El mundo está atravesando un cambio de estructura desde la unipolaridad norteamericana a la bipolaridad conflictiva con China; lo que abre a su vez perspectivas multipolares considerando a los BRICS y a la Unión Europea. Todo en medio de guerras interestatales y de la demolición por parte de Trump del sistema de Naciones Unidas construido al finalizar la Segunda Guerra Mundial.
En medio de esos cambios, la eclosión de la IA y sus formas de manipulación de masas, conjugando la exclusión social, la ruptura de los tejidos orgánicos y la polarización política en medio de un creciente deterioro institucional, configuran un panorama de crisis cultural a escala global.
En esa situación, la Argentina gobernada por Milei se encuentra en un proceso acelerado de descomposición social. Lejos del diálogo político, habitamos una torre de Babel, entregada a la especulación financiera, la entrega total de los recursos naturales y la sustitución de la política por los energúmenos. En este contexto, las veraces palabras de Monseñor García Cuerva en el Tedeum del 25 de mayo advirtiendo sobre el “desmembramiento social” no solo son un mensaje de alarma sino ante todo una semilla sembrada en la imaginación de quienes no perdimos el sentido profundo que anida en el proyecto argentino inconcluso.
Milei-Cristina, dueto demoledor
La recuperación del sentido de comunidad mediante la concertación política y social- respetando las notas y características de cada parcialidad- es una tarea concreta. Si algo tienen en común el mileísmo y el kirchnerismo es el grito desenfrenado, el monólogo, la indiferencia ante la otredad y el desprecio a una institucionalidad cuyas imperfecciones sólo pueden ser resueltas con nuevos y amplios cauces de participación popular, deliberación honesta y concertación política y social.
Estas consideraciones ponen a prueba la tensión entre lo inmediato y lo mediato. En el mediano y largo plazo, las diferencias sobre lo que la Argentina puede y debe ser son necesarias e inevitables. En el corto plazo, las coincidencias acerca de lo que no debe ser – clama al cielo el nivel de deterioro psíquico al que estamos llegando- ponen en las puertas de lo que queda de la clase política la tarea de reunirse.
Mileismo y kirchnerismo, cabeza a cabeza en las redes: las alianzas serán clave
¿Cómo? A través de una suerte de Pacto de Salvación Nacional que se traduzca en un acuerdo programático mínimo de normalización institucional- incluyendo una reforma al poder judicial- y de normalización política, imponiendo la racionalidad política y la virtud del patriotismo por encima del desquicio vendepatria de Milei y de la acción de Cristina Fernández, una Cibeles castradora y destructiva de sus propios hijos.
Porque, en efecto, así como Milei sucedió al tándem Fernández- Fernández, cabe remarcarse que Cristina tiene poder para destruir lo que queda del peronismo, pero no tiene poder para conducirlo y ganarle al demonio de Tasmania anarco liberal. Es más, una elección interna en el ámbito del PJ (o ex PJ, poco importa) no dejaría sino heridas y extorsiones (“¡Cristina libre!”, exigen en público los que le soltaron la mano a Boudou, De Vido, Milani y Milagro Sala, por nombrar a algunos de los suyos). Esa destrucción la capitalizarían Milei, Trump, Peter Thiel y demás profetas de la “ilustración oscura” en la que se hunde la Argentina.
La única posibilidad visible para la Argentina de hoy es la conformación de un amplio frente multisectorial y multipartidario lo más amplio posible- gobernadores, sindicatos, empresarios e Iglesia adentro- articulando un programa mínimo de restauración institucional, política y social. Un verdadero frente y amplia coalición para derrotar al tándem Milei- Cristina, dueto demoledor enfrentado en la superficie, conectado en la conducta profunda.
Sólo así comenzará a despejarse el panorama y Argentina retornará a la senda de la concertación y la pacificación de los espíritus, para afrontar con inteligencia y normalidad institucional los grandes desafíos de un mundo en transición.