directo con las provincias y municipios.
- Que desde la sociedad civil sigamos exigiendo poner al ambiente en las agendas públicas y no bajemos las banderas de nuestras convicciones ante al paredón de la indiferencia gubernamental nacional, que esperamos sea transitoria.Más trabajo directo con las provincias y municipios.
- Que el artículo 41 de la Constitución Nacional y leyes vinculadas, guíen al Poder Judicial en la ristra de causas que se irán generando por la modificación peligrosa de normas claves para el ambiente de nuestro país.+
Hago votos para que en los últimos 21 meses de gestión se produzca un milagro que alumbre a quienes nos gobiernan; los diagnósticos del colapso ambiental no han sido suficientes. Así, quizás, puedan ser menos peores.
*Escritor y conservacionista